viernes, 26 de julio de 2013

Talento vivo

"[...] «Y por otra parte los chicos nuevos usan todos computadoras, y en el estante de arriba de todo hay otras tres máquinas arrumbadas, y en el peor de los casos ustedes me avisan y yo la traigo», dice Chaparro, pero no puede seguir porque ella alza una mano y le dice quedate tranquilo, Benjamín, llevala sin problemas, es lo menos que puedo hacer por vos, y Chaparro traga saliva porque hay formas y formas de hablar y de decir, no sólo por las palabras con ese «vos» al final que suena muy pero muy «vos», sino que además hay tonos y tonos y ese tono es el de ciertas ocasiones, ocasiones que Chaparro tiene grabadas una por una con tajos de fiebre en el monótono horizonte de su soledad, por más que haya dedicado casi tantas noches a tratar de olvidarlas como las que ha invertido en recordarlas, y por eso finalmente se pone de pie, le da las gracias, le tiende la mano, acepta la mejilla fragante que ella le ofrece, cierra los ojos mientras roza su piel con los labios como hace siempre que tiene ocasión de darle un beso para concentrarse mejor en ese contacto inocente y culpable y sale casi corriendo hacia la oficina contigua, levanta la máquina con dos ademanes rápidos y escapa sin mirar atrás por la estrecha puerta alta." ("La pregunta de sus ojos", pág. 14)


Harrrmoso

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