jueves, 26 de diciembre de 2013

La caída de la reina

¿Habrá gente que cree de verdad en el destino?

Supongo que sí la hay. Y me pregunto (porque aceptémoslo: nunca voy a dejar de pensar) ¿en qué consiste el “destino”? Según la RAE (y si bien sé que tendría que hacer, si lo hiciera bien, una exhaustiva investigación del término, me limito a la RAE por ser las dos y media de la mañana, y porque, todos sabemos, les chupa un huevo lo que escriba) la primera acepción es “fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos”. Claramente, eso no aclara nada, pero intuyo que es más bien lo que todos conocemos vulgarmente como destino.
Propongo, para todos aquellos que creen que el curso de las cosas está prefijado o influenciado por eso, tiren los dados en sus próximas decisiones sin importar cuáles sean. ¿Su voluntad influye en el destino?

Para mí el destino no es más que un punto de llegada, quizás hasta el punto al que más ansío llegar. Si bien las cosas no se pueden forzar, sí se pueden buscar: intentar no perder lo que se quiere, o tener lo que se anhela. El destino hace al esfuerzo que uno ponga para alcanzarlo. Es la motivación. Todo indicaría que con o sin fuerza que influya uno debería tender a llegar a ese punto, ¿no? No. La respuesta es no. Acá estoy, sentada, cuando podría estar corriendo (literal) a ese punto de llegada, porque existe mi amigo superyo que me evita quilombos y golpes. Mi dado existe, y está justo en el medio entre lo que deseo y lo que tengo que hacer; bueno, justo en el medio no, está bastante más inclinado a lo segundo.

Este texto es el ejemplo. En vez de decir lo que realmente quiero decir, escribo por escribir, por ustedes que leen y que juzgan en silencio. El que me conoce, el que no, amigos que leen sin decirlo, el que tiene permiso, el que no, al que le importa, al que no. Todos hacen que yo no escriba lo que quiero.

No puedo decir que estoy enamorada, ni que me gustaría estarlo. No me imagino diciéndoles que me gustás demasiado, ni que odiaría que me gustes. Sí saben, sin embargo, que te deseo porque no te tengo, ni te quiero tener para poder desearte.

¿Problemitas? ¿YO?


Un día de sólo ello es lo que quiero. ¿Pido mucho, Freud?

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Para siempre

Y mientras todos se saludan entre sí, chocan copas, abren regalos y se ríen bajo el efecto de las burbujas, yo no hago más que saludar al cielo, mi pequeña inmensa obsesión, que hoy parece vestido de fiesta, con su reina, la Luna que no quiere perder protagonismo.








(Perdón por la cantidad. Me puede.)

Ah, sí, feliz navidad.

martes, 24 de diciembre de 2013

Stay still

Envidio un poco a los que tienen la capacidad de recorrer con liviandad sus pasos, de volver sin arrepentimiento a sus errores, superando sus frustraciones y sonriéndole a sus pasiones etéreas.
Estoy fría y quieta, como si fuera la fórmula de frenar el tiempo, y de extinguirlo de alguna manera. No me alcanza con esquivar la mirada, y fingir que no está ahí, porque sé que me persigue, que me sopla el cuello. Escalofríos.
No quiero vivir cargando el pasado en los hombros, y estoy casi segura de que cada paso que doy no es más que trastabillar, apropósito, para no llegar. Es como si a fin de cuentas lo único que cuenta es hoy. Y ni siquiera hoy, con un simple “ahora” me es suficiente.

No quiero volverme indiferente. Para mí la empatía es lo que cuenta, y por eso no hay nada que odie más que la apatía que ahora sobrevuela el globo, pero si todo es efímero, si todo da igual, si todos se esconden detrás de un “cliché”, ¿por qué yo debería ser la excepción? A fin de cuentas, no parece que ser la excepción de nada sirva para algo o alguien.

Qué asco que no se pueda vivir sin mentiras, sin escondernos detrás de otras palabras que no son las que suenan en nosotros. Un día sin ellas y el mundo sería un caos. Manzana envenenada que nos pudre el cuerpo, pero que sin ella no hay cuento.




Me da miedo mirar atrás, porque problemitas everywhere.

lunes, 23 de diciembre de 2013

A diario

Sonría, lo estamos juzgando.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El día al revés

Todos los días que puedo miro la Luna. Y no, no me canso.
Sé que es sólo un satélite, pero a veces parece mucho más.

Será que el vicio y el amor no se pierden tan fácil.
Qué suerte entonces que me enamoré del cielo.



- ¿Qué forma tiene la Luna?
- Es redonda cuando está despierta, y media cuando está dormida.

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Quién soy..

Cuando no estoy bailando sin control, sin prejuicios ni miradas avergonzantes?
Cuando escribo sin pensar quién lee o quién no lo lee?
Cuando no me tranquiliza leer que estás bien?
Cuando no espero sacarte aunque sea una sonrisa por día?
Cuando no escucho algo que hace hervir mi sangre de adrenalina?
Cuando no sueño que el futuro llegó?


Simplemente no soy yo.