Admitámoslo. Yo sabía que no quedaba otra opción más que
inventarnos una despedida de buenas noches. Era la única forma en la que cada uno se quedara con
lo que esperaba, y soñara con una realidad paralela. Ahora podemos caminar sin
voltear la cabeza, como lo hicimos alguna vez donde el orgullo pudo más.
Hoy dejamos todo atrás, para que lo único que quede sea la
ruta que tenemos enfrente mintiéndonos un poco, repitiendo en nuestra mente que
nunca hubo una bifurcación y que no estás en una calle si miro a la derecha.
Dormí pensando que si el silencio dura, el odio no existe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario