miércoles, 30 de enero de 2013

La posta XXIII

"If you're not scared, you're not taking a chance. And if you're not taking a chance, then what the hell are you doing?" - Ted Mosby

jueves, 24 de enero de 2013

Inflación


- Mirá a tu derecha, como te conozco estoy segura de que el amor de tu vida acaba de entrar.
Le hice caso, como suelo hacer, porque mi curiosidad puede más que mi resistencia. Lo miré una vez, volví mi mirada sobre mi copa, tomé un sorbo y lo volví a mirar.
- Listo – contesté completamente fría.
- Dah, ¿me vas a decir que no te gusta? Esperaba un poco más de entusiasmo, conociendo tu reacción frente a amores platónicos. Algo de violencia, quizás.
Después de mi silencio de un minuto, agregó:
- Lo miraste dos veces, no me lo podés negar – con una sonrisa cómplice.
- Sí, me gusta y lo miré dos veces para ahorrarme una historia. La primera que empezaría la historia y la segunda para cerrarla, en la que yo sea la que mire para otro lado sin voltear la cabeza. Me ahorré peleas, discusiones, tiempos, silencios incómodos, infidelidades. ¿Sabés lo caro que sale eso, después? Soy una minita, genia, pero minita al fin.
- Sos la Cristina Yang de mi vida. – me contestó.

Cómodamente sentada


¿Qué querés? No sé. Siempre fue mi problema, incluso cuando tenía lo que quería no sabía si lo quería. No sé qué mierda quiero, pero lo quiero YA. Esperaría si supiera que vale la pena, si pudiera ver una suerte de progreso. No lo sabría aunque lo tuviera enfrente. ¿Y qué no querés? No quiero perder más, de eso estoy segura, pero cómo saber que pierdo si no sé qué quiero ganar. Tengo ganas de hacer mil cosas, entusiasmo, apuro y me quedo ahí, sentada, como si la voluntad fuese algo externo que en algún momento me va a tocar. ¿Será que me acostumbré a que cuando quiero algo nunca pasa, y por eso creo que por quererlo simplemente no va a pasar? A fin de cuentas, ¿será un talento, desistir? Si hay algo en lo que últimamente soy buena es en cerrar puertas de lo que sé que me agota hasta dejarme sentada, con las rodillas cerca del pecho, y rodeadas por mis brazos. ¿No los pudre ver que el mundo se está yendo al carajo? Me parece que por eso me callé hasta el dolor de cabeza, porque nadie escucha.
Estoy sin fuerzas, literalmente sin poder abrir una botella, y me canso. Me duele la mano y la cabeza. Casualmente estoy callada. ¿Vos de dónde sacás la fuerza? Yo me parece que de las palabras, funcionan de changuito de supermercado, para sacarme un poco de peso. Así que acá estoy, de nuevo con las manos en el teclado, para probar si después puedo abrir la botella para festejar que el talento no se pierde. Y así como quien no quiere la cosa, encontré algo a lo que aferrarme por mi miedo a perder: el talento no se pierde. Pero tampoco se gana.

Quiero dormir y soñar, y no a lo Cris Morena. Solo para tener una suerte de revelación de qué es lo que quiero para intentar alcanzarlo. De otra manera solo soy una mina que corre y no sabe adónde va.

Me parece que acabo de describir un poco el perfil de Raúl. Bien, solo me falta de qué trabaja el pobre.
Igual además de cerrar puertas, parece que sé abrirlas. Brindemos por eso, amigos.

martes, 8 de enero de 2013

Citándome

"Se preocupan y ocupan tanto para que su apariencia luzca bien, para tener buena pinta, para ganar minas y dejar pibes con la boca abierta y me juego mi matrimonio a que sus pulmones están negros, la droga les llega al cuello, sus carteras están vacías y la bebida los enamora" - Raúl (momentáneamente), personaje inexistente de un cuento sin trama. Contemporáneo. (Léase, yo)

 Alcohol = "Una pizca de humor", como le decía él al cantinero.- Idem anterior.

jueves, 3 de enero de 2013

A pintar y a escribir sin borrar


Me levanté sin ganas de cargar al universo con responsabilidades vanas. Tiene tanto de qué ocuparse que imagino no merece acordarse de hacer que este sea un buen año para mí. ¿Por qué me empecino en pensar que por arte de magia tiene que mejorar la situación? ¿Por un cambio de número? ¿Por un día más que ayer? Y vuelvo al miedo de aceptar que no es más que mi responsabilidad la causa de lo que pase. ¿Pero es que uno no quiere ser feliz o disfrutar? Es que a nadie le gusta el esfuerzo, ni el riesgo de perder. Frente a esa posibilidad prefiero quedarme como estoy: no gano, seguro, pero no pierdo ni lamento.
Así es como, sí por arte de magia, surge el motivo de escribir para nadie. No sé si me llena que leas o no, no sé si me interesa que sepas de mi vida. Escribo para que no se borre.
Lo que pasa fugazmente por mi cabeza, como quien pasea una tarde de verano sin ver ni conocer nada de lo que lo rodea, queda fijo acá, en una suerte de papel, y más aun si lo leés. Nadie puede decir que no existió porque genera un lugar para los reclamos. No quiero ser yo la única que reclame mi propia responsabilidad, porque ya todos sabemos que me gusta escaparme de todo lo que me supera, de todo fracaso que me abraza, y es fácil hacerlo de mi otro yo. A lo mejor sí escribo por vos, para que algún día tus ojos me juzguen.
No es por repetir, pero sabiendo el miedo que me genera un papel en blanco, el terror que le tengo a que me juzguen, y el pensar que del miedo lo único que se tiene que sacar es la motivación para que lo que se teme no sea real, imaginate el pavor que me genera una gran pared en blanco frente a mí de 365 días. La que única que tiene el pincel soy yo.

Nos la pasamos saludando con un “feliz año” a todos los que apreciamos, pero a fin de cuentas, la cosa corre por uno mismo. ¿Sería como un “hacé de este 2013 un año que valga la pena, no seas boludo”?

Ahora, y con la cordura por el piso cual Amnesia después de ver a José, te digo: a fin de año, si esto sigue abierto voy a volver sobre mis pasos, o sobre mis palabras (cosa que odio profundamente) sólo para ver si hice de mi año uno que valiera la pena o si, por el contrario, me tenés que juzgar con la mirada. En una de esas felicito a mi yo del pasado, como hice hoy.