jueves, 24 de enero de 2013

Cómodamente sentada


¿Qué querés? No sé. Siempre fue mi problema, incluso cuando tenía lo que quería no sabía si lo quería. No sé qué mierda quiero, pero lo quiero YA. Esperaría si supiera que vale la pena, si pudiera ver una suerte de progreso. No lo sabría aunque lo tuviera enfrente. ¿Y qué no querés? No quiero perder más, de eso estoy segura, pero cómo saber que pierdo si no sé qué quiero ganar. Tengo ganas de hacer mil cosas, entusiasmo, apuro y me quedo ahí, sentada, como si la voluntad fuese algo externo que en algún momento me va a tocar. ¿Será que me acostumbré a que cuando quiero algo nunca pasa, y por eso creo que por quererlo simplemente no va a pasar? A fin de cuentas, ¿será un talento, desistir? Si hay algo en lo que últimamente soy buena es en cerrar puertas de lo que sé que me agota hasta dejarme sentada, con las rodillas cerca del pecho, y rodeadas por mis brazos. ¿No los pudre ver que el mundo se está yendo al carajo? Me parece que por eso me callé hasta el dolor de cabeza, porque nadie escucha.
Estoy sin fuerzas, literalmente sin poder abrir una botella, y me canso. Me duele la mano y la cabeza. Casualmente estoy callada. ¿Vos de dónde sacás la fuerza? Yo me parece que de las palabras, funcionan de changuito de supermercado, para sacarme un poco de peso. Así que acá estoy, de nuevo con las manos en el teclado, para probar si después puedo abrir la botella para festejar que el talento no se pierde. Y así como quien no quiere la cosa, encontré algo a lo que aferrarme por mi miedo a perder: el talento no se pierde. Pero tampoco se gana.

Quiero dormir y soñar, y no a lo Cris Morena. Solo para tener una suerte de revelación de qué es lo que quiero para intentar alcanzarlo. De otra manera solo soy una mina que corre y no sabe adónde va.

Me parece que acabo de describir un poco el perfil de Raúl. Bien, solo me falta de qué trabaja el pobre.
Igual además de cerrar puertas, parece que sé abrirlas. Brindemos por eso, amigos.

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