Le dije una vez a una amigo una frase que no sé si en ese
momento creía, pero él lo necesitaba. Qué ironía que cuando él me la dijo no
sentí más que asco. (Además hoy no sé cuánto de amistad había ahí en realidad).
La frase fue “las cosas pasan por algo”. Debo confesar que no sé ni por qué la
dije, porque yo sabía exactamente por qué pasaban las cosas estando del otro
lado, y no estaba ni un poco feliz con la situación, pero pasaron. (Soy de esas
personas molestas que se meten. No, corrección: era.)
Hoy no sé si las cosas pasan o no “por algo”, pero me parece
un poco (felizmente) curioso que después de algún que otro fracaso, en el
momento en que estaba cansada de muchas cosas y que sentía que realmente no podía,
alguien expresó con palabras que confía en mí.
“Vas a ser una excelente docente” es una de las frases que
hoy casi me hace llorar.
El placer que siento de tener una docente que vale la pena y
que es un modelo a seguir es inexplicable.
(Claro que también tenés la loca que le dice a su alumna “¿Vos
sos enferma?” que también es un modelo… de lo que nunca quiero llegar a ser).
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