martes, 30 de diciembre de 2014

Media luna

La luna mira con miedo y suspira celosa. Sabe, porque conoce esa mirada, que acaba de perder la partida de su vida. Vendió su brillo por un trozo de alma rojo y viejo. Le tendieron una trampa, y por eso perdió al amor.
"Pobre luna", se lamentan los lugareños que conocen su historia, y no la juzgan por esconderse los días en que su dolor es tan fuerte que logra salir a la superficie.
La pobre perdió la mitad por ambición.

Puertas de la mente

"Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.”


Patrick es el puto amo.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Sueño de una noche

Te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
te quiero
ver


La puta madre

domingo, 7 de diciembre de 2014

Envidia sana

Envidio la espontaneidad, la pérdida de límites lógicos. Siguiendo una línea más cursi, muy Cris Morena, la podríamos denominar como hacer lo que sentís. Así. De una. Sin medir o pensar si está bien o mal, si las consecuencias son las que esperás o no, sin analizar un por qué o un para qué. En realidad lo que más envidio es que no esperan nada. Hacerlo por el placer en sí mismo, como el juego. Daría lo que fuera por un día de locura.
Envidio a los pocos, si se me permite el atrevimiento, que saben y pueden decir gracias y te quiero con el peso con el que lo sienten. No debo ser la única que se queda con esas palabras atragantadas, que no las deja salir, pero que tampoco las hace desaparecer. Y no hablo de un te quiero efímero, volátil, y superficial, sino de ese te quiero que a veces, y sólo a veces, te da ganas de gritar. Hablo de ese amor que genera violencia, como diría una amiga. No violencia en sí, sino unas ganas de abrazar irreflenables. Qué fácil expresarlo en un blog, y cuánto más fácil es cuando ya es tarde y no hay nada que perder.
Y si lo digo hoy acá, es porque no tengo los ovarios todavía para expresártelo.

Un día sin filtro y se va todo a la mierda. Un día de locura que enamora. Pero no puedo, porque pienso que para superar las ganas de gritar todo esto, sólo tengo que esperar un día más. Listo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La posta - Edición P. Rothfuss

“La música existe para cuando nos fallan las palabras.”

"Si quieres saber quién eres, camina hasta que no haya nadie que sepa tu nombre."

"No importa si besarnos es nuestro deseo; el espacio entre tú y yo no está maduro para eso."

"Las preguntas que no podemos contestar son las que más nos enseñan. Nos enseñan a pensar."


MANIJA