Te niego y te ignoro todo el tiempo. No existís ni en mi
mente ni en mi espacio. No sos real. No suenan tus disculpas ni me acarician
tus “te quiero”. Si aparecieras, si fueses real ya no podría mentir. Mi cuerpo
no podría, y mi mente no querría. Le haría caso a mis impulsos y me desarmaría.
Y después cuando despertara, ¿quién enfriaría mi piel? No podría borrar las
marcas de tus labios ni soportaría los gritos acusadores de afuera. No espero
que me ayudes porque no hay nadie a quién acudir por ayuda.
Sé que si me desarmara me volvería una mentira más con una sonrisa cómplice que le dice que sí a la venganza. Qué suerte la mía, qué bueno que no existís, evito firmar y perderlo todo.
Sé que si me desarmara me volvería una mentira más con una sonrisa cómplice que le dice que sí a la venganza. Qué suerte la mía, qué bueno que no existís, evito firmar y perderlo todo.
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