martes, 30 de octubre de 2012

Recomendados II

Porque algunos vlog están así de buenos (claro, son los del genio de Publete):


(También te recomiendo a Alfredito, al otro de Alfredito, a Marito Kids, a Marito, a Germán, y seguro me olvidé de alguno)

domingo, 21 de octubre de 2012

Cortito y al pie II

Esperar que otra persona haga algo que vos no harías.
La incoherencia personificada, eso soy.

Buscar algo para que te haga entrar en razón, y rebuscarlo de manera tal que termine siendo a tu favor.
Pelotuda también.

Cortito y al pie

"No querés sinceridad ni que te siga mintiendo"

Cómo me entienden, hijos de puta. Los amo cada día más.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Dígale NO al compromiso


No hay nada más choto que el concepto “compromiso”. Me refiero específicamente a cuando ese compromiso es algo negativo. “Tengo que hacer algo, por compromiso”. Por ejemplo: los cumpleaños. A ver, si un familiar con el que no tenés relación más que la “obligada” te invita a su cumpleaños, pero en realidad no le cambia en absoluto tu presencia o ausencia, y vos no tenés ni cinco de ganas de ir… ¿para qué vas? No sé, ¿para tener esas charlas incómodas e innecesarias que no le importan ni a vos ni a la otra persona? EXPLICAMELO.

- Tengo que ir al cumpleaños de un amigo de mi viejo
- ¿Por qué?
- Porque me invitaron, tengo que ir

Onda que si un fulano te invita a un telo, ¿también tenés que ir? Digo, porque “te invitó”.


Ni siquiera hace falta ir tan lejos como “asistir” para que exista el concepto “compromiso” en referencia al cumpleaños. El tema saludo por cualquier medio de comunicación ya de por sí es molesto. No, no me digas que no.
Por teléfono: se da esa conversación casi guionada de “!Hola! ¡Feliz cumple! ¿Cómo la estás pasando?/¿Cómo la pasaste? Qué bueno. Te paso con..”, que se repite infinitas veces. ¡Un embole! ¡Dígale NO a la careteada familiar!
Por mensaje de texto: “¡Feliz cumple! Que lo pases genial. Un beso.” ¿Y si mi día fue una mierda? ¿Y si resulta que no la quiero pasar genial? Y ni hablar si además para mandar ese mensaje tenés que pedir el número de celular porque no lo tenés. Eso más o menos estaría indicando el grado de relación que existe entre ustedes. ¡Dígale NO a gastar crédito por compromiso!
Por facebook: Personalmente creo que (todo esto es una locuuraaaa!) este es el peor. Si bien es es más boludo, por decirlo de alguna manera, es en el que más se nota la careteada. Primero: te enterás por el cartelito de Facebook que te dice que Fulanito cumple años hoy. Segundo: no sabés ni cuántos cumple, ni cómo le dicen; o, si en el mejor de los casos lo conocés, hace mínimo 1 año que no se ven o no hablan. Tercero: tenés que asegurarte que sea persona cumpla efectivamente ese día y que no haya puesto apropósito otra fecha en facebook. Cuarto: esa persona, en cuando vea tu saludo al mejor estilo “¡Feliz cumple!” va a decir  que ni te conoce, que sos un hipócrita, que es una chotada que la saludes y le va a poner “me gusta” a tu comentario. Todo quedará en la nada hasta el año que viene. Pero aceptémoslo: ni esa persona quiere que lo saludes (porque no lo modifica en absoluto) ni vos querés saludarla (porque te chupa un huevo su cumpleaños). ¡Dígale NO a facebook! (y sí, ya que estamos soñamos en grande)

Basta de compromisos estúpidos.



Nótese el amor que le tengo a las comillas y a los paréntesis. Los dos medio que te protegen.

Triste e irónico. Me olvidé el 16 de octubre de festejar el segundo cumpleaños de esta cosa. ¡Feliz cumple, blog!

