miércoles, 17 de octubre de 2012

Lo perfecto desaparece


Los gritos, los reclamos y la indignación rebotaban en las paredes como pelotas de squash. Yo te preguntaba por qué después de tanto tiempo llegaba así, tan repentinamente, esta niebla de insultos. “Si me hubieses dejado conocerte” susurraste antes de darte vuelta por última vez. Y fue peor. Ya no me importaban los insultos, los gritos, los miedos o la confusión porque sabía que con un paso más esto sólo se convertiría en recuerdo de recuerdo de un sueño. “Está bien” dije, y en un intento desesperado por demostrarte que quería cambiar decidí actuar. Me saqué el sombrero de la felicidad, me despojé de mi coraza, y desabroché el chaleco del orgullo.
- Acá estoy, desnuda frente a vos. Sin protección, sin personaje alguno, sólo yo y mi cuerpo. No busques tus marcas ni la de los que me aman porque no están sobre mi piel, son mucho más profundas. No puedo ofrecerte más que esto que hoy está a simple vista: mis defectos, disimulados por el orgullo y mis virtudes, a veces escondidas atrás de los miedos. Prometo darte lo mejor de mí, hacer lo posible para…
- No. – me interrumpiste con la más fría verdad – El problema es que ya tuve lo mejor de vos, y lo perdí.

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