sábado, 31 de diciembre de 2011

Chau 2011

Cobrale al 2012 todas las risas y sonrisas que el 2011 te debe.

Grito ahogado


Ya está. Hoy es de noche, hoy me cansé y hoy decido callarme. Hablé, primero despacio, con miedo, y cada respuesta que recibía me sacaba un poco las ganas de hablar. Después vinieron esas ganas irrefrenables de gritar y de decir sin pensar, de escupir lo que ya no quería contener. Y lo escupí sin medir, olvidando cada palabra una que vez que salía de mi boca. Grité tan fuerte que ya ni yo me escuchaba. Entonces esperé una respuesta, una que sólo una vez llegó con duda y temor, que decía no, pero por dentro yo escuchaba un sí. Y el silencio invadió mis labios, se movían pero no producían sonido. Quería volver a hablar, gritar, escupir, mentir, pero ya no había voz. El hablar y gritar sin que nadie escuchara me había dejado muda.
El día menos pensado volvió, ronca y reacia. Los sonidos eran graves y apenas podían oírse. ¿Nuevamente presa de mis palabras? Dicho y hecho. Y volví a gritar, pero esta vez recordando casa una de ellas, dejándome llevar pero  sabiendo que caminaba sobre una cuerda… y peor: sabía que se iba a cortar. Casi que yo quería que se cortara rápido, lo tomaba como una suerte de obligación. Y ¡adivinen! Se cortó. Y hoy decidí que como la cuerda también se cortó mi voz.

Y hoy que decido callarme decido también por fin dejar de condicionarme. Yo digo y callo lo que quiero y, al que no le guste, que no lea. O que lea y cierre, me da igual.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Para tener en cuenta

Siguiendo en la línea de "no olvidar" les dejo esta... maravilla. ¡No nos olvidemos de esto!


Ya sé qué voy a servir para tomar en la fiesta del 31...

Vas a dejar de olvidarte


¿Cuál es el problema de olvidar? Si olvidás se va ese problema que existe, justamente porque no lo recordás. Esa es la clave, VOS no lo recordás, pero el otro sí. Y es más difícil todavía porque no sólo tiene que cargar con lo que recuerda sino también con que vos lo hayas olvidado.
¿Ejemplos? Sobran. De ficción te puedo nombrar a la película Como si fuera la primera vez. Ella llora cuando sabe lo que le pasa, pero al otro día se olvida; en cambio su familia no sólo la tiene que remar día a día sino que tiene que ver eso que a ella le pasa.
Juro que es así. Esa sensación de que no podés hacer nada. Ver a tu viejo sentado en el auto y cada 1 minuto repetir “No me acuerdo cómo llegué al auto. No te preocupes, estoy bien, no es nada.”, seguir diciendo su documento, su nombre, el nombre de sus viejos, mi nombre, el de mi hermana, el de mi vieja. Y volver a empezar un minuto después.
Y que años después yo me acuerde de ese viaje en auto y él no, que él se acuerde de todo menos de esos dos días que estuvo en el hospital es como un cartel que te dice “cuidate y cuidalo, no seas pelotuda”
Olvidarse es terrible, sí.. Pero el que  se acuerda, ese la pasa peor.
Seamos un toque más conscientes. Cuidate más y dejá de pedir olvidarte de las cosas, ¿querés?

Geek mode On

Si me dejan insistir, les digo: ¡jueguen a este juego, carajo!



Y después jueguen el dos, que tiene además un modo coop muy copado. (SPOILER. Si no jugaste el Portal no mires el trailer del Portal 2)


sábado, 24 de diciembre de 2011

Festejá

No era cierto - No te va gustar

Volvé a tu casa cuando quieras,
siempre te esperan a cenar,
buscando hacer pasar el tiempo.
Extraño el tono de su voz. 
Creí que estaba solo y no era cierto
en este desierto sin velocidad.
No te preocupes, no vuelvo hasta mañana
a donde siempre me tengo que encontrar.
No queda otra que tirarnos en el pasto
sin que nadie nos moleste,
no me quiero despertar.
Pensé que estaba solo y no era cierto
si tengo con quien quedarme a festejar.
A cada uno le debe tener que tocar
como una etapa de arrepentimiento,
a cada uno le debe tener que tocar
¿por qué te matan en tan poco tiempo?
Volvé a tu casa cuando quieras,
siempre te esperan a cenar,
buscando hacer pasar el tiempo.
Extraño el tono de su voz.
Creí que estaba solo y no era cierto
si tengo con quien quedarme a festejar.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Tópico: Facebook


Uno de los temas más calientes del año (diría si esto fuera uno de esos programas de chimentos de la tarde, sólo que de Internet) es sin duda Facebook. Tengo que admitir, chicos, que no entiendo el protocolo de Facebook. Habría que hacer una suerte de manual, sobre cómo usar y entender esta red social. Y ya que estamos con confesiones… a mí “el face” me da miedo.
Yo no sé bien si soy yo que soy diferente, y no hablo sólo por ser una invensión, pero creo que esta nueva tendencia saca lo peor de las personas. Todo ese ácido que tienen (y del que estoy orgullosa, ojo) lo sacan ahí y sólo ahí. Ya no se trata de hablar con tu vecina sobre lo que hizo o no la del cuarto piso con el del séptimo. No, ahora es publicar algo en el “muro” de tu amiga que nadie o todos entiendan y que sea para insultar o dar envidia a alguien más. ¿Dar pena también? Mmm… creo que el uso de dar pena vale sólo para la identificación.
El famoso uso de “marcar territorio” es algo bastante común según veo en algunos estados. Sobre éste pequeño uso podríamos hablar toda la vida, pero… creo que caigo en la obviedad. Nuevas novias, nuevos novios. Fotos por doquier. Sólo para que se sepa. ¿Grupos y frases? Mil y una, claro. Indirectas también hay miles. Sin embargo muy, y quiero enfatizar ese “muy”, pocas personas se animan HOY a acercarse a alguien en vivo y en directo para decirle “me gustás”. Facebook supongo que ayudó mucho al levante cibernético, si es que eso existe. Sobre eso podría repetir una frase que escuché en Perros de la Calle “Foto de perfil - Foto del documento = más o menos la realidad”. Sí chicos, creo que lo descubrí, Facebook es una suerte de gran propaganda de uno mismo. Te ahorrás varias citas y tiempo en buscar los gustos de las personas, ves las fotos para ver si es dable o no, ves los novios, ex novios u estados para ver si te va la personalidad y listo. Sólo queda darle. Ahora creo que por ahí se entendió un poco más lo de “saca lo peor de las personas”.
Hay dos cosas más que me inquietan y que quiero remarcar, sobre Facebook y las personas que habitan ese mundo…curioso (diría paralelo pero no quiero ensuciar al Paralell World): Uno supuestamente elige a quién tiene agregado en Facebook. Para aquel que conoce Facebook desde adentro sabe que esto es pura fruta. Te enterás de todo de todos, los tengas o no. Y no me refiero a que uno voluntariamente entre al perfil de alguien para ver algo. No, chicos, aunque se sabe que stalkers hay en todos lados. Me refiero a saber estados, ver fotos, ver comentarios, páginas, frases, videos y TODO sólo porque alguien que tenés vos agregado (un 80% de probabilidades de que sea por compromiso) puso “me gusta”. Bueno, ¿saben qué? NO ME GUSTA.
La otra cosa que me interesa notar es que Facebook es otro mundo, chicos. Alguien me dijo algo como “Facebook no es el mundo real” y ¡pucha que tiene razón! Es como una mafia que quiere cooptar a gente que tiene la suerte de estar afuera: empiezan por “hacete un Facebook” y terminan en “te hago un Facebook”. Lo real es que esta propaganda personal se está masificando mientras que el mundo, especialmente mi mundo, se achica.

martes, 13 de diciembre de 2011

No te olvides que...

las frases “todo vuelve” u otras por el estilo son pura fruta, sólo son de despechados que quieren consuelo.
ya no tenés que salir tipo gato para que te den, llamá al da para darse. 
si la cocina no es lo tuyo, existe el delivery o cocina de dedo, como dirían algunos. 
ponerte “en una relación” en Facebook es lo más pelotudo que podés hacer. 
no importa cuánto te niegues, vas a ser histérica igual. (Y lo peor es que te va a gustar). 
no importa ni quién ni cuántas veces te digan lo que no tenés que hacer porque te vas a equivocar. Te vas a equivocar igual. 
si vas a gastar plata en ropa o, peor, en zapatos, pensá que por eso o un poco más te comprás un buen juego. (Ah, ¿cómo? ¿No era así?).
“Do or do not. There is no try”. (Geek mode on)

Nunca te olvides

de reír.
de decir siempre lo que sentís. No te quedes con palabras atragantadas en la garganta.
de estar en el momento en que sientas que tenés que estar, sin importar nada más.
de aprovechar cada segundo.
de pedir perdón, sólo si así lo sentís.
de jugártela.
de recordar siempre con una sonrisa.
de ser exactamente quien vos querés ser, no quien quieren que seas.
que no estás solo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

La hora de la nostalgia

Quiero risas y sonrisas.



Quiero volver.
(Y por ahí ser maestra jardinera..)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Redes sociales

Facebook y la puta madre que te re mil parió. Ojalá te hagan mierda rápido, si es posible antes de navidad. Un besito para vos, Zuckerberg.

