Qué difícil es volver a estabilizarte cuando te mueven el
piso y no para bien. Sobre todo si vos ayudás a desestabilizarte y no sabés
bien dónde estás parada.
Si te dejás desestabilizar por los demás es culpa tuya, mi
vida. Más si sabés que no es para bien. Igual no te preocupes: de todo, a la corta o a la larga (más a la larga que a la corta) se
aprende. Y de repente te encontrás como parada en la nada directamente, porque parece que todo se junta, todos los ámbitos de tu vida se van a la mierda al mismo tiempo. Empezás
a largar lo que sabés que te hace mal, que tiene que estar lejos, que no es
para vos, que no es una buena decisión… Pero ¿y ahora? A pensar, y más de una
cosa. Pensás y re pensás lo que hiciste, y te preguntás un par de veces esa
molesta pregunta hipótetica que empieza y termina para todos tus problemas
igual: ¿Qué hubiera pasado si yo hubiese.. en vez de…? Pero por algo hiciste lo
que hiciste. Tomaste esa decisión porque te diste cuenta que era lo mejor para
vos.
Y buscaste algún otro camino. Primero sola, y después con un
montón de consejos. “Te re veo” esas palabras que de a poco te daban confianza
para decir que sí. Y por suerte tenés los dos apoyos más grandes que se pueden tener, que encima son el ejemplo que necesitás: tus viejos.
Una semana después creo que te puedo decir: yo también me re
veo. Será que volví con más entusiasmo que con miedo.
“Feliz primer día de docente. porque no se empieza a ser
docente el día que se empieza a ejercer sino el día en que se decide serlo.” - H.C.
Seño Vale.
Soy feliz. Nada, eso.
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