¿Cómo duermo esta noche ahora que sé que soy inmortal en tu mente? A lo mejor si con cerrar los ojos alcanzara para conocer el reflejo que guardaste, quizás entonces no me pesarían tanto las palabras que sonaron. Por suerte también tengo sobre los hombros la honrosa responsabilidad de tu confianza, que hace que la conexión me infle el pecho de orgullo, mi amor. Ahora ya no importa nada, ahora reímos al unísono y nadie nos separa.
Pero qué responsabilidad formar parte eterna de tu vida, de tantas personas, siendo yo sólo una.
sábado, 31 de agosto de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
miércoles, 21 de agosto de 2013
Amistad
M - I don't hate you.
V - Are you still there?
M - Who are you?
V - Could you
come over here?
M - AAWHAHAH
V - There you are
M - I'M DIFFERENT
V - I don't blame you
M - Gotcha!
V - Critical error (nos amo fuerte)
M - Sleep mode activated!
V - I see you
M - Hey, it's
me!
V - No hard
feelings
M - Prometheus
was punished by the gods for giving the gift of knowledge to man. He was
cast into the bowels of the Earth and pecked by birds.
martes, 20 de agosto de 2013
Insomnio
Juro que lo único que quiero es cerrar los ojos y que alguien haga que el tiempo pare, que el mundo deje de girar, que alguien apague mi cabeza por un día, "que todo se detenga". No aguanto más.
#SinFiltro
#SinFiltro
lunes, 19 de agosto de 2013
Delay
Era la 1 y algo de la mañana y como siempre yo tirada en la
cama. No sé bien por qué esa noche había empezado otra vez eso de no poder dejar
de pensar, esto de tener la cabeza totalmente ocupada y negativa. Estaba
enojada con dos personas, y una de ellas era yo, lo cual empeoraba notablemente
la situación. Obra de la casualidad, la otra persona se hizo presente a través
de la tecnología. Y así como arte de magia el enojo se fue. *Qué flojita sos,
la puta madre*. Como si no hubiera pasado ni un puto día volví al pasado, y me
sentí… me sentí y punto. Empezó la broma y creo que duró algo así de una hora y
pico, o dos. Me acordé de su afán por las bromas, y no digo “nuestro” porque
esa palabra no existe. Ahí estaba yo, riéndome como una pelotuda y sonriéndole
a una aparatito viejo. Era todo risas hasta que la broma se tornó más pesada,
larga y empecé a sentir que pasaba a ser un poco de boludeo. Ahora parece que
no se reía conmigo, sino de mí. Bravo, el enojo regresó. *Más predecible que
final de telenovela de Cris Morena, vos*. ¿Pero cuán pelotuda se creía que era?
Ya no daba para más cuando un horrible timbre sonó a eso de las 2 y media o 3
de la mañana para demostrar que la broma no era tal. Literalmente me quedé helada (oh, the irony), no me podía mover.
¿Temblaba? Tanto no me acuerdo. Creo que fue algo así como que me quedé
procesando la situación. Fue un segundo en el que pensé que por ahí estaba
soñando, o en la Matrix. Cuando
procesé la información el resultado fue el mismo: no hacer nada. Se ve que una
vez más dejé que el lado racional (lo que está bien, lo que se debe) opacara el
impulso de hacer lo que realmente quería hacer. La única consecuencia de todo
fue quedarme toda la puta noche pensando “¿qué carajo acaba de pasar?”. Ahora
que lo pienso… tiene mucha pinta de boludeo. #BuenasTardes
#SinFiltro
#SinFiltro
Clue
Me besaste. ¿O te besé yo? No me acuerdo. Pero no me puedo
olvidar tus brazos en mi cintura, los míos alrededor
de tu cuello. Los labios, uno. Tantas veces los había probado, pero nunca me
habían hecho sentir lo que hoy. El sabor a lo prohibido, a lo que está mal, me
provoca deseo. Primero suave, y después brusco, intenso, pasional, el beso nos
consumió. Mientras que mi respiración era entrecortada y agitada, la tuya
parecía tranquila, descansada. Ahora tus manos tocaban mi espalda, mi piel, y
juro que mientras tanto mi corazón quería salir. Me olvidé de todo y te imité,
ahora era tu piel la que se erizaba mientras mis manos jugaban en tus costados.
Las caricias se mezclaban, y por ellas cerré los ojos. Te aprovechaste de eso,
para actuar sobre mi punto débil. Sentí tus labios en mi cuello y me rendí.
#SinFiltro
#SinFiltro
Hijo de las armas - NTVG
Te detuviste a pensar
de nacer en su lugar,
si solo sintieras frío,
poder morir o matar.
Que ya no te importe nada,
si solo sintieras frío,
poder morir o matar.
Que ya no te importe nada,
que nada te venga bien.
O bien terminar con todo
O bien terminar con todo
poniendo el caño en tu sien.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Voy a sacarte los ojos
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Voy a sacarte los ojos
y subir hasta caer.
Volver a mi casa solo,
no queda nada por ver.
Las verdades de mi mundo
hacen que empiece a desear
que si llega la mañana
no me pueda despertar.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Nadie tiene la respuesta:
más violencia más temor,
detrás de todo hay un niño
que se muere de dolor.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Volver a mi casa solo,
no queda nada por ver.
Las verdades de mi mundo
hacen que empiece a desear
que si llega la mañana
no me pueda despertar.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Nadie tiene la respuesta:
más violencia más temor,
detrás de todo hay un niño
que se muere de dolor.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
Yo no elegí este calvario,
yo no nací sin el alma,
solo me aprieta la vida.
