- Mirá a tu derecha, como te conozco estoy segura de que el amor de tu vida
acaba de entrar.
Le hice caso, como suelo hacer, porque mi curiosidad puede más
que mi resistencia. Lo miré una vez, volví mi mirada sobre mi copa, tomé un
sorbo y lo volví a mirar.
- Listo – contesté completamente fría.
- Dah, ¿me vas a decir que no te gusta? Esperaba un poco más
de entusiasmo, conociendo tu reacción frente a amores platónicos. Algo de
violencia, quizás.
Después de mi silencio de un minuto, agregó:
- Lo miraste dos veces, no me lo podés negar – con una
sonrisa cómplice.
- Sí, me gusta y lo miré dos veces para ahorrarme una
historia. La primera que empezaría la historia y la segunda para cerrarla, en
la que yo sea la que mire para otro lado sin voltear la cabeza. Me ahorré
peleas, discusiones, tiempos, silencios incómodos, infidelidades. ¿Sabés lo
caro que sale eso, después? Soy una minita, genia, pero minita al fin.
- Sos la Cristina Yang
de mi vida. – me contestó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario