lunes, 21 de noviembre de 2011

Sueño de Vida

- Centro Sueño de Vida, buenos días. Habla Lira.
- Buenos días, Lira, quería pedir un turno para lo antes que puedas.
- Podría ser esta madrugada, a las 3 de la mañana.
- Sí, perfecto, ese. ¿Tengo que llevar algo?
- Sí, cualquier medicación recetada para dormir que esté tomando. Un cuaderno con los últimos tres sueños que recuerde. Y un papel escrito de su puño y letra, donde especifique cuanto más pueda sobre lo que le gustaría soñar. Le recomendamos venir media hora antes de su horario, y, por supuesto cuanto más cansado y relajado pueda asistir, más efectivo será el resultado.
- Buenísimo entonces. Muchas gracias por su atención, Lira.
- Gracias a usted, que tenga un buen día.

Centro Sueño de Vida, clínica experimental.

Llegué a eso de las 2:20, en primer lugar porque la ansiedad me atrapaba, y en segundo lugar, temía que el sueño me venza. Era una sala redonda, con pequeños sillones pegados a las paredes y una suerte de radio en el centro. En uno de los costados estaba la recepcionista. Me acerqué al mostrador, donde una rubia muchacha de unos veintilargos llenaba, de manera increíblemente rápida, algunos formularios.
- Buenas noches – pronuncié al ver que no se había percatado de mi presencia, de igual manera que el resto de los presentes. La muchacha levantó la vista y me miró por encima de sus lentes.
- Mi nombr.. – la rubia me interrumpió antes de que pudiera decir más.
- Sin nombres. Nos manejamos por turnos, apodos, números u alguna característica especial del archivo.
- Vengo por el turno de las 3 de la mañana – debo confesar que me sorprendió su rapidez al hablar, así como su frialdad que contrastaban con su gentil rostro.
- Sus papeles, por favor. No, ese quédeselo – dijo señalando un pequeño trozo en el que había escrito lo que quería soñar – Siéntese por favor, y relea su papel tantas veces como pueda hasta ser llamado. Si lo desea puede utilizar alguno de los auriculares que disponemos para mejorar su relajación. Conéctelo al equipo y seleccione la música deseada.
Obedecí prácticamente al instante, respondiendo sólo con la cabeza. El tono de su voz era suave, pero al escucharla sentí un escalofrío, parecía un disco. Me senté, tomé los auriculares y escuché. Con un poco de miedo leí nuevamente el trozo de papel. Gran ironía era querer soñarlo pero no poder leerlo, las imágenes venían solas a mi mente y los recuerdos florecían como en primavera. Intenté, por vergüenza más que por deber, no dejar caer ni una lágrima. Pasaron unos cuantos minutos y, luego de apagarse la música, esa voz me distrajo:
- Señor, es su turno.

Entré por una puerta a un cuarto más chico lleno de máquinas y cables. En el centro había una camilla, que lejos de ser normal parecía bastante cómoda. Tras unos momentos entró un doctor. Era un tipo de unos cincuenta años, canoso, serio y un poco más alto que yo.
- Tome asiento – me dijo al mismo tiempo en que él se sentaba en una silla de oficina que había detrás de alguna de las máquinas – Bien, en primer lugar déjeme explicarle un poco el procedimiento. Usted se debe acostar en la camilla, y va a leer por última vez lo que leyó los últimos minutos. Luego lo dormiremos, es más efectivo si usted se durmiera naturalmente pero dada la cantidad de pacientes que tenemos no podemos llevarlo a cabo de esa forma. Nosotros nos encargaremos de generar su sueño, tal y como usted lo describió. Al respecto, antes de empezar borre de su papel todos los datos personales o acontecimientos que no sean relevantes a lo que usted quiere ver. Eso facilitará nuestra tarea. El proceso no debería tardar más de cuatro horas, incluso podría tardar menos si se dan las condiciones necesarias para lograr el efecto deseado. – me di cuenta que la costumbre de hablar rápido excedía la recepcionista. Me costó seguirle el ritmo y no interrumpirlo, y cuando estuve seguro de que su discurso había terminado hablé:
- En realidad yo quisiera.. Bueno, para ser sincero... No quiero despertar – sentencié.
El doctor me miro perplejo.
- Entiendo que para usted sea una sorpresa, pero mi idea es más que un sueño. Yo necesito que el efecto, o el proceso dure indefinidamente. Yo necesito mi vida de nuevo, la necesito de nuevo. 
- No es el primero y supongo que no será el último en reclamar su vida. Y se la daremos, se lo aseguro. – Tendió su mano para estrecharla con la mía, y lo hizo tan fuerte que no me inspiró nada de confianza. Sin poder contenerme pronuncié:
- Me gustaría explicarle el motivo de est.. – nuevamente no pude terminar mi frase. Las costumbres del lugar no me convencían del todo, pero era mi última oportunidad.
- No, recuerde que no nos sirve nada personal para este experimento. – La última palabra captó toda mi atención. Si bien sabía en dónde me había metido, escuchar la palabra “experimento” de su boca me inquietó un poco. Por fin era literalmente una rata de laboratorio.
Me recosté en la camilla y confirmé mis sospechas, ya sea por el experimento o no, era de verdad inexplicablemente cómoda. El doctor, parado al lado de la camilla, conectó unos cables a la máquina y acercó una suerte de cápsula a mi cabeza.
- Lea lo que escribió, intente imaginar tanta cantidad de detalles como le sea posible, y cuando termine cierre los ojos inmediatamente.
Tragué asustado, respiré profundo y leí otra vez el maldito papel. Cerré los ojos y, sin poder evitarlo dos veces, una lágrima cayó mojando la cama. 

(Continúa acá)