jueves, 25 de abril de 2013

La piecita


Como todos los viernes, Don Julio, un hombre de 65 años que vivía en las afueras de la ciudad, salió a su paseo matutino para comprar el diario y la comida para algunos días. Serio y en apariencia austero se acercó al pueblo sin hablar con nadie, haciendo cada tanto algún gesto con la cabeza a modo de saludo cordial. La gente mayor era la única que lo saluda amablemente: se escuchaba de fondo algún “”Buen día, Don Julio. ¡Qué alegría verlo!”. Los chicos, sin embargo, eran los más reacios a acercarse a él, incluso algunos llegaban a temerle. ”Se teme lo que no conoce, o lo que no se deja conocer” era uno de los comentarios más populares entre los padres.
La verdad era otra. Aquellos que daban un cálido saludo a Don Julio eran quienes habían llegado a conocerlo en otra época, y quien lo ve, casi podría decir otra vida. Su casa solía ser muy transitada por viajeros que venían para conocer el lugar. Ellos disfrutaban de una acogedora estadía, en la que entre la risa y el mate se forjaba una amistad. En esos tiempos Julio no vivía solo,  la casa se iluminaba además con la presencia y los cantos de su hermana, Rosita, una mujer que se caracterizaba por su amabilidad, contagiándola al resto. El tiempo pasó, pero Don Julio no se olvida todavía de aquel día en el que una fuerte discusión con Rosita hizo que se fuera sin mirar atrás, y, quizás por la distancia o un poco de orgullo, nunca más volvieron a hablar. Todos los días, él se arrepentía, pero “ya es tarde” se decía a sí mismo.
Al volver de su paseo, nuestro protagonista, se sentó en la mesita de su pieza, a la que alguna vez habían denominado “la piecita, humilde pero feliz”, a recordar aquellos momentos. Ya no había visitantes; en la casa sólo quedaban algunos cuadros de ellos y colores en las paredes de la alegría que habitó alguna vez esa pieza. El ruido de la puerta los distrajo de sus pensamientos, y al abrir la sorpresa fue mayor. Dos personas, una mujer y un joven lo esperaban del otro. Los observó durante unos segundos en los que ninguno habló. Habían pasado muchos años, incontables, pero había algo que no había cambiado: los ojos que le devolvían la mirada eran las de su hermana.
- Él es tu sobrino – dijo Rosita, señalando al muchacho con una sonrisa – Feliz cumpleaños – agregó.
Don Julio, que pensó que quizás no era tarde, sonrió como hacía tiempo no lo hacía, y con un gesto los invitó a pasar a la famosa piecita, ahora de nuevo humilde pero feliz. 



(Consigna: 15 renglones. Resultado: el doble)

sábado, 20 de abril de 2013

Reaparecer

Amigo, tanto tiempo pasó que ya me olvidé de cómo hablarte. O eso pensaba hasta que con el solo hecho de reencontrarte me di cuenta de que por estas letras sueltas y mezcladas sin tono ni silencios me conocés mejor que yo. La distancia no niega una amistad. No se basa en el pasado, mucho menos ese que es vacío de sentido actual, donde lo que era desapareció. Los temas tabú son implícitos pero si hay que ponerlos en la mesa no hay nadie mejor que nosotros, sabemos esconderlos y ser directos a la vez.
Al principio creí que no iba a ser más que una mera formalidad, donde se diga solo lo que quiera que se sepa, pero vos supiste sacarme más. Te digo todo, sin nombres, como ejemplos o ficciones, a pesar de saber que nos entendemos. Tu memoria queda grabada y cada vez que volvés a refrescarme alguna anécdota risueña me río como tonta, con una mueca nostálgica que roza lo cursi.
Hoy que las obligaciones más lindas me sacan un poco de vos te extraño. Claro que nunca te lo voy a decir, porque para mí es algo tan tabú como todo lo demás.

Mis silencios con vos, amigo, no son tales. Quizás las palabras no se hacen físicas, pero creeme que siempre volás en mi mente.


Viajemos un poco, aunque sea por unos minutos, a un lugar donde nos reencontremos...


martes, 16 de abril de 2013

Llegó el correo

Siempre fui muy mala para hacer regalos. Por suerte mi hermana es excelente:




El vicio, felizmente, no tiene límites.

domingo, 7 de abril de 2013

La mejor noche de la vida

Gracias parece insuficiente.




Porque como bien dicen ustedes: "Mueve, une, sana y calma; música, llenás mi alma. No es la voz de mi conciencia, pero me puede guiar. No es medicina, no es ciencia, pero me sabe curar."

Hasta la próxima, NTVG.

jueves, 4 de abril de 2013

Ser honesto

"Ésta que la escucho mientras otro se la mueve"

martes, 2 de abril de 2013

Sin vueltas (casi)


Hace mucho que no sentía que escribir es en vano, y hoy me tocó de nuevo. Y es que si la teoría dice que todo vuelve, se venía venir, ¿no? Ojalá esto no lo leyera gente conocida (sin ofenderlos ni menospreciarlos), pero sería distinto si pudiera decir cosas que algún que otro día se atragatan y molestas cual papa frita mal masticada.
Yo asumo parte de la culpa y del error de creer que por poner todo en un pedazo de papel se va a ir o borrar, fuera lo que fuese, cosas buenas, malas, recuerdos, sueños, miedos, odio, etc. Lo único para lo que sí sirve es para verlo algún tiempo después y con mucha suerte ver lo estúpida que eras en ese entonces, sentir alguna suerte de progreso y que funcione como motivación para seguir en ese camino. Ni hablar si lo que pasa es todo lo contrario: leer lo que fuiste en ese entonces y sentir que eras mucho mejor que ahora, que no te gusta como sos y que eso que eras o que tenías y que te hacía ser así no lo podés volver a tener. Ahí te quiero ver, pichi. A veces son pequeños lapsus de estupideces en los que escribo una palabra suelta en una hoja, o una fecha, o el título de una canción, o una frase o un nombre, o lo que fuera solo para que por lo menos por unos minutos pase de estar en la nada, en mi mente, a algún lugar físico, el papel y ver que de alguna forma está ahí y es real. Ya sé, mi locura no tiene límites, y menos si es publicada acá. Algunas de esas veces termina rápido, y después de 5 minutos (o menos) miro el papel con la mejor expresión de “qué pelotuda que sos, mi vida” y todo vuelve a la normalidad, sea lo que eso sea.
El verdadero problema es cuando una palabra no alcanza, y quiero sacar más de lo que tengo en la cabeza, quiero contar cosas que siento que tienen que volver a volverse físicas aunque sea por un rato, y ahí entran ustedes conocidos no invitados (e invitados también, ¿para qué discriminar?). No quiero que las sepan, pero todos me malacostumbraron y ya no funciona que queden escritas en un archivo en la computadora para que sólo lo lea yo tiempo después (cosa que no hago ni haré).Ahora es en vano escribir si no es para nadie más que para mí. Ya no queda como algo físico si otros no lo ven.
No sé si lo que digo es cierto, o es un juego pero sea como sea es una lástima porque no puedo contar lo que realmente quiero.

A los que se preguntan “¿qué mierda es esto?”, les respondo: las consecuencias de que un par de películas de feriado te quemen la cabeza.

A los que dicen: “esto es una mierda”, les digo: sí.