Y llegó el último
día del año.
Nunca fui
fan de los balances del año, pero visto y considerando que últimamente la
gente hace cosas que nunca hubiera hecho, acá va:
Fue un año
de mierda. Fin.
Me senté en
el piso con un montón de fotos mentales de todo este 2012 dispuesta a hacer un
balance, de esos que a nadie le interesan, y para guardar las fotos que sirvan
y quemar las otras.
Mirando las
fotos me di cuenta que el año definitivamente había sido negativo pero había
cosas para rescatar. Unas buenas vacaciones, al mejor estilo gran hermano: that’s
a keeper. Haber encontrado por fin lo que quiero para mi vida: memorable. Para
borrar de mi vida también había miles: enfermedades, operaciones, discusiones y
demás.
Después de
seguir evaluando y guardando juntadas y Paralell en vivo, una de las fotos se dio vuelta sin querer y me sorprendí: atrás había otra,
pero no era real. Era una foto mía sobre una cuerda. Instantáneamente di
vueltas todas y efectivamente la cuerda seguía. Algunas eran espantosas y con
mucho vértigo, a punto de caerme al vacío, pero otras es un equilibrio
envidiable. Esas últimas, curiosamente, coincidían con los momentos de cambio más
radicales en mí. Eran personales. Eran la mejor imagen del orgullo que sentía
por hacer cosas que en otro momento no hubiera hecho, por haber avanzado más de
lo que quería y con mucho menos esfuerzos.
Puedo decir que fue un año de mierda, pero si en tan mal año pude perder el miedo y dar un buen giro a las cosas, ¿qué tan malo puede ser el 2013?
Y como siempre, el clásico mensaje de fin de año de Soñar es gratis:
Cobrale al 2013 todas las risas y sonrisas que el 2012 te debe.
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