Crisis es poco


¿Viste cuando estás en un terrible quilombo y hacés todo para escondértelo? Ok. Yo estoy en el medio de una crisis, bien en el centro. Y es una jodida, de esas que son casi sin solución, de esas que buscás escaparte con algo que te distraiga pero que cuando te acordás te agarra tremendo bajón, como para un helado a lo minita. Estoy parada en un punto con mil cosas que me rodean. Todas diferentes, pero todas casi efímeras. Cada paso que doy, porque lo doy, es como si no existiera. O sí, porque me cuesta un huevo pero sé que a la larga no sirve para nada. No entiendo si estoy haciendo esfuerzo (cada vez menos, debo admitir) al pedo o me estoy resignando muy fácil y lo que viene mucho después es lo que cuenta. ¿Y si estoy perdiendo el tiempo? Ese que a mí, como ya sabés, me asusta bastante. ¿Y si en realidad yo ya me estoy dando cuenta de que estos pasos largos pero vagos no me sirven, no me llenan, no me convencen, no debería cambiar? Me acordé de un capítulo de The new adventures of Old Christine en el que ella decide decirle sí a la vida. Ponele que quiero seguir su filosofía (con ciertos límites para no irme al carajo), yo me pregunto..¿a qué le digo sí? Y ahí está el problema. No tengo nada a lo que decirle que sí. Es por eso que me quedo en este camino en blanco y negro, porque aunque sé que es en vano es el camino seguro, al que desde donde estoy parada le veo el fin.


Nada que ver pero ¿qué onda que Warner pasa la película doblada a la noche y subtitulada a la madrugada? ¿Tengo que tener insomnio para ver películas, la puta que te parió? Y, cayendo en el chiste fácil: no, no me la voy a comer doblada. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Recomendados

Miércoles y domingos, tipo 23 hs, mirá esto que no puede ser real: www.paralellworld.com.ar/ Incluye secciones como Carita de billete, Emotiboom, Te entrevisto si te gusta, Enduchame la bañera, y más. Risas aseguradas.

Te dejo tres blogs que son geniales, pero de verdad: 
lo que ellas quieren (También gran twittero)

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un poco de cielo

Yo y mis obsesiones. Tengo más de una, aunque a veces no parezca. Una de ellas, el cielo.





(Todas sacadas desde mi ventana, una de las razones por las que no podría vivir en una casa. ¿Otra? Los bichos)

Pero ¡qué linda obsesión!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Novela


Pasás imaginando situaciones todo el tiempo. Situaciones que sabés no van a pasar, pero las imaginás igual. Pensás tus reacciones, pensás y combinás lo que sentís con lo que creés vas a sentir en el momento. Jugás a imaginar las reacciones del otro. Todo mentira. Todo flasheo. Nunca pero nunca va a pasar. No vas a reaccionar así, probablemente la situación te supere y te tome por sopresa. No importa cuánto lo esperes siempre te sorprende, y, lo que es peor, te congela. No podés pensar, no podés mirar. Tenés lo que querés, lo que imaginaste o lo que nunca imaginaste, ahí a sólo un paso, y preferís dar la vuelta, pensando, imaginando esta vez que es todo mentira.
Esas situaciones de novela, ese pensar que estás adentro de un libro y que vas a decir y hacer lo correcto, lo más coherente es otro flasheo. Lo más ridículo viene después. Porque en el momento estás tan confundida que ni siquiera podés pensar en lo que hacés. Y cuando llega el “después” te arrepentís. Y como en círculo vicioso volvés a pensar qué tendrías que haber hecho, qué tendrías que haber dicho, qué harías y qué harías si volvería a pasar. ¿Nunca te dijeron que hay cosas que pasan sólo una vez? A veces hay sólo una oportunidad para reaccionar. Lo que vos no entendés es que sí reaccionaste como pudiste, como ibas a reaccionar, y lo que es peor, como volverías a reaccionar. Porque si la situación volviese a pasar vos volverías a hacer lo mismo, y no sólo porque eso te congela, sino sólo porque conocés las consecuencias de esa reacción y no las de otra. La decisión ya la tomaste. ¿Querés probarte? Probá. Quizás me equivoque, y quizás haya cosas que cambien.
De lo que estoy segura es de que un poco de locura no le viene mal a nadie. Todos necesitamos un poco de vez en cuando.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Al vacío


En este rejunte de cosas raras que están pasando creo que lo que más me sirvió fue una charla cuasi minita:
P: ¿Por qué no podés admitir bien lo que te pasa?
M: Porque si lo admito estoy en peligro.
P: No, pero si te pasa ya estás en peligro, lo admitas o no. Y además, creo que lo que te pasa es algo que tenés que disfrutar. Nadie te dice que no te des la cabeza contra el piso, pero yo que vos salto al vacío. Tratá de caer bien, pero no te frenes.

Y qué curioso que, más tarde, me vuelva mi propio consejo :
P: Estoy por hacer una locura, ¿decís que la haga? No, ¿no?
M: Saltá al vacío.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sueño de Vida II

(Primera parte acá)

-Lira, vamos a empezar. – La secretaria, ahora vestida con un ambo médico, entró al cuarto en el que se encontraba el paciente y se sentó en la silla frente a la máquina. El doctor recogió el papel que había caído al lado del paciente, y lo leyó en voz alta.

Entraste al restaurante sencilla, con tus pelos al viento y tu mirada perdida que me buscaba entre la gente. Me viste y te sentaste, sonriendo como nunca y como siempre. No te esperé más de cinco minutos hasta que llegaste, y no esperé más de cinco minutos a que la conversación te tenga como protagonista. Y hablamos una hora, o quince minutos, sin importar realmente lo que dijimos. Nos fuimos caminando de la mano, y yo cuidándote en exceso. Antes de llegar a casa tuviste una de esas locuras tuyas.. Frenaste sin avisarme, y me preocupé como un loco paranoico. Me miraste, sonreíste y me besaste. “¡Qué tonta!” te dije y acariciando tu panza sonreí. No necesito más si los tengo conmigo. Estén conmigo por favor. Para siempre conmigo. Conmigo. Conmigo.

Al terminar de leer dejó el escrito sobre la máquina. Miró con preocupación a su colega que parecía compartir su sentimiento.
- Hay…un bebé en el medio.
- Sí, lo sé. Será el primero pero no el último.
- ¿Cómo piensa mostrar una realidad donde el chico no se vea afectado? Si el futuro que queremos mostrar va a separarlos y enfrentarlos, el chico…bueno…su vida… - La enfermera estaba claramente contrariada. El médico, por el contrario, caminaba en la habitación pensando una solución. No era la vida del chico lo que lo complicaba, sino que era conexión existiera. Una conexión así es realmente difícil de romper. Tras unos momentos habló:
- El tiempo corre, empezá con lo que escribió él. Y después vamos a trabajar, pero ya no con el futuro, con el pasado. Vamos a distorcionar lo que ve de manera que no sea así. Ampliaremos y exacerbaremos cuanto podamos lo negativo. De esa manera, el niño no va a estar presente.
La rubia procedió según las órdenes, aunque cualquiera hubiese podido notar que no estaba convencida.

El proceso tomó unas horas y cuando todo parecía funcionar como debía algo pasó. La enfermera observaba la máquina confundida, frunció el ceño y cuando descubrió lo que ocurría soltó un pequeño grito ahogado. El doctor, quien controlaba al paciente en ese momento, la miró sorprendido.
- Doctor, ella.. – apenas podía hablar, su voz temblaba – No entiendo cómo pasó, yo no.. Quizás la máquina…Yo nunca hubiese... – la mirada del canoso era cada vez más severa – Ella murió, doctor, en el sueño.
El silencio se apoderó del cuarto. El doctor miraba fijamente al paciente buscando entender.
- ¿Funcionó? Quizás el proceso fue tan severo que… ¿El odio la mató? – preguntó desconcertada bajo sus anteojos.
- No, eso… eso es imposible. – él tomó nuevamente el papel y lo releyó dos veces. Y entonces miró fijo a Lira. Se paró bruscamente al grito de “¡maldita sea!” y salió de la habitación. Pasaron diez minutos, en los que la enfermera no había hecho más que llorar, hasta que regresó.
- Ella murió – pronunció con el más frío tono de voz. – Ella está muerta, y no en el sueño.
Golpeó la pared con su puño tan fuerte que la muchacha se sobresaltó. Quería hablar, quería decir más pero no podía.
- ¿Qué hacemos?
- Desconectalo.
- ¿Qué? Doctor, no podemos; va a morir.
- El dijo que no quería despertar. Él entró muerto. Nosotros sólo cumplimos su deseo.
Con manos temblorosas, Lira desconectó la máquina, y corrió la cápsula. Inocente miró al paciente durante unos segundos esperando que despierte, pero no lo hizo. Nunca lo hizo.

martes, 22 de noviembre de 2011

Mi punto débil


Soy tan débil. Siento que tendría que estar haciendo más para conseguir lo que quiero. O dejarlo ir por completo y olvidarme de todo lo que me hace mal. Siento que soy una estúpida por sentir lo que siento. Hay mil personas a mi alrededor que sirven de ejemplo, y yo acá sigo caminando en la cuerda que sé que se va a cortar, o que ya sé cortó. Y quiero ser esas personas con fuerza. Quiero entender que lo que pasa es nada más que una estupidez. Lo único realmente escalofriante es ser pasajero.
Pienso en ella y se me llena el pecho de orgullo. La persona más risueña y más fuerte que conocí. Una persona muy parecida a mí y que me encantaría llegar a ser. No la veo mucho, pero de las veces que lo hago no hay una vez que no me saque una sonrisa, incluso una carcajada. Se ríe y hace reír. Tiene casi ochenta años y puede hablarte de los wachiturros o joderte con algún chongo. Puedo jurarte que la ves y nunca te darías cuenta lo que sufrió. Perdió a su hijo, y perdió a su marido. Y cuando pienso en ella me doy cuenta de lo estúpida que soy, y de lo que muchos llegamos a ser. Tengo que poder evitar que tantas tonterías (y no tanto) me tiren abajo. Y tengo que aprovechar cada segundo para decir y hacer lo que sienta, ¿por qué? Porque cuando te das cuenta un segundo tarde todo, pero todo, se ve afectado. Y repito, sé que son estupideces, pero si las podemos evitar… ¿no deberíamos hacerlo? Basta de lógica, basta de buscar lo racional. Basta de mentirme/te.