Lo perfecto desaparece


Los gritos, los reclamos y la indignación rebotaban en las paredes como pelotas de squash. Yo te preguntaba por qué después de tanto tiempo llegaba así, tan repentinamente, esta niebla de insultos. “Si me hubieses dejado conocerte” susurraste antes de darte vuelta por última vez. Y fue peor. Ya no me importaban los insultos, los gritos, los miedos o la confusión porque sabía que con un paso más esto sólo se convertiría en recuerdo de recuerdo de un sueño. “Está bien” dije, y en un intento desesperado por demostrarte que quería cambiar decidí actuar. Me saqué el sombrero de la felicidad, me despojé de mi coraza, y desabroché el chaleco del orgullo.
- Acá estoy, desnuda frente a vos. Sin protección, sin personaje alguno, sólo yo y mi cuerpo. No busques tus marcas ni la de los que me aman porque no están sobre mi piel, son mucho más profundas. No puedo ofrecerte más que esto que hoy está a simple vista: mis defectos, disimulados por el orgullo y mis virtudes, a veces escondidas atrás de los miedos. Prometo darte lo mejor de mí, hacer lo posible para…
- No. – me interrumpiste con la más fría verdad – El problema es que ya tuve lo mejor de vos, y lo perdí.

domingo, 14 de octubre de 2012

Para tener en cuenta II

Por cosas como estas amo YouTube (además de Alfredito, Marito, Publete, etc):



miércoles, 10 de octubre de 2012

Corchazo


Odio la culpa.

Si fuese oportuna, si llegara para apaciguar impulsos irrefrenables de bronca y permitiera solucionar errores, entonces seguro sería mi amiga. Pero no. A la maldita le gusta venir cuando la mente se aburre de la paz, cuando el tiempo supo congelar la mitad de los recuerdos solo para agitar las aguas.

Cerrá el blog. Ahora. Ya. Dale. No vas a leer nada que valga la pena, porque es uno de esos días en los que las ganas avasallantes de escribir avanzan a mis dedos, que incontrolables escriben un montón de palabrería que no dice nada, existe sólo para luego ser borrada. Porque el problema no es querer escribir y querer decir, sino que estas palabras que leés no son más que la escenografía de lo que realmente quiero hablar. Como bien dijo una amiga “no lo puedo hablar con mucha gente, y me lo estoy re guardando”. Como mecanismo de defensa usaría el humor, pero el filtro no me deja; me parece que de tanto presionarlo quedó activo.

Odio ser una persona que razona todo el tiempo.
Odio tener las cosas tan claras enfrente y no querer entenderlas.
Odio tergiversar las cosas para que encajen en lo que pienso.
Odio tentarme.
Odio caer en la tentación.
Odio poder dar miles de consejos y no poder hablar de mí.
Odio escribir todo esto y ficcionarlo para alejarlo de mí.
Odio que la motivación me la dé una promesa.
Odio ser tan directa.
Odio amar la literalidad.
Odio que importe tanto como para odiar.
Odio no odiar realmente.
Odio amar sin control lo que antes me molestaba.
Odio no poder ser acá como soy yo.
Odio no poder ser yo como soy acá.
Odio los ataque minita.
Odio la comida sana.
Odio no poder hacer nada para tener lo que quiero.

Hagámosle caso a, si me lo permite, Un punk ignorante. Hagamos de cuenta que lo que no tengo que hacer es pensar, sino actuar. No pensemos. El problema es que caigo en el impulso, y yo sé cómo termina el “no pensar”, llego de nuevo a ese enfermizo círculo vicioso al que soy medio adicta porque es el papel que me toca jugar. Y si bien soy adicta, tengo momentos de lucidez, así que sé que si la palabra es “jugar” nada bueno puede salir de ese papel, entonces decido pensar y correrme. Volvimos al inicio. Hasta que me ataca la culpa, vaya uno a saber por qué. Por ahí porque el arte de la manipulación es mucho más fácil de manejar de lo que yo supongo. Pero como uno va subiendo niveles y ganando experiencia ya no es tan fácil, aunque todavía no imposible, claro está… Y después de cinco minutos me encuentro con los dedos inmóviles en el teclado, mirando la pantalla con un montón de palabras mentirosas que no hacen más que tapar lo que quiero decir. Muchas palabras, pero poca conclusión. No la escribo porque no la hay (y no la quiero, así que la discrimino), por eso puedo seguir hablando hasta que los párpados se me caigan… El final, abrupto como debe ser, no es más que un “ya está” pero de tan frío parece como si necesitara un respaldo, una suerte de justificación. ¿Existe un argumento en estos temas? No, y si lo hay no es más que tratar de entender cosas que no necesitan ni deberían tener una explicación. Intentá argumentar algo que no se puede y sólo vas a conseguir una mentira.
Pero no empecé bien, porque debería de haberlo hecho por el principio que a fin de cuentas no es más que el final: ¿qué quiero? Y como diría el viejo de Yo, robot: “That, Detective, is the right question”, que, lamentablemente, no tiene una respuesta. Sólo puedo decirte que no sé lo que quiero, pero lo quiero YA, a ver si así se me va el quilombo de la cabeza que no me deja pensar.

