jueves, 27 de octubre de 2011

Hablá, ahora


Ok, llegó otro de esos días en que quiero escribir… no, vomitar todo lo que se me cruza por la cabeza. (Prometo tratar de poner filtro a lo que lo amerite)
Qué difícil es desnudarse. (Seguro pensaste “al carajo”. Bueno, puede ser, pero no) Me refiero a desnudar lo que sentís. Hay tanta mierda dando vueltas que nos condiciona tanto pero tanto que no permite que saquemos o digamos lo que sentimos. Y sí, seguro es un pensamiento muy minita, ¿y sabés qué? Me chupa un huevo.
Es verdad que hay cosas que si las pensás no las hacés, pero yo creo que hay cosas que no decimos por pelotudos. No me refiero a cosas malas, me refiero a cosas que nos pasan. Y no siempre queremos soluciones, no siempre son problemas. Son datos. Son hechos. Lo importante es decirlo, sacarlo, muchas veces sin importar la respuesta del otro. Solo queremos que el otro lo sepa. Pero no lo decimos, repito, por pelotudos. Quizá por miedo a lo que piensen, quizá por miedo a nosotros mismos, pero callamos.
Bah, no siempre callamos, pero son pocas (sobre todo en las minitas) las veces que decimos lo que queremos decir. Somos medio incontrolables, y como sabemos que tenemos que callarnos intentamos decir sin decir, o no decir pero dar a entender. Qué jodidas que somos, la puta madre. El problema de la minita, bah, mi problema minita no es tanto decir sin decir. El problema posta es que la minita lee todo como si fuera dicho por una mina, y nunca lee todo literal. Nunca. No importa si te dijeron “que lindo tenés el pelo” o “me gustás” o algo más importante, siempre buscamos la manera de que lo leemos no sea lo que se dice. Y no te digo que leemos lo que queremos, porque por ahí nos dijeron algo bueno y nosotras lo transformamos en algo malo, y viceversa. Analizamos todo tanto pero tanto, que por ejemplo, alguien nos dijo sólo dos palabras y nosotras hacemos una tesis doctoral sobre eso. Dos palabras, eh. Mínimo tenés media hora de colectivo hablando de esas dos palabras. Y un análisis digno de estudiante de psicología. Y qué irónico es que podamos hacer tal discurso para dos palabras, pero cuando nosotras tenemos que decir dos palabras, no hay forma de que las digamos.
¿Por qué no podés simplemente decir “me gustás”? Nada, eso. ¿Y sabés qué? Estaría bueno empezar a hacerlo, porque como diría NTVG: “disfrutá, tal vez mañana no estés más”.

No hay comentarios: