Estás en la nada misma pero no te molesta, simplemente porque te acostumbraste. Vas construyendo una gran montaña cual Minecraft,
poniendo cuadrado sobre cuadrado, hasta que llega ese momento en el que por
alguna razón uno se cae. El equilibrio de los demás peligra pero finalmente
resiste, un poco al estilo “mirame y no me toques”. Pero a vos no te importa,
porque vos siempre podés, siempre te la bancás, y claramente un cuadrado más no
hace la diferencia. Error, mi vida, error. Ponés otro bloque tratando de
ser lo más cuidadosa posible, sólo para que los demás no lo noten pero explota
todo. No, no fue un creeper. Ese último granito de arena se volvió a caer, y eso que vos ya sabías que eso estaba inestable. Pero ahora el problema es que no cae solo, trae la montaña entera
consigo, y como consecuencia, sentís el peso de todo lo que intentabas construir sobre tu espalda: eso te pasa por intentar huir. Parece que no estabas construyendo, estabas tapando una
cosa con otra, haciéndote la fuerte, la que “todo lo puede”. Dejá de intentar
ser Slender con sus tentáculos, manejá tus tiempos sin esconder lo que tenés en
los hombros. Y si querés ocultar algo, ocultá eso que te tira todo abajo, eso
que sabés que requiere más esfuerzo tuyo que cualquier cosa y buscá una
motivación que te ayude, pero sin que eso te haga explotar o te tape
impidiéndote ser y hacer. Que ese maldito cuadrado, ahora de piedra, quede en la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario