Me levanté sin ganas de cargar al universo con
responsabilidades vanas. Tiene tanto de qué ocuparse que imagino no merece
acordarse de hacer que este sea un buen año para mí. ¿Por qué me empecino en
pensar que por arte de magia tiene que mejorar la situación? ¿Por un cambio de
número? ¿Por un día más que ayer? Y vuelvo al miedo de aceptar que no es más
que mi responsabilidad la causa de lo que pase. ¿Pero es que uno no quiere ser
feliz o disfrutar? Es que a nadie le gusta el esfuerzo, ni el riesgo de perder.
Frente a esa posibilidad prefiero quedarme como estoy: no gano, seguro, pero no
pierdo ni lamento.
Así es como, sí por arte de magia, surge el motivo de
escribir para nadie. No sé si me llena que leas o no, no sé si me interesa que
sepas de mi vida. Escribo para que no se borre.
Lo que pasa fugazmente por mi cabeza, como quien pasea una
tarde de verano sin ver ni conocer nada de lo que lo rodea, queda fijo acá, en
una suerte de papel, y más aun si lo leés. Nadie puede decir que no existió
porque genera un lugar para los reclamos. No quiero ser yo la única que reclame
mi propia responsabilidad, porque ya todos sabemos que me gusta escaparme de
todo lo que me supera, de todo fracaso que me abraza, y es fácil hacerlo de mi
otro yo. A lo mejor sí escribo por vos, para que algún día tus ojos me juzguen.
No es por repetir, pero sabiendo el miedo que me genera un
papel en blanco, el terror que le tengo a que me juzguen, y el pensar que del
miedo lo único que se tiene que sacar es la motivación para que lo que se teme
no sea real, imaginate el pavor que me genera una gran pared en blanco frente a
mí de 365 días. La que única que tiene el pincel soy yo.
Nos la pasamos saludando con un “feliz año” a todos los que
apreciamos, pero a fin de cuentas, la cosa corre por uno mismo. ¿Sería como un “hacé
de este 2013 un año que valga la pena, no seas boludo”?
Ahora, y con la cordura por el piso cual Amnesia después de
ver a José, te digo: a fin de año, si esto sigue abierto voy a volver sobre mis
pasos, o sobre mis palabras (cosa que odio profundamente) sólo para ver si hice
de mi año uno que valiera la pena o si, por el contrario, me tenés que juzgar con la mirada. En una
de esas felicito a mi yo del pasado, como hice hoy.
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