Los primeros días nos reímos hasta las lágrimas, porque éramos
dos locos que vivían solos en un mundo aparte. Yo me colgaba de tus reflejos y
vos jugabas con mi humor. Los cambios fueron chicos, imperceptibles y silenciosos.
Fue la jugada maestra del peor enemigo, que se acercaba acechando tan despacio
pretendiendo (y logrando) que nos acostumbráramos a su presencia. Supongo que
fui yo sola la que se acostumbró. Ese maldito tiempo te desgastó y yo cegada
porque mi mundo se abría por otro lado. Yo pensé que volaba, pero me estaba cayendo
y me di cuenta cuando no pude controlar la situación. Fue cuando te vi y no pude
leer tus ojos, que miraban perdidos y un poco tildados la nada. No respondías, o
lo hacías sólo por inercia. Yo también me pregunto hoy qué fue lo que no me hizo
reaccionar en ese momento; cada tanto me reto y me digo que yo misma me mentí diciéndome
que no te pasaba nada, y otras veces me miento diciendo que fue tu sonrisa la que
fingía tan bien como para callar tu mirada.
Creo que ahí fue cuando me di cuenta que el mundo que creí aparte
eran dos, el tuyo y el mío. A lo mejor si hubiésemos abierto alguna puerta para
unirlos… No, hay enemigos que no se vencen ni se pueden engañar. Son esos virus
que se disfrazan como tus ojos, y que a la larga siempre ganan.
Hace unos días fue más el frío que sentí porque no estabas
que el que entraba por la ventana. Te quise reemplazar pero fue imposible, no
te voy a engañar.
“No consigo lo que quiero pero lo sigo intentando; en el
fondo no te tengo, yo te quiero aquí a mi lado. Luché mucho por tenerte y te me
sigues escapando, ya no sé lo que me pasa estoy muriendo aquí esperando. Tengo
ganas de abrazarte y en mis manos ya tenerte. No controlo mis acciones, no te
saco de mi mente. Tus colores, tus fragancias no se encuentran en la gente.
Nuestras aves ya no cantan y el tiempo se me detiene.”
Gracias por volver, PC. Prometo cuidarte un toque más y no
hacerte tan mierda. (¿vieron? Yo también puedo ser una enferma mental)
No hay comentarios:
Publicar un comentario