lunes, 18 de octubre de 2010

Detalles diarios e impagables

¿Por qué será que nos empecinamos en ver el lado negativo? Es horrible y hermoso estar tan acostumbrada a lo lindo de manera tal que ya no lo veo todos los días. Quizás cuando alguien, o algo especial me lo hace notar lo recuerdo. Pero cuando eso pasa noto que no agradezco lo suficiente. La costumbre, y el casi agrado a la queja hace que olvide lo lindo que me rodea todos los días.

Los pequeños detalles hacen que mi día se convierta en lo que es. Ver la sonrisa de una amiga, escuchar el bullicio de la facu, y cansarme por subir las escaleras. Tener mínimo cuatro sonrisas por día. Sentir frío, calor y hacer cada tanto críticas a alguien que cae como víctima de siete chicas divertidas y locas. Llegar a casa y que algún integrante de la familia pregunte por mi día y se interese en él. Tener algún momento a solas y poder hacer un poco de locura, como bailar sin control ni miradas que me juzguen.

Cosas anormales en el día hacen que caiga en la realidad, y que mire la cotidianeidad con otros ojos. El pensar quizás en algunas personas que tienen que enfrentar día a día un peso insoportable y sin embargo se levantan con una sonrisa en su rostro, mirando al mundo con un actitud positiva. Siento una gran admiración por aquellas personas. Y siento, en esos momentos en los que veo que no todo es como parece, que se podría hacer mucho más de lo que se hace, y que por eso, vale la pena pelearla. Vale la pena sonreírle al mundo, vale la pena no fijarse ni quedarse con lo malo, sino darle más importancia a lo bueno. Vale la pena alejarse de lo que nos hace mal, y aprender de ello para evitar nosotros hacer mal. Vale la pena no acostumbrarse ni a lo bueno, ni a lo malo.

En los últimos seis o siete meses la palabra que más se me cruzó por la cabeza, sin duda, es gracias.

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