Hoy me sobran las palabras, que atragantadas mueren sin vivir. Amo la tranquilidad porque la presencia que la rompe me hace temblar. ¿Y cómo puedo ser sensata cuando lo único que escucho es a mi corazón rebotar en mi pecho? Tan mareada que parece que el suelo se abriera bajo mis pies. Respiro, como puedo, y miro al horizonte esperando llegar a destino sin caerme. Pero igual canto a pesar de las llamas, aunque temo que pronto mi boca se transforme en un volcán.
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