No está. Mirá las fotos, que ya están amarillas y medio
dobladas. Fijate la fecha, escrita suavecito en lápiz y ya un poco borrada, y
dejá caer un par de lágrimas. Solo por costumbre, solo porque algún que otro
dice que así el peso es menor. No está. Te lo sacaron, te lo robaron, y vos no
pudiste hacer nada. Qué horrible es saber que hubieras dado la vida por él, que
de estar ahí no hubieras dudado en ponerte adelante y que la bala te dé a vos. ¿Qué
bala? ¿Hubo alguna? No lo viste y no lo sabés. Y nunca más oliste su perfume ni
escuchaste sus palabras. Era tu hermano, una parte tuya. Era hijo. Era primo.
Era esposo. Era padre. Era amigo. Era alumno. Era todo. Recordalo siempre.
Multiplicalo por 30.000.
Que las palabras que los demás acallaron, hoy sean eco en
los demás.
Que ese horror no vuelva nunca más.
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