sábado, 16 de octubre de 2010

Uno solo. Nosotros.

Los nervios nos invadían. Desde lejos te veía y podía leer en tu mirada que sentías lo mismo que yo: la ansiedad y la emoción te cubrían como un manto. El tiempo se acortaba y ya casi era hora de actuar, de ser nosotros una vez más. Cerramos los ojos casi al mismo tiempo y respiramos ondo. Era hora.

Despacio fuimos juntándonos. Los pasos eran lentos y suaves, pero con ritmo. Alzamos la vista y lo supimos. Ya nada nos controlaba. Todo se volvía confuso. Giros, movimientos suaves y bruscos hicieron que todo se nublara. Todo giraba a nuestro alrededor. Tú corazón se aceleraba, y el mío también. Eramos uno solo, lo podía sentir. Nos dejamos llevar. Y entre sonrisas, sudor, pasión y música fuimos felices, fuimos quienes somos. Sólo podía pensar en vos, y vos sólo pensabas en mí. Éramos perfectos. Nada existía, nada importaba. Quietos pero agitados nos miramos una última vez, donde todo terminaba.

Fue el sonido de los aplausos y los silvidos que nos trajeron de nuevo a la realidad. Nuestra sonrisa fue más sincera aun, y giramos una vez más para inclinarnos a quienes nos miraron ser felices.

No hay comentarios: