viernes, 27 de mayo de 2011

Ambigüedades, sin ningún sentido

Particularmente, una de las cosas que me maravillan (y me parecen más útiles) del lenguaje es la ambigüedad. Por supuesto, como todo, esa útil característica del lenguaje puede servir para lo bueno y lo malo. Es escritos, como los de este blog, sirve para mensajes subliminales y otras cosas (como el famoso “doble sentido”), que es claramente lo bueno. Pero también trae problemas. Muchos problemas. O no, porque quizás son problemas para alguien solamente, y entonces, quizá (y solo quizá) no sea considerado un problema.
Ejemplos sobran, pero con un par creo que dejo claro lo que digo:

“siempre, siempre fuiste vos” Como diría Les Luthiers: Analicemos la frase.
Siempre quiere decir “en todo o en cualquier tiempo”. Pero si “siempre” significa eso, hay una clara contracción con “fuiste”. Supongamos que se quiso decir algo así como “desde tal fecha hasta ayer”. Lo más divertido es el qué, porque lo que anteceda a esa frase puede darle millones de significados diferentes. A modo de ejemplo:

La pelotuda siempre, siempre fuiste vos.
La culpable siempre, siempre fuiste vos.
La que se hizo la película siempre, siempre fuiste vos.

El segundo (y último) ejemplo: “y gracias”. En este caso también se puede creer tanto cosas buenas como cosas malas, Ejemplifico:

Corro dos veces por semana, y gracias.

Esa afirmación puede significar dos cosas: que no me gusta correr, pero que por obligación tengo que correr dos veces por semana; o que sí me gusta correr, pero que, por ejemplo, por falta de tiempo, no puedo correr más que dos veces por semana. Claro, el ejemplo es trivial, pero si no lo fuera podría crear más de un problema.

Estas ambigüedades, que pueden tener miles de sentidos, no tienen ninguno. Ya no son problemas, porque sea como sea lo dicho, dicho está y ya pasó.
Lo dije, lo repito y lo voy a seguir repitiendo: cuidado con lo que decimos.

jueves, 26 de mayo de 2011

Sueño eterno y fingido

Vos acostado. Yo mirándote. La ventana que deja entrar la noche oscura y lluviosa, con un cielo naranja que se ilumina como amenaza cada tanto. ¿Servirá esa gota fría que golpea tu rostro para despertarte del sueño en el que vivís? ¿Preferís la luz del Sol que, de tan caliente, quema tus pupilas, incluso cuando tus párpados están cerrados?
No es que la naturaleza sea bruta, es que para vos todo es un ataque. Como aquella caricia que alguna vez te di, y que, por ser tan sensible, tu piel se tiñó de violeta. No abras los ojos mejor, si no querés que mi mirada atraviese tu pecho y que mis lágrimas inunden tu cuarto.

miércoles, 25 de mayo de 2011

#Pasacalles

Con esto de que los pasacalles polémicos se están poniendo de moda, ¡me dieron unas ganas de hacer un par que ni te cuento!

martes, 17 de mayo de 2011

Catarsis

Shklovski, Tinianov, Trotski, Mukarovsky, Voloshinov, Medvedev, Bajtín, Lukács y Adorno: les tengo TERROR.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ojos vendados


Hoy no alcanza con cerrar los ojos. Las tentaciones son muchas y los abro sin querer. Ignoro lo malo, y veo (o creo ver) lo bueno. Pero empecé a preguntarme: si hoy me vendara los ojos. ¿te reconocería igual? Si no estuviera tu rostro como prueba de que sos vos, ¿tu voz hablaría igual? Aquello que siempre vi, sin ver, en vos, ¿seguirá latente? Es necesario cerrar los ojos, y vendarlos para evitar abrirlos. No es otra que tu imagen la que confunde, la que pretende ser un  pasado que no existe. Son tus ojos los que miran, o fingen mirar, igual que ayer y que siembran incertidumbre en mí. ¿Habrás sido vos el que viajó? Y entonces te dejo de ver, cuando algo fuera de lo común irrumpe en la imagen. El presente vuelve al hoy, y el pasado a mi memoria, Todo sigue funcionando como un reloj, siempre y cuando la venda no se salga. No me saques la venda, que con ella puedo distinguir que no sos vos. No te reconozco. Y es eso lo que no quiero, no te quiero reconocer.

Quote: "ojos que no ven, porque no quieren verte".

Las palabras no pueden callarse


Qué dificíl es, a veces, entender que las palabras que usamos pesan más de lo que creemos. Uno puede pensar que no importa cómo lo diga, lo importante es decirlo, y yo creo que no es así.
El problema es cuando nos dejamos llevar completamente por lo que sentimos, y no controlamos cómo decimos las cosas. Cuando estamos con dolor, felicidad o bronca quizá ni pensamos que cómo lo decimos, y eso es un error. ¿Qué tiene decirlas de una manera u otra? Que se graban de otra manera. No creo que lo mejor sea decir “no todo pasa por vos” cuando lo que querés decir es “no estoy enojado con vos”. Son diferentes. Se siente diferente.
Yo no creo que todas las personas lo hagan intencionalmente, incluso algunos seguro lo hacen con intención de “no lastimar”. Pero… si es así, ¿por qué hoy cuando intentás acordarte de alguna situación se te vienen a la mente algunas frases sueltas? Esas frases te marcaron más de lo que creés. No sé, intentá parafrasear. Intentá controlar y pensar un poco más antes de hablar.
Y no siempre se marcan para mal. Puede pasar que esa frase que por ahí parecía insignificante en su momento, hoy te la acuerdes de una forma diferente. Te marcó.

Yo repito. Yo insisto. No siempre somos conscientes de lo que podemos llegar a causar en el otro. Cuidá tus palabras.

domingo, 8 de mayo de 2011

Pasa en las películas, no pasa en la vida

¿Ubicás "500 days of summer"? Un chico que conoce a una chica. "Pero deberían saber que esta no es una historia de amor" (o algo así). Le falta algo así a la vida ¿no? Aunque sea en letras chiquititas, como una suerte de condiciones de uso. O por lo menos fecha de vencimiento. Voy a demandar a alguien, ¿dónde está el teléfono del soporte técnico?

viernes, 6 de mayo de 2011

Delirios de medianoche


Humo y oscuridad por doquier. Se siente mucho ruido y no se escucha nada. Miedo. Una mesa con mantel blanco. Palabras que salen sin crontrol, y respuestas que ya no suenan. Latidos.

Viernes disfrazado de sábado. Un viento que trae aroma a cantero seco, un reloj que finge las 4. Viento fuerte que despeina en una cuadra de silencio, que por momentos se rompe por el ruido de un collar sacudiéndose. Risas cómplices. Palabras silenciosas. Caminatas sin rumbo. Imágenes borrosas.

O quizás cemento y pasto. Confusiones y palabras entrecortadas y sin sentido. Dudas. Firmeza. Miradas que van, y miradas que casi no vuelven. Pasos lentos, que no retroceden.