(100 entradas. Nada, eso)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sueño de Vida

- Centro Sueño de Vida, buenos días. Habla Lira.
- Buenos días, Lira, quería pedir un turno para lo antes que puedas.
- Podría ser esta madrugada, a las 3 de la mañana.
- Sí, perfecto, ese. ¿Tengo que llevar algo?
- Sí, cualquier medicación recetada para dormir que esté tomando. Un cuaderno con los últimos tres sueños que recuerde. Y un papel escrito de su puño y letra, donde especifique cuanto más pueda sobre lo que le gustaría soñar. Le recomendamos venir media hora antes de su horario, y, por supuesto cuanto más cansado y relajado pueda asistir, más efectivo será el resultado.
- Buenísimo entonces. Muchas gracias por su atención, Lira.
- Gracias a usted, que tenga un buen día.

Centro Sueño de Vida, clínica experimental.

Llegué a eso de las 2:20, en primer lugar porque la ansiedad me atrapaba, y en segundo lugar, temía que el sueño me venza. Era una sala redonda, con pequeños sillones pegados a las paredes y una suerte de radio en el centro. En uno de los costados estaba la recepcionista. Me acerqué al mostrador, donde una rubia muchacha de unos veintilargos llenaba, de manera increíblemente rápida, algunos formularios.
- Buenas noches – pronuncié al ver que no se había percatado de mi presencia, de igual manera que el resto de los presentes. La muchacha levantó la vista y me miró por encima de sus lentes.
- Mi nombr.. – la rubia me interrumpió antes de que pudiera decir más.
- Sin nombres. Nos manejamos por turnos, apodos, números u alguna característica especial del archivo.
- Vengo por el turno de las 3 de la mañana – debo confesar que me sorprendió su rapidez al hablar, así como su frialdad que contrastaban con su gentil rostro.
- Sus papeles, por favor. No, ese quédeselo – dijo señalando un pequeño trozo en el que había escrito lo que quería soñar – Siéntese por favor, y relea su papel tantas veces como pueda hasta ser llamado. Si lo desea puede utilizar alguno de los auriculares que disponemos para mejorar su relajación. Conéctelo al equipo y seleccione la música deseada.
Obedecí prácticamente al instante, respondiendo sólo con la cabeza. El tono de su voz era suave, pero al escucharla sentí un escalofrío, parecía un disco. Me senté, tomé los auriculares y escuché. Con un poco de miedo leí nuevamente el trozo de papel. Gran ironía era querer soñarlo pero no poder leerlo, las imágenes venían solas a mi mente y los recuerdos florecían como en primavera. Intenté, por vergüenza más que por deber, no dejar caer ni una lágrima. Pasaron unos cuantos minutos y, luego de apagarse la música, esa voz me distrajo:
- Señor, es su turno.

Entré por una puerta a un cuarto más chico lleno de máquinas y cables. En el centro había una camilla, que lejos de ser normal parecía bastante cómoda. Tras unos momentos entró un doctor. Era un tipo de unos cincuenta años, canoso, serio y un poco más alto que yo.
- Tome asiento – me dijo al mismo tiempo en que él se sentaba en una silla de oficina que había detrás de alguna de las máquinas – Bien, en primer lugar déjeme explicarle un poco el procedimiento. Usted se debe acostar en la camilla, y va a leer por última vez lo que leyó los últimos minutos. Luego lo dormiremos, es más efectivo si usted se durmiera naturalmente pero dada la cantidad de pacientes que tenemos no podemos llevarlo a cabo de esa forma. Nosotros nos encargaremos de generar su sueño, tal y como usted lo describió. Al respecto, antes de empezar borre de su papel todos los datos personales o acontecimientos que no sean relevantes a lo que usted quiere ver. Eso facilitará nuestra tarea. El proceso no debería tardar más de cuatro horas, incluso podría tardar menos si se dan las condiciones necesarias para lograr el efecto deseado. – me di cuenta que la costumbre de hablar rápido excedía la recepcionista. Me costó seguirle el ritmo y no interrumpirlo, y cuando estuve seguro de que su discurso había terminado hablé:
- En realidad yo quisiera.. Bueno, para ser sincero... No quiero despertar – sentencié.
El doctor me miro perplejo.
- Entiendo que para usted sea una sorpresa, pero mi idea es más que un sueño. Yo necesito que el efecto, o el proceso dure indefinidamente. Yo necesito mi vida de nuevo, la necesito de nuevo. 
- No es el primero y supongo que no será el último en reclamar su vida. Y se la daremos, se lo aseguro. – Tendió su mano para estrecharla con la mía, y lo hizo tan fuerte que no me inspiró nada de confianza. Sin poder contenerme pronuncié:
- Me gustaría explicarle el motivo de est.. – nuevamente no pude terminar mi frase. Las costumbres del lugar no me convencían del todo, pero era mi última oportunidad.
- No, recuerde que no nos sirve nada personal para este experimento. – La última palabra captó toda mi atención. Si bien sabía en dónde me había metido, escuchar la palabra “experimento” de su boca me inquietó un poco. Por fin era literalmente una rata de laboratorio.
Me recosté en la camilla y confirmé mis sospechas, ya sea por el experimento o no, era de verdad inexplicablemente cómoda. El doctor, parado al lado de la camilla, conectó unos cables a la máquina y acercó una suerte de cápsula a mi cabeza.
- Lea lo que escribió, intente imaginar tanta cantidad de detalles como le sea posible, y cuando termine cierre los ojos inmediatamente.
Tragué asustado, respiré profundo y leí otra vez el maldito papel. Cerré los ojos y, sin poder evitarlo dos veces, una lágrima cayó mojando la cama. 

(Continúa acá)   

jueves, 17 de noviembre de 2011

Al carajo


Me quiero ir. Me quiero ir. Me quiero ir. Ya. ¿No entendés? No quiero estar acá. No quiero tener la tentación de leer y/o hacer cosas. No quiero caer en la tentación sabiendo cómo termina todo. No quiero estudiar. No quiero hacer parciales ni dar finales. No quiero ver fotos. Quiero irme. Lejos. Quiero volver a la playa. Quiero volver a Añatuya. Quiero ver otras cosas. Quiero saber otras cosas. Quiero reírme. Quiero estar tirada al sol hasta quemarme toda y que mis amigas se rían. Quiero decir “Sí, cambié”, y quiero decir “sigo siendo yo”. Quiero fuerza de voluntad. Quiero un desinterés que me motive. Harta. Podrida. Cansada. ¿De qué? De querer tanto y no poder. De querer hacer tantas cosas y saber que no puedo hacer ninguna. No puedo. Y no quiero, pero sí quiero.
Quiero gritar. Quiero salir a caminar a sin llegar adonde sé que no tengo que ir. Quiero poder ir y no querer. No quiero querer y no poder. Quiero escuchar verdades, pero completas, sin filtro. Quiero cerrar. Quiero irme al carajo.

¿Raye minita? Yo diría raye existencial.

"When the days they seem to fall through you, well just let them go" - The universal - Blur

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Protagonista

Hace algún tiempo ya que, cuando estás sola, te preguntás qué te pasa. No es por ponerte filosófica, es simplemente que no entendés. Te preocupás por saber por qué de un día para el otro todo se volvió tan complicado. Ya era simple, ya era algo que estaba arreglado. Bueno, claramente no fue así. Y ahora si me permitís yo te pregunto: ¿hace cuánto no te reís? Pero fuerte. Que se escuche, que se sienta. De esas carcajadas que no podés callar, que contagian aunque no sepas el motivo; esas que a veces tenés que mirar el piso para que se terminen. Esas que llegan hasta las lágrimas (en mi caso, demasiado fácil). Y me atrevo un poco más y, en este caso, te pregunto: ¿qué hacés ahí sentada, pensando estupideces (o no tanto) cuando podés ir y reírte con todas tus fuerzas? Te pasas la vida quejándote porque querés ser feliz. Te digo una cosa: andá y sé feliz. Mientras que estés ahí, dejando que todo pase, nada va a pasar. Pensá en ese momento en que pensaste “no puedo ser más feliz”, “esto realmente me hace bien” y andá y buscalo. ¿Te hace feliz bailar descontroladamente? Subí la música y hacelo. Pero hacelo ahora.
Una vez alguien, no sé quién, me dijo algo como “No trates de entender lo que va más allá de vos”. Debo confesar que en el momento sentí casi como si fuera la corrección de un parcial, o como si mi profesora de secundario me gritara algo como "eso es impertinente". Pero ahora, cuanto más lo pienso, menos estoy de acuerdo con esa frase. (Ojo, respeto mucho la diversidad de opiniones, y está perfecto que no piensen como yo) Pienso que si todos siguiésemos esa regla no habría avance alguno, nadie se la jugaría en serio por algo que quiere/piensa porque “va más allá de uno”. No digo que porque yo quiera o piense algo realmente lo logre, para nada, pero con intentarlo no pierdo nada. Y de hecho, gano el no preguntarme después “¿qué hubiera pasado si…?” y por experiencia propia puedo decirles que quedarse con esa pregunta en la cabeza es horrible. Por eso te digo, si querés algo, andá y buscalo. Nadie lo va a hacer por vos, y hay cosas que si no las peleás no las ganás.

