Te envidio. No tenés límites, podés decir y hacer lo que
quieras, con la más humillante libertad. Me encantás. Estás prohibido por miles
de razones, y una nueva razón me hace quererte más. Sos asquerosamente libre y
relajado. Me enloquecés porque, para mí que soy la persona más estructurada que
conozco, sos lo único que no puedo controlar en mi vida. Sos lo que más deseo y
lo que más alejo, porque para novelas y canciones hay que tener historias. Te
quiero ver y por eso no te veo. Imaginate que si es difícil resistirte a esta
distancia, ¿cómo hago a pocos centímetros de tu perfume?
Estoy dispuesta a callarme el resto de mis días, si con eso
consigo escuchar un susurro tuyo cerca mío.
¿Cómo hacés para decir lo que sentís sin que te importe nada?
¿Cómo hacés para decir lo que sentís sin que te importe nada?