Abrió los ojos. Tardó sólo unos segundos en darse cuenta dónde estaba. Se sentó en la cama y observó la habitación, casi como grabándola en su memoria. No hubo tiempo para más. La casa entera comenzó a temblar. Se levantó y comenzó a correr desesperada por los pasillos. Bajó por la escalera caracol, que con el movimiento incesante de la casa hacía más ruido del normal. Al llegar al piso miró de reojo la cocina, casi podía ver a dos figuras riendo junto a la heladera. Corrió por el living y el resto de la casa. Pasó la escalera, los sillones y los cuartos, todo estaba tal cual lo recordaba. No más miedo, no más adrenalina, ni alarmas, ni regalos, ni flores. Llegó por fin al garage y para su agrado y sorpresa la puerta estaba abierta, como invitándola a retirarse. No era su lugar, y ella lo sabía. Justo después de que sus pies atravesaron la puerta, ésta se cerró detrás de ella. Se volteó esperando ver caer la casa. Pensó que quedarían sólo ruinas de lo que alguna vez conoció, pero la casa no estaba. No había ruinas, ni temblores. En su lugar había una gran pared blanca con un espejo colgado en el medio. Vio su reflejo y se extrañó aún más, en el espejo se veía sólo ella, no había nada más alrededor. Suficiente por hoy, había entendido el mensaje. Se dio vuelta y comenzó a caminar sola, mientras el cielo la amenazaba a su manera.
(Sepan disculpar la falta de foco, pero la intención es lo que cuenta, ¿no?)
2 comentarios:
creo que soy la única persona que entiende de 'qué' hablás
Sí, sos el único que entiende. No pensé que te darías cuenta.
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