domingo, 3 de noviembre de 2013

Dos partes

Estaba dividida en dos, pero su otra parte, la más real, la más vulnerable no estaba en otra persona (porque no existe tal cosa como una media naranja, como mucho puede haber dos naranjas parecidas). Su otra parte estaba en un papel. Todo lo que quería contar, todo lo que se contenía de decir, gritar o confesar terminaba ahí, arrinconado en una esquina de su habitación sin que a nadie más que a ella le importara. ¿Y para qué habría de contarlo entonces? Si lo único que quería era que al quemarlo desapareciera. Lo que estaba escrito en ese pedazo de basura camuflado era todo lo que no tenía respuesta, lo que permanecía latente como un gran interrogante, casi como un pozo del que no se puede salir o en el que cada tanto, para no perder la costumbre, se vuelve a caer. Existencialismo. No era algo solucionable, simplemente estaba ahí, y seguiría estando nada más y nada menos que por ser una parte de ella.
Vamos, que si no lo escribe, a la noche los sueños se lo cobran.

Y hoy, ¿qué quiero escribir?
¿o a quién?

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