Mentira. ¿Desde cuándo los límites no existen? Qué fácil
dejamos que nos mientan. Con razón después nos pasan por arriba.
Pero creo que es cuestión de lógica. Puntualmente me refiero
a que, si por ejemplo el Genio de Aladdín tenía restricciones y “cláusulas”
como no poder matar a nadie o no poder hacer que alguien se enamore de otro
alguien, ¿qué nos hace pensar entonces que no tenemos límites? Si así fuera
creeme que yo no estaría midiendo 1,50. (Calate el grado de lógica que la mina
termina citando al genio de Aladdín. Mi vida yo.)
¿Y cuál es la gracia de saber que hay límites y conocer los
de cada uno?
Por un lado el tiempo. Si sabés que hasta ahí llegás, y que
por más que sigas intentando nunca vas a llegar más allá, vas a ir para otro
lado. No vas a perder tiempo. Creo que está demás aclarar que eso está lejos de
significar que no lo intentes; simplemente es un “no te estanques”.
Y por otro lado que nadie te puede mentir sobre tus límites
si vos los conocés. Nadie te puede decir que “no podés”. (Igual pueden ser un
toque más sutiles, como con un “estudiá, estudiá mucho” cuando te escuchan
cantar)
Está claro entonces que querer no es poder, pero podría
llegar a ser el primer paso a intentar. Uno nunca sabe, hasta que lo intenta, ¿no?
No quiero quedarme sin hacer historia, o, mejor dicho, sin
hacer MI historia. Me odiaría si dejara que otros la hagan por mí.
Sueños tengo muchos, a esta altura (ja, qué irónico) eso es
bastante obvio, pero uno de ellos sin duda es que alguien pueda decirme “me
cambiaste la vida’’.
(Yo me pregunto: si en el día a día soy medianamente
graciosa y busco hacer reír, ¿por qué acá eso no me sale? ¿Me saldrá frente a
una cámara? Me siento Chandler, chicos.)
Hacete un blog, decían... Va a estar bueno, decían...