- Centro Sueño de Vida, buenos días. Habla Lira.
- Buenos días, Lira, quería pedir un turno para lo antes que
puedas.
- Podría ser esta madrugada, a las 3 de la mañana.
- Sí, perfecto, ese. ¿Tengo que llevar algo?
- Sí, cualquier medicación recetada para dormir que esté
tomando. Un cuaderno con los últimos tres sueños que recuerde. Y un papel escrito
de su puño y letra, donde especifique cuanto más pueda sobre lo que le gustaría
soñar. Le recomendamos venir media hora antes de su horario, y, por supuesto cuanto
más cansado y relajado pueda asistir, más efectivo será el resultado.
- Buenísimo entonces. Muchas gracias por su atención, Lira.
- Gracias a usted, que tenga un buen día.
Centro Sueño de Vida, clínica
experimental.
Llegué a eso de las 2:20, en primer lugar porque la ansiedad
me atrapaba, y en segundo lugar, temía que el sueño me venza. Era una sala
redonda, con pequeños sillones pegados a las paredes y una suerte de radio en
el centro. En uno de los costados estaba la recepcionista. Me acerqué al
mostrador, donde una rubia muchacha de unos veintilargos llenaba, de manera
increíblemente rápida, algunos formularios.
- Buenas noches – pronuncié al ver que no se había percatado
de mi presencia, de igual manera que el resto de los presentes. La muchacha
levantó la vista y me miró por encima de sus lentes.
- Mi nombr.. – la rubia me interrumpió antes de que pudiera
decir más.
- Sin nombres. Nos manejamos por turnos, apodos, números u
alguna característica especial del archivo.
- Vengo por el turno de las 3 de la mañana – debo confesar
que me sorprendió su rapidez al hablar, así como su frialdad que contrastaban
con su gentil rostro.
- Sus papeles, por favor. No, ese quédeselo – dijo señalando
un pequeño trozo en el que había escrito lo que quería soñar – Siéntese por
favor, y relea su papel tantas veces como pueda hasta ser llamado. Si lo desea
puede utilizar alguno de los auriculares que disponemos para mejorar su
relajación. Conéctelo al equipo y seleccione la música deseada.
Obedecí prácticamente al instante, respondiendo sólo con la
cabeza. El tono de su voz era suave, pero al escucharla sentí un escalofrío,
parecía un disco. Me senté, tomé los auriculares y escuché. Con un poco de
miedo leí nuevamente el trozo de papel. Gran ironía era querer soñarlo pero no
poder leerlo, las imágenes venían solas a mi mente y los recuerdos florecían
como en primavera. Intenté, por vergüenza más que por deber, no dejar caer ni
una lágrima. Pasaron unos cuantos minutos y, luego de apagarse la música, esa
voz me distrajo:
- Señor, es su turno.
Entré por una puerta a un cuarto más chico lleno de máquinas
y cables. En el centro había una camilla, que lejos de ser normal parecía
bastante cómoda. Tras unos momentos entró un doctor. Era un tipo de unos
cincuenta años, canoso, serio y un poco más alto que yo.
- Tome asiento – me dijo al mismo tiempo en que él se
sentaba en una silla de oficina que había detrás de alguna de las máquinas –
Bien, en primer lugar déjeme explicarle un poco el procedimiento. Usted se debe
acostar en la camilla, y va a leer por última vez lo que leyó los últimos minutos.
Luego lo dormiremos, es más efectivo si usted se durmiera naturalmente pero
dada la cantidad de pacientes que tenemos no podemos llevarlo a cabo de esa
forma. Nosotros nos encargaremos de generar su sueño, tal y como usted lo
describió. Al respecto, antes de empezar borre de su papel todos los datos
personales o acontecimientos que no sean relevantes a lo que usted quiere ver.
Eso facilitará nuestra tarea. El proceso no debería tardar más de cuatro horas,
incluso podría tardar menos si se dan las condiciones necesarias para lograr el
efecto deseado. – me di cuenta que la costumbre de hablar rápido excedía la
recepcionista. Me costó seguirle el ritmo y no interrumpirlo, y cuando estuve
seguro de que su discurso había terminado hablé:
- En realidad yo quisiera.. Bueno, para ser sincero... No
quiero despertar – sentencié.
El doctor me miro perplejo.
- Entiendo que para usted sea una sorpresa, pero mi idea es
más que un sueño. Yo necesito que el efecto, o el proceso dure indefinidamente.
Yo necesito mi vida de nuevo, la necesito de nuevo.
- No es el primero y supongo que no será el último en
reclamar su vida. Y se la daremos, se lo aseguro. – Tendió su mano para estrecharla con la mía, y lo
hizo tan fuerte que no me inspiró nada de confianza. Sin poder contenerme pronuncié:
- Me gustaría explicarle el motivo de est.. – nuevamente no
pude terminar mi frase. Las costumbres del lugar no me convencían
del todo, pero era mi última oportunidad.
- No, recuerde que no nos sirve nada personal para este
experimento. – La última palabra captó toda mi atención. Si bien sabía en dónde
me había metido, escuchar la palabra “experimento” de su boca me inquietó un
poco. Por fin era literalmente una rata de laboratorio.
Me recosté en la camilla y confirmé mis sospechas, ya sea por
el experimento o no, era de verdad inexplicablemente cómoda. El doctor, parado
al lado de la camilla, conectó unos cables a la máquina y acercó una suerte de
cápsula a mi cabeza.
- Lea lo que escribió, intente imaginar tanta cantidad de
detalles como le sea posible, y cuando termine cierre los ojos inmediatamente.
Tragué asustado, respiré profundo y leí otra vez el maldito
papel. Cerré los ojos y, sin poder evitarlo dos veces, una lágrima cayó mojando
la cama.
(Continúa acá)
1 comentario:
=O
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