"Una sola vida tenés, ¿por qué esperar sentado? Si la muerte llega una vez, ¿para qué estar preparado? Que el destino está escrito, eso es mentira también. Te mantienen apagado" - Volar - NTVG

(Sisi, ya sé, siempre con la misma idea, y siempre ignorando mis propios consejos)

martes, 15 de noviembre de 2011

Terraza


En un tonto (tan tonto) intento de leer mucho (NO lo logré) sin distraerme (Pasé los últimos días viendo todos los videos del nuevo amor de mi vida. El único problema es el idioma) decidí que mi lugar era la terraza. Durante la mayoría del tiempo vacía, da el sol, reina el silencio y corre mucho viento. Ideal. ¿Cómo empecé? Yendo a sacar fotos. Tranqui. Todo bien. Y dije..¿por qué no? Veinte años sin usarla. Es el momento. Y desde hace dos o tres días que subo a la tarde a leer, tranquila. Hoy no tan tranquila. Digamos que quise “matar dos pájaros de un tiro” (¡qué feo! Hay que usar otro. Inventar uno nuevo) y, ya que estaba en la terraza leyendo, ¿por qué no tomar sol? Para el que me conoce especialmente esto tiene sentido, no porque sea una fanática de lo que mi papá suele llamar “la bola amarilla” (aunque reconozco que me está cayendo un poco mejor), sino para dejar de confundirme con la pared. Simple. ¿Blanca? Sí, muy, casi te diría transparente. Una mierda, creeme. Ni piropo hay para las blancas (y con “piropo” no me refiero a un piropo precisamente). Subí a la tarde a leer, bajé una hora y media después… ¿Qué decirte? No estoy como otras veces, roja casi incendiada, pero sí te digo que me duele todo, y que además sirvió para darme cuenta de que soy casi un personaje. Un ojo notablemente más grande que el otro, nariz de payaso (ahora peor porque está roja), totalmente blanca, con el pelo..onda Hermione en la primera película (pero mucho peor), y muy petiza. Ya sé que no les importa, pero quería contarles mi descubrimiento. Y si alguien quiere inspirar un personaje en mí no me ofendo, pero avisen.
Ah, ¿les dije que no tenía protector solar? No hace falta que lo digan, ya lo sé.
(Reírse de los defectos vale ¿no?)

Hoy, no estoy tan de acuerdo con lo que dijo Gloria en “El hombre de tu vida”: “sótano no, sótano no, terraza, terraza” Sí ¡pero con protector, la puta madre!

Excusas


Levante la mano el que esté cansando de las excusas. Ah, somos muchos por lo que veo. Bien. ¿Por qué mierda nos escondemos atrás de las excusas? Son como escudos, ¿viste? Podría también mencionar que son siempre las mismas, o por lo menos hay algunas que son “populares” por así decirlo. Clásica, pero lejos: “me colgué”. No sé, a mí me parece que si vas a poner una excusa poneme una mejor. Me siento más humillada porque usás el “me colgué” que porque me ponés una excusa. Triste, muy triste.
Ahora en serio, ¿por qué las usamos? ¿Será por la ya famosa falta de huevos? ¿Realmente tenés que usar una? Me cansan tanto que llega un momento en que prefiero un “no tenía ganas” a un “me colgué”. Y creo que es casi peor cuando la excusa no es por no hacer, sino por hacer. Me refiero a buscarle una razón para hacer algo, por ejemplo: “¿Lo llamo? ¿Y con qué excusa?”. PE-LO-TU-DA. Si necesitás una excusa sos una pelotuda; ahora bien, si necesitás una porque hay alguna razón externa que te lo impide seguís siendo una pelotuda, pero por querer llamarlo.
Hacete cargo. Si querés hablar con una persona, hablá, sin excusas, sé sincera/o por una puta vez. Y si sabés que no lleva a nada dejate de pelotudez y cortá por lo sano, pero SIN EXCUSAS.
Para mí el problema de los pretextos pasa por dos cosas. Por un lado el no querer hacerse responsable, porque si hacés algo que no salió bien decís “no, pero yo lo hice por esto nada más”. MENTIIIIIRA. Vos lo sabés, yo lo sé, al pedo la mentira. Y por el otro lado, si no usás una excusa, te tenés que hacer cargo de lo que te pasa, de que realmente lo hacés porque querés y ¡upa! Cuesta darse cuenta de lo que sentís, eh. ¿No te suena ese famoso dicho de que no te das cuenta de lo que tenés hasta que lo perdés? Y es así, pero ¿por qué? Porque no querés asumir lo que te pasa. Y lo asumís sólo cuando no podés no tenerlo. Una mierda, ¿viste?
Las excusas no son más que una careteada, pero jodida porque a veces hasta te las creés vos, y ahí es cuando la cagás.

“No pensamos en cómo nos destratamos pero después brindamos por el amor” – Con la misma vara – NTVG

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un segundo


Un segundo es lo que pasa entre una cosa y otra. En un segundo se te puede caer el mundo. Y es ese maldito segundo, tan insignificante en su nombre, que así como viene, casi casual, casi porque así debe ser, se va. Pero vos no te fuiste, estás ahí, y para vos no se fue, para vos va a durar toda la vida. Te desarma. Y se repite una y otra vez; queda grabado en tu mente, con imágenes, sensaciones, olores, ruidos. Tu cuerpo reacciona por vos: tus ojos se humedecen y se te seca la garganta. Lo curioso es que nada de eso te importa. No te das cuenta si te rozan, no te das cuenta de nada físico, estás aturdido y no te importa. Lo único que sí sentís es cómo se quiebra tu alma. Te cuesta respirar, y todas las fuerzas que un segundo antes tenías te abandonaron. Sentís tantas cosas, incluso encontradas, querés gritarlas pero ni siquiera podés abrir la boca. Y entonces aparece lo más valioso, y, admitámoslo, lo más doloroso: esos recuerdos que te dan lo mejor de lo que ya no está, pero también hacen arder como nunca esa grieta que ahora tenés. Y no sabés qué es lo mejor, no sabés por qué los segundos siguen corriendo. La incertidumbre te supera, y no te importa. Ya ni siquiera mirás con los ojos, lo único a lo que le prestás atención son a esas imágenes que pasan por tu cabeza, y querés grabar cada una con todos los detalles. Pero el tiempo sigue pasando, y esas imágenes se vuelven borrosas, y los detalles se desvanecen. Y no sabés si era un día de semana o un fin de semana, no sabés si estabas a la derecha o a la izquierda. Incluso llega ese puto día en que no sabés si los recuerdos son recuerdos, o son recuerdos de recuerdos de invenciones.
El momento es hoy. El segundo es ahora (cualquier semejanza con alguna propaganda es pura coincidencia). Los detalles están todos los días. Ese detalle que tiene en su sonrisa, que tiene un hoyuelo en un solo cachete. Ese tic inmanejable de las manos. El darte cuenta de que está ciega y se acerca mucho a la computadora sacándote una sonrisa. El morderse un labio cuando piensa. El sacar un poquito la lengua cuando está concentrado. El bajar la cabeza para evitar una mirada por estar avergonzado. 
Hay tanto en el día a día que vale la pena ser visto... No busqués más en lo que no podés tener. Buscá en lo que tenés y recordá con una gran sonrisa lo que pasó.



"younger now than we were before" - Never say never - The Fray

martes, 8 de noviembre de 2011

Desvelar

Eran las dos de la mañana. Un poco más, un poco menos. Otra vez el insomnio me atacaba. Sin pensar mucho lo que hacía, aunque en realidad hacía meses ya que no pensaba, me acerqué a la ventana. El silencio del día de semana fue casi escalofriante. La ciudad dormía, quizás acompañada. Inspiré profundamente hasta llenarme con el aroma a rocío que entraba. Nada más reconfortante a esta hora. Nada más vivo. Vi la luna, blanca, brillante y rodeada por una neblina que le daba el toque místico que faltaba. Deseé, un poco egoísta, que las luces de las calles y las casas se apagaran para que sólo la luna y las estrellas iluminaran el cielo. Cuando mi lucidez volvió, y logré salir de ese estado de sopor, pensé qué hacer. Algo causaba este maldito insomnio y claramente tenía que poder solucionarlo. O buscarme un trabajo nocturno que permitiera, por lo menos, hacer un uso productivo de mi tiempo.
Me alejé de la ventana y comencé casi sin darme cuenta a caminar (como una loca) por el departamento mientras pensaba. Llegué al espejo y con un poco de espanto me vi. Imagen patética si las hay. Mi pelo enmarañado era sin duda la estrella. Quien no me conociera podría pensar que minutos antes fui atacada por algún oso, o que me había quedado sin Internet. Mis ojos, de no haber sido por el maquillaje corrido y por las grandes ojeras a las que ya me había acostumbrado, podrían haber sido los de una actriz apunto de casarse. Mi nariz…bueno, ya no tenía arreglo, y por más que lo tuviera no iba a gastar tanto en una operación. Mi fantástico pijama, una gran remera que llegaba hasta mis piernas, pronunciaba aún más mi pequeña estatura. “Mm…sexy” fue todo lo que pude pensar y una sonrisa se dibujo en el reflejo que me miraba. Dejando el humor a un lado, miré bien. Me concentré en los ojos. Esos ojos cansados que rogaban cerrarse. Yo los conocía mejor que nadie, y había algo en ellos fuera de lo común, o, mejor dicho, había algo que faltaba. Ya no brillaban. No devolvían la mirada, estaban vacíos. Intenté con fuerza perforarlos intencionalmente, pero nada ocurría. No tenían expresión. Me di cuenta entonces, a los golpes, que no era mi mirada la que buscaba encontrar ahí. Y era lo único que había. ¿Por qué me empeñaba en buscar otra cosa? Lo único en lo que tenía que ocupar mi tiempo era en devolver a mis ojos mi mirada. No pensar sólo en lo que quiero tener, sino en lo que puedo tener. Si no puedo tener lo que quiero me paralizo y llego al final del camino. Frente a mí sólo hay una pared y es eso lo que veo en mis ojos, una pared blanca que frena mis pasos. Tengo que dar la vuelta y cerrar ese camino. Mirar la luna, mirar el sol, que ardan mis ojos si hace falta, pero que vuelvan a brillar.
Dejé mis pensamientos vagar un rato más, hasta que volví a la pieza. Sin hacer ruido para no despertarlo, me metí en la cama y cerré los ojos. Habrán sido las cuatro de la mañana, y no sé si fue por las divagaciones o por resolver problemas pero finalmente me dormí.

