Actuamos todos por igual. La música suena en los momentos clave, y no la escuchamos. Hay cambios de luces, cambios de vestuario. Hay personas que duran toda la obra, y otras que actúan sólo un momento.
Al principio no sabía actuar, simplemente era yo como sabía ser. De a poco el tiempo pasó, y todas las personas que me rodeaban me fueron enseñando a actuar: cómo ser, y cómo no ser; lo que estaba bien, y lo que no. Me volví una experta. Hoy puedo dibujarte una sonrisa y que creas que así estoy, que la vida me sonríe por igual cuando por dentro mi corazón grita a más no poder. Todo eso gracias a miles de maestros, pero ninguno como vos.
A veces me pregunto qué va a pasar en la escena siguiente, casi ansiosa y ya acostumbrada a que el día a día sea así; y hay momentos en que quisiera dejar de actuar y que terminara. Quisiera mostrarme como soy con todas y cada una de las personas que están conmigo.
Sólo cuando mi sonisa sea la de todos, cuando puedas ver en mi mirada la verdad de mis sentimientos, cuando haya entendido cómo funciona todo lo que me rodea, sólo entonces la obra habrá llegado a su fin. Mi corazón latirá más despacio, y yo respiraré con alivio. Nos tomaremos de las manos y sonriendo saludaremos al público. Se bajará el telón y seré yo, sin mentiras ni sonrisas falsas.
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