(intentando aplicar el #nadielee)
Si yo tuviera que hacer una suerte de lista de lo que quiero
que tenga el hombre, sería algo así:
Tiene que tener humor. Conectando con la entrada anterior,
se tiene que reír un poco aunque sea de mis forreadas. Yo prometo poner onda y
reírme también, ¿sirve de algo? Creo que acá también está incluido algo que me
parece casi primordial: le tiene que gustar mucho Friends (y haberlo visto
todo, obvio). Podría incluso agregar How I meet your mother, pero como en esa
hasta yo soy nueva se la dejo pasar. Tiene que reírse con Les Luthiers, que es
humor intelectual.
Tiene que ser (mínimo) un toque geek. Tener mínimo
conocimiento de juegos de computadora. Saber de qué hablo si menciono al Monkey
Island, Portal, Myst, etc; es decir: tener una idea más grande de lo que es el
Age of empires, Counter, WoW, PES, Need for speed y otras yerbas. Está todo
bien con que le gusten, de hecho me llamaría la atención si no le gustaran,
pero abrite un toque más. (Ok, te reconozco que esto es más que un conocimiento
mínimo, o por lo menos, otro conocimiento del convencional por lo menos acá en
Argentina). En resumen: un enfermito me viene bien.
Tiene que saber discutir. Hasta hace relativamente poco no
sabía la importancia que tenía para mí este punto, pero después de saber qué es
lo que no te discutan nunca (nadie) y simplemente se resignen a darte la razón
y pedirte perdón compulsivamente como si eso lo arreglara, o peor, decirte sí
como a los locos solo para sacarse el problema (casi como si “el problema”
fuera yo) de encima. Quizás pensarían que a la mujer no puede no gustarle que
le den la razón, y por ahí es verdad, pero a mí, si me das la razón, dámela
porque lo merezca, porque te hice cambiar de opinión, no porque querés evitar
un problema. Igual, te reconozco que tampoco quiero la persona que es lo
suficientemente cerrada para argumentarte todo de manera tal que es imposible
llegar aunque sea a un punto medio. En resumen eso quiero, un punto medio.
Tiene que escribir bien. Creo que este punto se
sobreentiende por lo que no necesita demasiada explicación. En el momento en
que se te escapó una “s” demás, como en “dijistes”… mi amor, volá de acá. Ni
hablar si tenés 20 años y sos tan capo (sí, dije capo, ¿y?) de escribir algo
como “chau, tkm”. Este… ¿cómo te explico que tenés 12 años? Escribir es algo
básico y si en eso ya sos malo… mmmm… Ni justificarte puedo.
Tiene que ser un toque inteligente y mínimamente
intelectual. Me refiero a que se pueda establecer una conversación coherente
que pase más allá del “¿cómo estás?” “jeje, que bueno”. (Demás está decir que
en el momento que aparece un “jeje” en cualquier medio de comunicación dicha
persona queda automáticamente descartada.)
Tiene que saber compartir sus gustos. (¡Ojo, malpensados de
mierda!) Es fundamental que yo pueda saber qué te gusta y vos qué me gusta, y
que al menos un par coincidan, y los que no lo hagan sean bancables mutuamente.
No tiene que ser homofóbico. Dentro de este punto se incluye
que tiene que estar de acuerdo tanto como al matrimonio como a la adopción. Y
es un punto que no acepto discutir, porque como dije alguna vez, el que no cree
en eso no cree en el amor. Está demás aclarar que no es posible estar con
alguien que no crea en el amor.
Tiene que estar bueno. O por lo menos entrar en la categoría
de “normal”. Chicos, no me digan que estoy siendo superficial porque la
careteada no da para más. ¿Ustedes no viven catalogando a las pibas en dable o
no-dable, entre otras miles de categorías? Bueno, dejen compartir un poco
entonces.
Bonus (para sumar puntos): Saber cocinar. Simplemente por el
hecho que yo no sé cocinar y nos cagaríamos un toque de hambre. Pero tienen que
saber que soy hiper complicada, sumamente hinchapelotas y totalmente loca en lo
que respecta a la comida.
Otro bonus: Sorprender. Y acá seguramente hay una cláusula
de “depende qué tipo de sospresas”, pero no se me ocurre qué decirles… Está
implícito que la sorpresa de llegar, ver a otra en la cama y que vos me digas
“¡Mirá, mi amor! ¡Te preparé un trío!” no se incluye en las sorpresas de bonus.
O sí, en las que pueden hacer que te pegue una patada en el culo.
(Y que no me cague, pero eso es obvio. ¿Ah, no? Bue, ahora
lo saben.)
¿Ven, chicos? No pido naaaada… (Seguro que faltan cosas,
pero tampoco voy a ser pretenciosa...)
Soy una mujer y minita, ¿qué esperaban? Igual siento que un poco me excedí, por no decirte que me fui a la mierda.
¿No les hice acordar a la escena de Much ado about nothing y
el maravilloso monólogo de Kenneth Branagh?
“No! The world must be peopled!”