(De nuevo, perdón por la falta de foco)

jueves, 3 de noviembre de 2011

No soporto


- la gente homofóbica. Me caen realmente mal. Y mirá que soy una persona que trata de entender la posición de los demás, eh. Pero no hay forma, no lo entiendo ni lo voy a entender. Para mí (y si suena cursi, ya saben, me chupa un huevo) es gente que no cree en el amor, o por lo menos no lo termina de entender.

- ir por la calle caminando atrás de gente que va poderosamente despacio. Y no es porque vaya apurada, eh. Es simplemente irritante.

- la gente que se para EN EL MEDIO de la calle para mirar alguna vidriera o algo. Es la gente que generalmente me choco. Estúpidos.

- Gran Hermano. ¿Hace falta agregar algo más? Te digo que me divierte más jugar al Munchkin que ver Gran Hermano. (Sí, geek mode on)

- la gente que usa el Blackberry para contar la cotidianeidad de su día. A ver, ¿tenés un teléfono con algo de tecnología y lo usás para contarme si comiste ravioles o si estás aburrido? ¿Posta? Dah.

- hablar antes y después de un parcial. Antes me molesta porque me doy cuenta de que, si es domiciliario, tengo que corregirlo; y si es presencial, de que hay cosas que no sé. No soporto hablar después por el solo hecho de que me doy cuenta cuán mal me fue.

- la gente que no entiende el humor. Así como si me hacés reír (con chistes entre geeks e intelectuales) tenés un 70 adentro, si no tenés buen humor es muy probable que me caigas mal.

Borde



Me siento en el borde. Miro para abajo y no sé si estoy cerca o lejos del suelo. Tampoco sé si es bueno estar cerca o lejos. Estoy tan en el borde que con un movimiento me quedo arriba y con un movimiento me caigo. El problema no es saber dónde estoy, el real problema es que no sé qué quiero. No sé dónde quiero estar. A veces creo que lo mejor es quedarme arriba, pretendiendo que es el único suelo posible, que el de abajo no existe. Pero siempre vuelvo al borde y lo miro preguntándome si no sería mejor estar allá. En el suelo hay dos caminos, pero desde acá arriba veo que ninguno tiene una salida. No quiero que me empujes ni que me traigas a salvo. ¿Para qué? Si la que tiene que tomar decisiones soy yo. Pero soy tan fácil, que con una palabra me convencés.

(Qué ironía, tengo que tomar decisiones y no puedo elegir ni qué foto poner)

"Tengo miedo de mirar hacia abajo y resbalar, o que se corte la cuerda y desde acá caerme" - El equilibrista - NTVG

lunes, 31 de octubre de 2011

Canciones sin música


¿Puedo hablar? Sí, puedo. ¿Quiero? ¿Sirve? Tantas veces dije palabras y tantas otras las callé. Lastimé hablando y lastimé con el silencio. ¿Por qué tanto poder algo tan abstracto? Sonidos que se unen o sonidos que quedan en pensamiento. Tanto poder en tan poco tiempo, ya no existe. Se fue.
Hoy todavía puedo hablar y también callar. Pero ya no sirve. Ya no tiene fuerza, no tiene sentido. No se siente. Hoy sin hechos las palabras son sólo sonidos que duran segundos y después se olvidan. Pueden reordenarse, pueden cambiarse, se puede jugar con ellas.
Hoy en lugar de hablar, me doy vuelta y me voy caminando por otro lugar. Hoy, en lugar de decir, prefiero leer y sentir aquellos sonidos qué sólo estuvieron en pensamientos. Nunca sonaron y nunca sonarán.
Las palabras si no están acompañadas por gestos o miradas, no existen, son tan dibujables… Incluso la sonrisa es fácil de fingir. Pero aquel que gana es el que puede mentir con lágrimas. 

jueves, 27 de octubre de 2011

Hablá, ahora


Ok, llegó otro de esos días en que quiero escribir… no, vomitar todo lo que se me cruza por la cabeza. (Prometo tratar de poner filtro a lo que lo amerite)
Qué difícil es desnudarse. (Seguro pensaste “al carajo”. Bueno, puede ser, pero no) Me refiero a desnudar lo que sentís. Hay tanta mierda dando vueltas que nos condiciona tanto pero tanto que no permite que saquemos o digamos lo que sentimos. Y sí, seguro es un pensamiento muy minita, ¿y sabés qué? Me chupa un huevo.
Es verdad que hay cosas que si las pensás no las hacés, pero yo creo que hay cosas que no decimos por pelotudos. No me refiero a cosas malas, me refiero a cosas que nos pasan. Y no siempre queremos soluciones, no siempre son problemas. Son datos. Son hechos. Lo importante es decirlo, sacarlo, muchas veces sin importar la respuesta del otro. Solo queremos que el otro lo sepa. Pero no lo decimos, repito, por pelotudos. Quizá por miedo a lo que piensen, quizá por miedo a nosotros mismos, pero callamos.
Bah, no siempre callamos, pero son pocas (sobre todo en las minitas) las veces que decimos lo que queremos decir. Somos medio incontrolables, y como sabemos que tenemos que callarnos intentamos decir sin decir, o no decir pero dar a entender. Qué jodidas que somos, la puta madre. El problema de la minita, bah, mi problema minita no es tanto decir sin decir. El problema posta es que la minita lee todo como si fuera dicho por una mina, y nunca lee todo literal. Nunca. No importa si te dijeron “que lindo tenés el pelo” o “me gustás” o algo más importante, siempre buscamos la manera de que lo leemos no sea lo que se dice. Y no te digo que leemos lo que queremos, porque por ahí nos dijeron algo bueno y nosotras lo transformamos en algo malo, y viceversa. Analizamos todo tanto pero tanto, que por ejemplo, alguien nos dijo sólo dos palabras y nosotras hacemos una tesis doctoral sobre eso. Dos palabras, eh. Mínimo tenés media hora de colectivo hablando de esas dos palabras. Y un análisis digno de estudiante de psicología. Y qué irónico es que podamos hacer tal discurso para dos palabras, pero cuando nosotras tenemos que decir dos palabras, no hay forma de que las digamos.
¿Por qué no podés simplemente decir “me gustás”? Nada, eso. ¿Y sabés qué? Estaría bueno empezar a hacerlo, porque como diría NTVG: “disfrutá, tal vez mañana no estés más”.

martes, 25 de octubre de 2011

¿Obsesión o amor?

Puntos de vista


Desperté. No sé a qué hora fue, y quizás nunca lo sepa. El día en que todo se oscureció. Estuve una hora o más sin abrir los ojos, pensando que cuando lo hiciera despertaría definitivamente. La puerta de la sala se abrió y tras unos segundos se cerró.
- ¿Quién es? – mi voz ronca no pudo ocultar el desdén que inundaba mis venas.
- Soy yo, quizás…la única persona que no esperabas escuchar. – No podía ser. Sin embargo estaba segura de que era su voz.
- ¿Qué mierda hacés acá? Quiero que te vayas, ya. – Mi pesadilla ya se estaba volviendo insoportable. Sin previo aviso, una mano agarró la mía.
- Sabés que no me voy a ir, como yo sé que no querés que me vaya. – me ayudó a pararme – Me querías. Acá me tenés. Si me buscás y me encontrás, no me voy a ir nunca más.
- Callate y andate. No te puedo ver. Es lo más difícil que tuve que soportar, no verte. – el dolor de mis ojos aumentaba, ardían mis párpados.
- ¡Qué terca que sos! Me podés ver cuando quieras – Llevó mi mano a su cara. Sentí sus párpados, sus mejillas, sus labios. – Y si con eso no te alcanza para reconocerme, oleme.
Sus labios apenas rozaron mi cuello, dándome la oportunidad de sentir su perfume. Llené mis pulmones tanto como me lo permitieron. Nuevamente agarró mi mano, y esta vez la puso sobre su pecho. Sentí su corazón latir fuerte, como tantas otras veces. Sin que lo pudiera evitar dejé caer una lágrima. La última.
- Hasta tu corazón me reconoció. Salta como loco – pronunció mientras posaba su mano en mi pecho. Y estoy segura de que pude percibir una sonrisa mientras hablaba. Y lo vi, sin mirar. Vi sus ojos, su pelo, su sonrisa, sus lunares; supe que aunque fuese el final no me olvidaría de su rostro.


