La gente no me creé. Es un cliché, ya sé. Cuanto más lo diga
menos lo vas a escuchar. Siempre te gusta, como a todo el mundo, ir contra la
corriente. Aunque dicen por ahí que si todos van en tu misma dirección, quizá
ya no sea ir en contra. Volviendo… Nada más feo que darte cuenta tarde que el
momento era ese. Hay minutos, y me atrevería a decir segundos, que nunca, pero
nunca eh, vuelven. Eso sería lo de menos, el verdadero problema es que son como
una astilla en el alma, ponele, que no desaparece. Culpa, si querés. Superyo,
si te gusta más. Situación límite y fracaso, si aprendiste. Ponele el nombre
que quieras, pero está ahí. Se tapa algunas veces, pero cada tanto la sentís.
Y cuando menos lo pienso estoy de nuevo ahí parada, entre
toda esa gente que no conocía. Me sentía intrusa y aturdida. No entendía nada.
Lo que más me acuerdo es de pensar “No, no puede ser”. Hay murmullo y sollozos
por todos lados, de esos que te ponen la piel de gallina, de esos que nunca
querés escuchar. Lloraba y temblaba, sin entender mucho qué pasaba o qué hacía
yo allá. Y lo esperado empezó a pasar, gente que esperaba ver y tenía que
saludar. Lo hice sin pensar. No lo pude evitar y empecé a buscar... casi por asociación, si te parece que queda bien. Fue casi de película, de esas
dramáticas cuasi suicidas, el momento en el que todos se corrieron dejando ver
una persona sentada. Esa maldita posición que inevitablemente te quiebra el
corazón. Cualquiera hubiera sabido qué hacer, o qué era lo que había que hacer.
Yo hoy lo sé, y seguramente en el momento también. Hasta el día de hoy lo
pienso “yo lo saludo, yo lo abrazo” porque en mi vida repetí hasta el hartazgo “contá
conmigo”. ¿Y por qué en ese momento no moví mis pies? ¿Por qué me paralicé en
el momento? ¿Por qué dejé que todo lo demás me superara? No era algo
inesperado. Y sin embargo fue el día que más me decepcioné a mí misma. ¿Eso
soy? Fui la persona que nunca quiero ser. Di media vuelta y crucé. Me senté a
llorar en esa misma maldita posición. Qué ilusa que cinco minutos después haya
tomado la iniciativa de hacer lo que no pude antes. Me paré, confiada, decidida
y…no estaba. Me tengo merecido que no estuviese. Y pensás que era el momento
justo de la canción del final del drama, una con acordes que te hagan saltar
las lágrimas, seguida por los créditos y el sonido de los aplausos del público.
Pero, ¿sabés qué? No hubo final y el día siguió. Perdí mi oportunidad de
demostrarme que soy eso que digo ser, porque nunca voy a volver a ese horrible
segundo en el que en vez de ir para adelante fui para atrás. Vergüenza. Eso sí,
no me pasa más.
"My hands,
they were strong, but my knees were far too weak to stand in your arms without
falling to your feet." - Set Fire To The Rain - Adele
No hay comentarios:
Publicar un comentario