Es tan molesto cuando tenés una puta frase en la cabeza que te da vueltas y no te deja pensar en nada más…Es horrible esa sensación de morirte de ganas de hacer algo que sabés que está mal, y que lo único que lograría sería empeorar todo. Ideal para cerrar la noche con una película depresiva y, después, corchazo.


Si leíste, jodete, yo te avisé que cerraras..
Sabés que flasheo, que nada de lo que digo tiene sentido, ni siquiera es entretenido.. No sé que hacés leyendo todavía, la verdad. 

(Me preocupa muchísimo que alguien haya llegado al blog mediante Facebook. Acá bancamos Twitter, eh. El tema de los marca-territorios de Facebook no va.) 

La posta XVI

"Sometimes you wish people would just see themselves the way you do" - Mark Sloan.

lunes, 8 de octubre de 2012

La posta XV

Me quejo de la rutina pero soy bicho de costumbre.

viernes, 5 de octubre de 2012

Es todo risas


Hasta que nos damos cuenta que ya las palabras no alcanzan.

Escucho constantemente consejos o dichos sobre las palabras y su insuficiencia, pero no sé si realmente lo creía.
Las palabras tienen mucha fuerza, y quien lo niegue no es más que un hipócrita. Pueden enriquecer un día, lastimar muchísimo y marcar a una persona. De hecho, a los chicos (infantes) lo que les decimos sobre ellos va a influir sobre su mente, su personalidad y su accionar. Díganme entonces que las palabras no importan. ¿A nadie se le cayó el mundo cuando les dijeron algo? Y ni hablemos de los gritos o frases en discusiones, que son las peores porque en el torbellino de la pelea se vomitan sin control pero quedan archivadas bajo 7 candados.

Aunque su valor, peso y fuerza son innegables sí creo que llega un punto en el que no alcanzan, y por lo poco que pude experimentar es porque se gastan, se destiñen cuando son dichas muchas veces, casi por inercia, por una persona a la que no se le tiene confianza. Se convierten como por arte de magia en letras o sonidos sueltos, sin sentido alguno, que bailan al compás de la voz. Las escucho y siento que es otro idioma, quizá en francés, porque suena bien sin intender absolutamente nada. Para darles un ejemplo, es como si fuesen dichas así, con ese sentido y entendimiento. O, hablando mal y pronto, sería más bien como mandar fruta o chamuyo, hablar mucho sin decir nada.

Y para darle un poco más de crédito a mis amigas danzantes, creo que a esa altura no hay hecho que revierta la situación.


Sonría, lo estamos filmando.


Sin grises


Estás en la nada misma pero no te molesta, simplemente porque te acostumbraste. Vas construyendo una gran montaña cual Minecraft, poniendo cuadrado sobre cuadrado, hasta que llega ese momento en el que por alguna razón uno se cae. El equilibrio de los demás peligra pero finalmente resiste, un poco al estilo “mirame y no me toques”. Pero a vos no te importa, porque vos siempre podés, siempre te la bancás, y claramente un cuadrado más no hace la diferencia. Error, mi vida, error. Ponés otro bloque tratando de ser lo más cuidadosa posible, sólo para que los demás no lo noten pero explota todo. No, no fue un creeper. Ese último granito de arena se volvió a caer, y eso que vos ya sabías que eso estaba inestable. Pero ahora el problema es que no cae solo, trae la montaña entera consigo, y como consecuencia, sentís el peso de todo lo que intentabas construir sobre tu espalda: eso te pasa por intentar huir. Parece que no estabas construyendo, estabas tapando una cosa con otra, haciéndote la fuerte, la que “todo lo puede”. Dejá de intentar ser Slender con sus tentáculos, manejá tus tiempos sin esconder lo que tenés en los hombros. Y si querés ocultar algo, ocultá eso que te tira todo abajo, eso que sabés que requiere más esfuerzo tuyo que cualquier cosa y buscá una motivación que te ayude, pero sin que eso te haga explotar o te tape impidiéndote ser y hacer. Que ese maldito cuadrado, ahora de piedra, quede en la nada.

lunes, 1 de octubre de 2012

La posta XIV

Lo importante es el predicado.