Final alternativo (y paródico):
Lo abracé como si nunca más lo fuese a soltar.
- No sabés lo importante que es para mí que hayas vuelto, Matías. – Pero entonces me apartó casi sin darme tiempo a reaccionar.
- Yo.. soy Lucas.
“Tragame tierra” fue todo lo que pude pensar.

sábado, 22 de octubre de 2011

Dudas existenciales


Ya fue bastante mencionada en este blog la problemática minita. Implícita, explícita, da igual. Ahora bien, citando a Les Luthiers, yo pregunto y quiero que alguien me responda: ¿por qué la minita no puede ser o hacer lo mismo que un pibe? No me refiero a nada físico, sino a algo más bien social.
Las minas, minitas o no, tenemos que soportar (aunque bien sabemos que alguna que otra vez lo agradecemos) el piropo grosero. Yo no te digo que esté bueno que te griten algo desagradable (no me da ni para ejemplos) pero que cada tanto te tiren un “qué linda que sos” o un “qué lindos ojos que tenés” levanta el autoestima, no lo nieguen.
Yo me pregunto entonces: Cuando las minitas tenemos la suerte de encontrarnos, por ejemplo en el colectivo, a un chico que rankea alto, ¿por qué no podemos decirle “che, qué lindo que sos”? Yo no te digo de tirarle cosas como “qué bueno que estás”, pero tampoco te digo algo como “sos agradable a la vista” o “qué buena genética que tenés”. Nada más que un “qué lindo que sos” (y más de uno lo merece, todas lo sabemos). ¿Cuál es el problema? La gran mayoría pensará “qué puta, qué entregada”, pero yo creo que debe haber un porcentaje muy bajo que lo tome como algo normal.
Después está el tema de la charla. Por ahí vos no querías generar charla, y era sólo un comentario. O por ahí sí querías. ¿Si se da? ¿Si no se da?
¿Por qué para un pibe es tan normal decirlo y para una mina no? Con suerte en unos días les traigo algún que otro testimonio.

viernes, 21 de octubre de 2011

Gata flora


¿Qué está pasando? Parcial, parcial, parcial y parcial. Hasta que finalmente lo terminé (y qué mal presentimiento que tengo…). No pude evitar sentirme increíblemente identificada con los textos. Más allá del tema, ya sea la conquista de México o la vida del pobre Alonso, parece que estaba de moda la dualidad. Una moda intelectual, claro está.
Si me dan a elegir, me quedo con Sor Juana Inés de la Cruz. Una genia de la vida. Una genia de la retórica. Y una mina, no me jodan.
El decir y el no decir. El mostrar que no puedo decir lo que estoy diciendo. El dejar en claro que está mal lo que hago, y hacerlo. El plantear y aceptar que la otra persona tiene razón, pero cuestionarla igual, porque no es lo que ella piensa. El mostrar a alguien vencedor, y mostrar cómo se equivocó. El expresar algo, y dejar bien claro entre líneas que no es lo que piensa.

"Perdonad, Señora mía, la digresión que me arrebató la fuerza de la verdad; y si la he de confesar toda, también es buscar efugios para huir la dificultad de responder, y casi me he determinado a dejarlo al silencio; pero como éste es cosa negativa, aunque explica mucho con el énfasis de no explicar, es necesario ponerle algún breve rótulo para que se entienda lo que se pretende que el silencio diga; y si no, dirá nada el silencio, porque ése es su propio oficio: decir nada" - Sor Juana Inés de la Cruz. (Respuesta a Sor Filotea)

miércoles, 19 de octubre de 2011

(Ir)Responsabilidades


¿Por qué es tan fácil hacer una hipótesis en la vida cotidiana y tan difícil en un parcial domiciliario? ¿Por qué hacer diferentes recortes de algunos discursos es horriblemente fácil y es tan difícil hacerlo sobre la representación del viaje en Infortunios de Alonso Ramírez?

Flashback


Frené. Cuando algo te hace temblar no tenés que dejarlo avanzar. Cuando algo te congela cada músculo del cuerpo, pero te hace temblar al mismo tiempo desde las manos hasta los pies, es peligroso. Cuando algo hace que el corazón te lata tan fuerte que en cada latido te retumba el cuerpo entero, es entonces cuando tenés que atarte las manos y amordazarte, porque cada cosa que hagas puede terminar mal. Ayer no me até las manos, ni me callé, y fue como un gran flashback. Todo de nuevo. Tengo que aprender a no malinterpretar las cosas.
No importan las palabras. No importa ser la persona más importante (o era?), no importa si siempre, siempre fui yo (By the way, qué bueno que está Hayden Christensen). A las palabras se las lleva el viento. Por cierto, viento, pasá rápido por favor.


Derrape femenino


Mientras pensaba “terraza, sótano nunca” hice click directo al sótano. ¿Y viste la dieta, o la rehabilitación de unos 9 o 10 meses? Al carajo. ¿Viste esa ramita? Quedan astillas nomás. Insisto, esto pasa porque soy mina, y la chica artes puede confirmarlo.
Con miedo, sabiendo lo que iba a ver, hice lo que sabía que no era bueno. Y lo hice apropósito, porque sabía que estaba bajando la guardia, y cuanto antes me chocara contra la pared mejor. Como la curita, arrancarla de una. Necesitaba leer algo que me dijera por qué todo está como está pero sin olvidar todo lo que aprendí este tiempo. Espejo, me tengo que acordar del espejo.

Disculpen esta entrada, pero como dije alguna que otra vez, es lo que hay.

martes, 18 de octubre de 2011

Recomendado


Se despierta el día y salto del sillón,
mi corazón prende la radio.
Planes arruinados, sueños renovados,
Buenos Aires bostezando a mi lado.

Bienvenido a la selva otra vez.
El día va estrenando otro traje.
Camino la cuidad buscándome,
yo soy un Perro de la Calle.

Se acelera el tiempo y cruzo la canción,
entre los dos, la Metro y el diario.
Almas muy contentas, mentes muy abiertas
y penas que van perdiendo la cuenta.

Bienvenido a la radio otra vez,
Buenos Aires va poniéndose el traje.
Yo cruzo la ciudad oyéndote,
yo soy un Perro de la Calle.

95.1 en el dial,
quedate hasta la dos de la tarde.
En la oficina, en el taxi o en el bar
yo escucho Perros de la Calle,
ya empieza Perros de la Calle.

Empezar el día con Perros de la Calle levanta. Dale una semana y no te vas a arrepentir.
Y ya que estamos… ¿Da para darse?

Oasis


Despierta pero sin mirar. Dejé que mis otros sentidos inundaran mi ser. Y respiré, acostada sobre la tierra, que subía y descendía como la marea. Escuché con mi oído cómo palpitaba bajo mi cuerpo. La brisa, suave pero persistente, jugaba con mi pelo y traía un aroma indescriptible, que llenaba mis pulmones. Finalmente, una pluma cayó sobre mi hombro y deslizándose acarició mi piel.
Y si me preguntás, me quiero quedar así, acá, congelar el tiempo como en una foto o en un recuerdo. Sola en mi oasis.

lunes, 17 de octubre de 2011

Vicio


Era cuestión de tiempo. Lo sabían todos. El lado minita creció hasta arruinar toda la rehabilitación que hice.
Es horrible confirmar que sos adicta, en todo sentido. Decís el típico “no, pero lo re manejo, eh, está todo bien”. Y vas probando de a poco, justamente porque “lo controlás”. Hasta que, después de mucha rehabilitación, te vas bien al carajo y te das cuenta de que es como si no hubiese pasado ni un día.

Ese día


En el que no sabés si estás avanzando o retrocediendo.
En el que estás tan adicta que tenés que consultar antes para saber si cuenta o no como volver al vicio.
En el que pensás ¿está bien o está mal? y concluís con un “me chupa un huevo” o peor: “sí, está mal” y lo hacés, hija de puta, lo hacés igual.
En el que te querés autoconvencer y repetís para vos “está todo bien, está todo bien, está todo bien”.. PERO pedazo de pelotuda, ¿para qué te mentís? No hay nadie más ehh, y vos sabés que no está todo bien.
En el que después de mantener la dieta bastante (sin resultados) la mandás al carajo pensando “pero duré eh, duré un tiempo”.
En el que buscás excusas tontas para hacer lo que sabés que no podés, y decís “si me va mal, lo hago”. Y por más que te vaya bien, lo vas a hacer…

Ese día llega.
Pero también llega el día en el que te arrepentís, ehh. No sé, fijate.

domingo, 16 de octubre de 2011

Calendario

Un año de boludeces. Un año de blog.
¡Feliz cumple!

viernes, 14 de octubre de 2011

Decadencia


¿Viste cuando tomás una decisión y decís “me voy a mantener firme”? Bueno, así. Firme.

Firme como roble.
Firme como arrayán.

Firme como árbol de plaza.
Firme como arbusto de casa.

Firme como plantita.
Firme como ramita caída del árbol… Ups!

jueves, 13 de octubre de 2011

Mi lugar


¿Dónde está? ¿Cómo hago para saber cuál es mi lugar? Camino firme, siempre mirando para delante, y veo allá lejos algo borroso. Mi lugar. Antes de dar otro paso, no puedo evitar mirar para atrás, porque sé que ese avanzar hacia allá implica alejarme de donde vengo. A partir de ahí, cada paso que doy me hace titubear, pienso que es un paso seguro, que me lleva a donde tengo que ir, pero ¿y si vengo de mi lugar? ¿Y si estuve ahí, y me fui, por un estúpido miedo a estar y tener que actuar? Con estar, con pertenecer no alcanza. Tengo que ganarme el lugar. Y para ganar hay que pelear. ¿Yo peleé por mi lugar o lo dejé escapar? ¿Me escapé o nunca llegué? Ese espacio, ¿es físico? ¿es conmigo? ¿es con alguien más? ¿es un tiempo? Tanto y nada. Sigo caminando entonces, dejando que las dudas me inunden el alma, y que el tiempo, el espacio y mi ser caminen conmigo. Me dejo llevar, cierro los ojos y dejo que el viento decida por mí.