Soy el hijo de las armas.
domingo, 18 de agosto de 2013
Domingo
Me cuesta mucho aprender a distinguir entre un “¿por qué?” y
un “¿para qué?”, concretamente en relación a lo que hago. Todo. Muchas veces
tiene que ver con que no lo pienso, no me importa, no me preocupo, o eso
aparenta en un primer momento. El problema aparece en un segundo momento cuando
me enojo por la pelotudez que hice: sin entender bien si me enojo por lo que
hice o porque no pasó lo que esperaba. Y ahí me cae la pregunta molesta como
una espina que no se ve pero se siente “¿qué quería lograr con eso? ¿Para qué
lo hice?”. La decepción más grande, mi traición más grande es hacer (o decir)
cosas no por el hecho en sí, sino por su consecuencia. Mismo esto, no sé si
quiero decir lo que digo o que pase algo por estar acá.
Por otro lado, si espero que pase algo concreto, ¿por qué no
hacerlo directamente? ¿No soy yo la que se jacta de ser directa, la que
aconseja sin parar que el tiempo no se pierde? Mierdas, puras mierdas. Si
estuviera hablando con María Teresa seguro diría “lo que necesitás no lo proponés
concretamente”, “querés que pase algo en tu vida y escribís en un blog, ¿no es
una ambivalencia?”. Yo te digo, tenés razón, pero son las 16:30 y yo ya no sé más
qué hacer.
Lo curioso es que no sé si soy más parecida a María Teresa o a Enrique. ¿Qué carajos?
(Lo más importante es que en una semana veo a Poxyclub)
jueves, 15 de agosto de 2013
El "no" ya lo tenés. Siempre
- ¿Por qué siempre tu respuesta es “no”?
Le podría decir tantas cosas, y le quiere decir una sola,
pero con ese hilo de la libertad que quisiera romper, se ata la boca y no lo
deja saber que si él le acaricia la piel, ella se enamora.
A veces me imagino que alguien lee y te pido mil disculpas, che.
jueves, 8 de agosto de 2013
Tope
Si te estás pareciendo a María Teresa, ESE es el tope.
Genialidad del Niño Rodriguez
Igual todas tenemos algo de María Teresa, se sabe.
miércoles, 7 de agosto de 2013
La justicia vestida de negro
Parada en el centro de la sala, veía a la gente entrar.
Llegaban todos tan bien vestidos, contentos o aparentando, era imposible darse
cuenta. Mientras se acomodaban orgullosos en sus asientos, cada uno tenía la
expresión de estar recordando todo aquello que le tocaba decir. Eran como actores
recordando orgullosos sus líneas. A pesar de que estaban ahí por ella nadie
siquiera levantó la mirada para verla. Todos vanidosos, chismoseando y regocijándose
en su gloria la ignoraban. Casi no parecía que venían allí a sentenciarla. La
justicia había llegado, decorada con vestidos apretados, excesivo maquillaje y palabras
de más.
El ruido de un golpe la distrajo de la multitud. Se dio
vuelta y vio la tarima donde estaba su verdugo, encapuchado como corresponde,
esperando ansioso para dar la sentencia. El silencio entró como un invitado a
la ceremonia, y los presentes se acomodaron para dar comienzo al festejo. Uno a
uno fueron relatando sus argumentos, sus confesiones, sus reproches y reclamos.
Con desdén la voz de algunos se alzó por las demás. El caos se hizo presente a
tal punto que para la protagonista era imposible distinguir aquello que decían.
Sólo llegó a escuchar palabras sueltas como “soledad”, “fiesta”, “alcohol” “lástima”,
que ya de por sí le dieron asco. Entre las personas pudo distinguir gente que
lejos estaba de calificarse como “amiga”, algunos otros que sí lo eran, por lo
que supuso que estaban allí para lograr una resolución diferente a la conocida,
y algunos otros desconocidos. Éstos últimos, al verlos, le pareció que estaban más
altos que el resto, sintiéndose más de lo que realmente eran: insignificantes.
Enojada y frustrada comenzó a gritar, les contestó y les
dijo lo que seguramente había querido decir hace ya mucho tiempo. ¿Por qué
ahora? Porque no había nada más que perder. Dijo lo bueno y lo malo. Cantó las
falsedades que veía, la poca vida, según su concepción de la misma que había en
la sala, la frialdad que estaba brillando bajo sus lujosos vestidos. Dijo los
te amo que a veces calló, agradeció las manos que la habían sostenido y se
disculpó por no haber hecho más, por no haber peleado como debería. Aconsejó a
todo el auditorio que no perdiera el tiempo. ¿Se estaba despidiendo? ¿Había
aceptado una sentencia no oficialmente declarada, pero sentada a su lado, invisible?
¿Quería cambiar algo? Nadie lo entendía, pero lo cierto es que a nadie le
importaba. En ese instante se dio cuenta: no eran ellos los que creían que podían
decidir si su vida continuaba o no (aunque de alguna forma u otra, algunos de
los presentes quizá sin saberlo realmente tenían ese poder). El que lo creía
era el encapuchado. Volteó la cabeza y le gritó que dejara a un lado su cobardía.
Si su disfraz era la muerte, que mostrara su verdadera cara. La persona tras la
tarima obedeció, quitó su capucha y allí estaba ella mirándose frente a frente,
con ella misma. La pobre podía sentir la mirada de todos en su nuca, sonriendo,
hasta que el ruido de las butacas se intensificó y los vio irse a todos, como
robots que habían terminado su tarea.
Quedaron solas. Y la sala quedó a oscuras, salvo por una
pequeña mesa iluminada en una esquina, con dos sillas enfrentadas. La antes
encapuchada se sentó y le hizo un gesto para que se sentara. Acto seguido le
dijo:
- Dejame convencerte de que es lo mejor. Lo que te toca lo
elegiste vos.
- ¿Y si te convenzo yo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
