Ok, el plan de hoy es: sin plan. Escribir, escribir y escribir. Sin mirar, sin medir, sin corregir ni volver a leer. Sin buscar vueltas. Como aparece, sale. ¿Por qué? Porque intento ponerme en los zapatos de mi otro yo, y ver qué sale.
Pies. Tierra. Pies y tierra. Poné los pies sobre la tierra. Ojos. Abrí los ojos. Ideas que se unen. ¿Por qué todo tan cortado? Porque necesito procesar, y empezar a llevar a cabo esas ideas abstractas.
Abstracto. Nada más abstracto que mis ideas. Aunque… no, en los sueños dejan de ser abstractas. Pero estoy cansada de soñar. Muchas pesadillas. Muchas mentiras.
Las ideas (o imágenes mentales, o deseos reprimidos, o locuras improvisadas) giran y giran en mi “caja”. Porque para mí es así, para mí es como una larga lista (o muy corta y repetitiva) de palabras inconexas (o incoherentes) que giran en la cabeza y uno las va “agarrando”.
¿Por qué esta espantosa y molesta necesidad de escupir pensamientos? No lo sé. No tengo ni la más puta idea. ¿Y por qué así, con improperios incluidos? Lo sé. Lo sé bien. Porque es el mejor quote ever. Porque es un poco yo. Porque la mitad de ustedes (y la mina seguía pensando que había más de un lector) no van a entender nada, y la otra mitad (o menos, mucho menos) va a entender que la que habla atrás de la pantalla es la que ven todos los días.
(Retomemos) Ideas girando. ¿Por qué escupir ideas a la nada? Para que quede en la nada, para que llegue a su destinatario. Un destinatario inexistente. Y si no va a llegar a ningún destinatario ¿para qué lo digo? Para vaciar un poco la caja, para que quede un poco de lugar para mis conocimientos literarios (caradura mode: on).
A veces (y quiero enfatizar mucho el “a veces”) quisiera que no hubiera tecnología (sí, yo, que amo la tecnología), porque creo… No, estoy segura de que por esa tecnología faltan huevos. ¡Y yo no me quedo afuera, eh! Pero sin tecnología habría mucho más para hacer, decir, y menos para esconder. ¿Cuántas cosas se esconden hoy? Muchas. Atrás de una pantalla. Simple. Porque vos no ves la cara de esa persona diciéndote algo. Ni hablar de la voz. ¡Cómo se olvida la voz! Es la costumbre. Es la falta de costumbre. Yo digo que hay que empezar poniendo huevos. (Lo hice una vez…no, dos veces, y no creo que lo vuelva a hacer). Aunque, no sé… porque “el que no arriesga no gana”. En todo caso, quizás pierde, pero ¿qué pasa cuando “ya no hay nada que perder”?
Perder…perder… Me suena. Porque estoy perdiendo el tiempo. Pero… ¿Cómo saber si estoy perdiendo el tiempo? ¿Estuve perdiendo el tiempo hace 6 años? ¿Hace 2 años? No sé qué va a ser de mí en 5 años, entonces quizás no estoy perdiendo el tiempo.
Palabras por doquier. Palabras llenas de todo, y vacías. Seguro que para vos estas palabras no tienen sentido. Problema. Pero la cosa es que para vos no tienen sentido, pero lo tienen. Y no, no lo tienen.
Te doy un consejo, que yo tendría que haber aprendido aprender mejor que nadie, pero que gracias a mi (gran) fuerza de voluntad hace mucho (o poco) tiempo que no necesito manejar. No le agregues un sentido, que no esté escrito, a estas palabras. Si no está acá ese sentido no existe. El eje del texto sale del texto, no proviene de afuera.
Y repito: estas palabras vacías no tienen sentido. Dicen mucho en nada, y no dicen nada en muchas palabras. Porque el (no) sentido está entre líneas, siempre. Porque lo digo, lo escupo, y lo callo acá.