“Que se va la vida a veces siento, que río menos cuando más lo intento. No sé si estoy en el lugar correcto, si pienso en esto ya no me arrepiento” – Ángel con campera - NTVG

miércoles, 12 de octubre de 2011

Escondidas


En el bosque, entre los árboles, sólo con la luz de la luna. No se veían, no se sabían el uno del otro. Vivían como si fuera sólo su lugar. Pasaban día a día, disfrutando de la soledad, cada uno con su vida. Hablaban solos cada tanto, para no perder la costumbre. Pensaban en voz alta creyendo no ser escuchados. No se sabe cuánto tiempo pasó, pero llegó el día en que el viento quiso intervenir. Y a su voz, quizás un poco más fuerte de lo normal, se la llevó, paseándola por el pasto, entre las ramas y los yuyos hasta llegar a su lugar. Alguien la recibió, sin saber muy bien si era su propio eco. La curiosidad pudo más y, sin poder contenerse, contestó. Algunos dicen que lo hizo sólo imaginando que su propia mente le estaba hablando, aprovechando la soledad del lugar. Nuevamente un oído sorprendido. Se rumorea que su intuición era más fuerte, y que siempre supo que alguien respondería lo que sin intención había salido de sus labios. Tardaron algún tiempo en acostumbrarse, alguno más reacio, el otro con más miedo. Ya no estaban solos y lo sabían, sin embargo no se buscaban. El día a día era lo mismo, sólo una nueva rutina: cuando el sol caía, y el bosque se llenaba de sombras y se teñía de naranja, se llamaban por apodos y se contaban pequeñas cosas.
Nunca se supo quién intervino entonces, tampoco se dice si se buscaron, pero llegó el día en que se encontraron. Se miraron. Ya no hubo rutina, ya no hubo apodos y la ilusión ciega, esa que los acompañó, se disipó. Y quisieron volver a correr solos por el bosque, buscándose pero sin querer encontrarse de nuevo. Quisieron volver a jugar, pero ya nada fue igual.



“Sé que un gesto cura todo, lo que no lo cura el tiempo, pero si la magia muere sola se va con el viento” – Con el viento - NTVG

martes, 11 de octubre de 2011

Otro yo

Miro la luna y no puedo evitar preguntarme, ¿cuántos seremos los que estamos mirando la luna en este instante? Y me pregunto, ¿cuántos estarán en mi situación?
Alguno dejó una materia hoy como yo, habrá algún otro que tendrá que aprender a jugársela más seguido. Estará aquel que extrañará algo diferente cada día. Imagino que quizás estará quien tenga muchas ganas de aprender más de una cosa, pero no la energía. Seguro no falta alguna con arranques de locura de baile en el living. Me pregunto, sin embargo, si habrá alguien más juntando todo esto y más, ¿habrá alguien que mire la luna y hoy piense tanto y tan poco como yo?



(La cuenta es así: más tiempo al pedo, más tiempo para pensar, más entradas, menos imaginación. Sepa disculpar)

lunes, 10 de octubre de 2011

Frustración


Me cansé. Me cansé de que los cambios me tomen por sorpresa. Me cansé de que todo se vaya al carajo sin previo aviso. Esta vez yo tiré todo al carajo. Esta vez el cambio empieza por mí. No quiero pelear por algo que no me gusta, que no me llena.
Sí, chicos, lapocalipsis existe y HOY empieza (ver la genialidad de soncosasmias.com): dejé una materia de la facu.
Uy, ¿vos decís que exageré? Lo bueno es que empiezo a tener vida. Hola natación, hola fotografía.
Un beso para el lazarillo, para Góngora, Garcilaso, y La Araucana.

Que haya decidido dejarla en el Día Mundial de la Salud Mental, ¿es bueno o malo?

Chu


Lo importante es que disfruté al máximo mientras duró. Viví como si nunca se fuera a terminar. Siempre nos complementamos casi perfectamente. Lo bueno es que lo puedo recordar sin problemas. Muchas cosas suyas quedan en mí, y viceversa. Yo sé que me parezco demasiado, pero no lo puedo evitar, el tiempo así lo quiso. Y es verdad, estamos cerca y nos vamos a ver bastante, pero yo sé que es el fin de una era.

“Yo no sé por qué razón no te digo nada a vos, si somos lo mismo aunque seamos dos” – Tu nombre - NTVG

viernes, 7 de octubre de 2011

Espejo


No sé si hay algo peor que un espejo. Eso que te muestra lo que ven los demás, eso que vos imaginás pero que no ves, que no sabés. ¿Por qué tenés miedo de mirarte al espejo? ¿Por qué lo odiás tanto? Porque no te gusta lo que ves. No te gusta cómo te ven los demás.
Hoy faltan espejos. En especial uno que esté en esos momentos en los que sólo se te ocurre verte como vos misma. Y, a veces, querés y necesitás tanto verte reflejada que creás esa imagen en el otro. ¿El problema? Que es un invento que te terminás por creer. Y cuando ese espejo se rompe te sentís ofendida, traicionada por una mentira que vos creaste.
Tenés suerte si aparece una oportunidad que, un poco dibujada, te cuente entre líneas cómo sos, cómo actuás. Quizás es lo que te falta, para cambiar y corregir eso que tanto miedo te da de vos, eso horrible que sabés que los demás ven. Y es inevitable que quieras cambiarlo, porque te importa el “qué dirán”, con nombres. El desafío es saber si, cuando ese espejo se vaya, vas a poder mantener el reflejo que querés o no.

Lo peor del miedo es que te paraliza, no te deja corregir, no te deja ver, hasta te invita a negar, y así nunca te vas a poder mirar en un espejo.

“Tengo miedo de crecer, de empezarme a conocer, pero yo me tiro acá; el que no arriesga no gana.” – El equilibrista - NTVG

viernes, 23 de septiembre de 2011

Perder queriendo ganar


Buscó y buscó, pero no encontró otra solución. Despertaba todos los días en esa cuidad, la rodeaba el mismo clima, que durante todo el día despedía ese horrendo olor a mentira. No lo soportaba. Necesitaba ese viento que la despertara, no del sueño de imaginar, sino de ese que su creatividad forjaba tomando una de cada cinco palabras y transformándolas a su gusto. Quería que algo borrara ese sopor somnoliento cotidiano, esa ilusión de que todo estaba bien. Esa creación detestable de mundo, donde fingir es moneda corriente, y de un segundo al otro el arte es detectar la verdad detrás de la mentira. Allí es digno de exhibir en un museo aquel capaz de mirar a los ojos con la transparencia de la sinceridad. De ese mundo se quiso ir, quiso viajar.
Empezó a correr a la mañana, con energía y expectativa. Cargó una mochila con sus cosas más preciadas, cosas que no soltaría, y salió. El sol pegaba sobre su cabeza, fuerte y pesado. Aún corriendo podía ver las caras que pasaban a su lado, con sonrisas casi dibujadas por quien nunca vio una. Corrió más rápido, quería alejarse de allí cuanto antes. Inhalaba, exhalaba. Su respiración era coordinada, y normal. Los latidos de su corazón aumentaban, se sentían cada vez más profundos. Se dedicó a ver cambiar el paisaje, ya no había edificios a los costados, sólo grandes casas llenas de decoración ostentosa.
El sol se movía, y el calor aumentaba. Ya su respiración era más profunda, menos coordinada, más pesada. La mochila aumentaba un kilo por cada cuadra recorrida. El paisaje no cambiaba y no podía evitar preguntarse si estaba avanzando. Sus piernas ya eran independientes, se movían porque debían hacerlo, no porque ella lo decidiera. El viento que era cada vez más fuerte la acompañaba, incluso la apuraba. Corría, corría y corría. Quería llegar, no debía faltar mucho. Y entonces... no corrió más.
Ese final, esa meta, que nunca conoció, que nunca supo cuál era no llegó. No puedo evitar preguntarme, ¿por qué corrió?

“Cosas buenas tiene el hombre, y a veces no las sabe disfrutar, y se amarga por las voces que le dicen que no puede progresar.” – Cosa linda - NTVG

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Lado minita


 Yo sé que no se debe generalizar, y soy la primera en decirlo, pero no me van a decir
que las minas no somos histéricas. Nunca, pero nunca eh, vas a conseguir lo que querés. ¿Por qué? Porque no querés lo que conseguís. Porque una vez que lo conseguís no lo querés más, porque no resultó como pensaste que sería.
Te hiciste la madura, la que tiene clara el “andá con cuidado” y te diste la cara contra el piso, mi vida. Para algo están las manos, para frenar un poco el golpe. Por ahí te fuiste del otro lado, estabas tan atenta a no tropezarte ni caerte que no seguiste caminando.
Te morís porque ese pibe esté con vos, pero mal, y en el momento en que se te acerca lo querés lejos. Querés que no te de bola, y es así. Te gusta si y sólo si no te registra. 
Te decís a vos misma que no querés que se te acerque, que estás re bien así, y si se te acerca vas a decir que es un boludo, pero por adentro estás más contenta que yo en McDonalds.
Te encanta criticarlo, pero que no venga otra y te lo critique porque qué quilombo que se arma.
No querés estar con él, te cansó, pero no querés que esté con otra. No, no importa si vos estás con otro, él tiene que estar so-lo.
Si él está con otra mina para tu amiga tiene que ser SÍ O SÍ: la mina un gato más, y él tremendo pelotudo. No, no importan las circunstancias ni cómo son, es así.
No le vas a hablar primero, pero por dentro estás pensando “hablame, hablame, hablame, hablame”. Te habla, y sí, es un pelotudo, pero aceptémoslo, te subió el autoestima.
No querés volver con él, obvio que no, pero te encanta que él te ruegue por volver.
Por más que sepas que tus amigas tienen razón, nunca te va a gustar escuchar que es un mal pibe. Lo sabés, pero no te gusta escucharlo, simplemente porque ese mal pibe te encanta.
Salís a la calle toda renovada, y querés que te vea. No importa si en tu casa sos un trapo de piso, él te tiene que ver genial. No importa si él está con otra o con otro y ya ni te ve.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¡Bienvenidos 20!


