Desperté. No sé a qué hora fue, y quizás nunca lo sepa. El día
en que todo se oscureció. Estuve una hora o más sin abrir los ojos, pensando
que cuando lo hiciera despertaría definitivamente. La puerta de la sala se abrió
y tras unos segundos se cerró.
- ¿Quién es? – mi voz ronca no pudo ocultar el desdén que
inundaba mis venas.
- Soy yo, quizás…la única persona que no esperabas escuchar.
– No podía ser. Sin embargo estaba segura de que era su voz.
- ¿Qué mierda hacés acá? Quiero que te vayas, ya. – Mi pesadilla
ya se estaba volviendo insoportable. Sin previo aviso, una mano agarró la mía.
- Sabés que no me voy a ir, como yo sé que no querés que me
vaya. – me ayudó a pararme – Me querías. Acá me tenés. Si me buscás y me
encontrás, no me voy a ir nunca más.
- Callate y andate. No te puedo ver. Es lo más difícil que
tuve que soportar, no verte. – el dolor de mis ojos aumentaba, ardían mis párpados.
- ¡Qué terca que sos! Me podés ver cuando quieras – Llevó mi
mano a su cara. Sentí sus párpados, sus mejillas, sus labios. – Y si con eso no
te alcanza para reconocerme, oleme.
Sus labios apenas rozaron mi cuello, dándome la oportunidad
de sentir su perfume. Llené mis pulmones tanto como me lo permitieron.
Nuevamente agarró mi mano, y esta vez la puso sobre su pecho. Sentí su corazón latir fuerte, como tantas otras veces. Sin que lo
pudiera evitar dejé caer una lágrima. La última.
- Hasta tu corazón me reconoció. Salta como loco – pronunció mientras posaba su mano en mi pecho. Y estoy segura de que pude percibir una sonrisa mientras
hablaba. Y lo vi, sin mirar. Vi sus ojos, su pelo, su sonrisa, sus lunares;
supe que aunque fuese el final no me olvidaría de su rostro.
Final alternativo (y paródico):
Lo abracé como si nunca más lo fuese a soltar.
- No sabés lo importante que es para mí que hayas vuelto,
Matías. – Pero entonces me apartó casi sin darme tiempo a reaccionar.
- Yo.. soy Lucas.
“Tragame tierra” fue todo lo que pude pensar.