Top 10.

1.- No puedo evitar cantar las canciones (por más tontas que sean) de las propagandas. Lo peor es que incluso puedo cantarlas y no acordarme que lo hice. Me cuesta mucho el no cantar alguna que sé cuando estoy con gente con la que no hay confianza.

2.- Me molesta horrores comer con cubiertos con el mango de madera. Prefiero mil veces los cubiertos que son todos de metal o con el mango de plástico.

3.- Si estoy sin hacer nada, con una lapicera y un papel necesito escribir y/o dibujar. No lo puedo evitar.

4.- Me hace muy mal del telgopor. No sólo el ruido, tampoco lo puedo tocar.

5.- No puedo usar ojotas. (Sí, anormal, lo sé). No me puedo (ni quiero) acostumbrar a tener algo entre los dedos. Es demasiado incómodo.

6.- Le tengo una seria fobia a los bichos. No importa cuán chiquitos sean, les tengo terror. Si vuelan mucho, mucho peor.

7.- Me pasa algo sumamente raro, que ni yo entiendo. Si estoy muy cansada, y digamos, con la mente apagada, se me viene a la cabeza siempre la misma canción (a pesar de que hace años que no la escucho, y no me gusta): “Y si te como a besos tal vez la noche sea más corta, no lo sé”. Lo más loco es que si estoy bien me cuesta un montón acordármela. 

8.- Confieso, soy adicta a twitter.

9.- Soy bastante geek y gamer. Ojo, me encanta, pero a veces me siento sapo de otro pozo.

10. - Soy bastante cholula en lo que a premios se refiere. Todo lo que tenga las palabras “red carpet” me encanta. Eso sí, no me preguntes nada que sea argentino.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Dejar pasar


Todos los que me conocen saben de mi terror absoluto a tomar decisiones, por más insignificantes que sean. Últimamente este miedo creció mucho. Pero no es eso lo que más me jode, no. El problema no es el miedo a tomar decisiones, el problema es que no asumo la responsabilidad de decir “fui yo la que quiso o eligió esto”. La salida más fácil: dejar que el tiempo decida, dejar que las cosas pasen si tienen que pasar. Porque hago eso, me da miedo decir sí, y también decir no. Más allá de lo que quiera, de lo que me muera por hacer, la decisión implica responsabilizarse de las consecuencias, y es eso a lo que le tengo miedo. Es más fácil decir “y..no..pasó el tiempo nada más” a que decir “yo decidí eso”.

Si uno no toma decisiones, ¿por qué espera que pasen las cosas que uno quiere? Esperar que las cosas pasen, lleguen, "porque así debía ser" no tiene sentido, y es hora de aprender que si querés que pase algo, si querés tener o lograr algo la única forma es salir a buscarlo, y para eso tenés que tomar decisiones. Nadie, pero nadie, te garantiza que tomes la correcta, pero lo importante es que aceptes las consecuencias, y pelees por lo que querés. Basta de dejar que el tiempo decida por vos. ¿Qué es lo más irónico? Que ni siquiera nos responsabilizamos de haber dejado pasar el tiempo. Y cuando algo o alguien nos hace dar cuenta de lo que podemos tener, de que tenemos que pelear y asumir esas responsabilidades, no tenemos mejor idea que rematar todo con un “no puedo, ya es tarde, pasó mucho tiempo”.

Consejo (de esos que hace un año no doy): El tiempo es hoy. Ese tic tac, por más que no lo escuches todo el tiempo está ahí. Y si querés algo lo único que tenés que hacer es ir a buscarlo, después de todo, el “no” ya lo tenés.

Ah, cierto, bienvenido septiembre. 

miércoles, 17 de agosto de 2011

Hoja en blanco

Hay algo que no me deja escribir, hay algo que me está callando.
No me preguntes por qué, no me preguntes qué es.. O sí, si querés preguntame, pero no te aseguro que responda. O quizá sí, porque tal vez después de tu pregunta empiece a surgir la respuesta. Esa que siento que sé y que me la escondo yo misma.
Qué miedo me da el silencio. Justo hoy, que creo que es cuando más tengo que hablar, que gritar una y mil cosas, HOY no puedo. Hoy me gana el silencio.

¿Qué es lo que callo? ¿Qué es el silencio? Palabras que no existen, pensamientos que no se exteriorizan. Pensamientos sin sonido. Algo que está adentro tuyo, que lo sentís, que lo sabés pero que no existe; por lo menos no para el otro. Y como arte de magia creo haber encontrado la respuesta. ¿Será que no existen porque no tienen un destino? ¿No existen porque no tienen un motivo? Quizá no puedo gritar porque no sé quién va a escuchar.

Esas palabras, que no son palabras, ni siquiera tienen un orden en mí. Ya casi ni son pensamientos. No tienen forma, no tienen un hilo. Tengo miedo de lo que se pueda formar. Me tiemblan las piernas, siento un nudo en la garganta y me cuesta respirar. No quiero saber qué es eso que siento, que tengo, y que no puedo decir.

Le tengo tanto miedo al silencio como al tiempo, y hoy siento que estoy perdiendo contra los dos. 

domingo, 31 de julio de 2011

Volver

Volví. Volví una, dos, tres veces. Y por segunda vez quise no volver.
Al principio fue todo igual. Volví a estar vacía, y volví a dudar. De nuevo hubo algo que me ayudó a decir sí, y agradezco haberlo hecho.

Otra vez me invadió la incertidumbre y el miedo. Y por suerte hubo una segunda vez de risas, de cantos, de dinámicas, de actividades, dibujos, “seño”, y familias. Fue otro lugar, fue arrancar de nuevo, de cero. Fue crear, reír, conocer; pero sobre todo, fue crecer y aprender.

Pero así como hubo un segundo principio, hubo un segundo final. Y se repitió todo de nuevo. Ver que de a poco el día va terminando, y algunos chicos con sus papás se acercan a la puerta de la escuela. El micro llega y hay que empezar a cargar los bolsos. Y de a poco crece esa sensación de nostalgia. Los nenes te abrazan y te llenan de palabras lindas, palabras mágicas. Alguna que otra lágrima que se esconde por ahí. Carteles rosas, verdes que brillan con “los vamos a extrañar”. Y un nudo en la garganta que ya se volvió indibujable crece sin medida. Abrazos, fotos, besos y llantos. Querés acordarte de todo, querés grabar todo en tu memoria. Guardás miradas, besos, gestos, palabras, nombres y risas. Qué lindos recuerdos.
Pero aparece esa pregunta molesta, sin que la llame: ¿los voy a volver a ver? ¿Será el año que viene?

Tuve la suerte de responder la misma pregunta, que me hice el año pasado. Ver que desde que bajás del micro hay tres enanos esperándote, con llovizna y frío, emociona. Saber que las familias se acuerdan esa semana de hace un año es increíble. Darte cuenta que un piojo de cinco o seis años canta las canciones con vos con toda la energía y con una sonrisa de oreja a oreja…llena. Los volví a ver, y me hicieron feliz.

Y hoy estoy acá. En una rutina a la que no me quiero acostumbrar.
Aprender, aprender… si uno se olvida, ¿aprendió? Si cuando el tiempo pasa, uno convierte los recuerdos en algo menos, ¿sirvió? Yo quiero aprender. Quiero que sigan siendo recuerdos. No me quiero olvidar. No me voy a olvidar.

Añatuya 2011

jueves, 14 de julio de 2011

Hormiguita en la tierra. Una hormiguita más.

Pensé y pensé qué poner. Tuve mil y una ideas, y no tuve ninguna. Tuve mil y un pensamiento, y no tuve ninguno. Pero lo que sí puedo decir es que me sentí y me siento una hormiga en la tierra. Tratando de levantar (en mi caso manejar) cosas de hasta de 50 veces mi peso. Una hormiga que, en cualquier momento, van a aplastar.
Nunca fui buena haciendo equilibro, ni tampoco lo fui con la fuerza. Me estoy cansando del “me da lo mismo” y del “está todo bien”. ¿Será que estoy retrocediendo casilleros?
El problema es cuando llegás donde querías llegar. ¿Y ahora qué? El problema también está cuando te das cuenta de que no es lo que esperabas. Necesito el típico “motivo”. Ese momento en el que decís “Acá está, esto es por lo que la peleo”. ¿El truco? No dejar que el miedo te paralice, porque ahí está el mayor riesgo.

 (Sí, ya sé, no está llevando nada, no pude sacarle foto a una que sí llevara algo)


Quote: “Esa hormiguita está VIVA… Hay que matarla” – Les Luthiers.

martes, 5 de julio de 2011

Herencias

 (Video posta de How to save a life acá)