jueves, 16 de febrero de 2012

Un plan simple, un mal plan

Había tardado tanto tiempo en hacerse a la idea de que aquella vez era la "última vez" que fue difícil (bueno, no tanto) que accediera. Sabía que era una mala idea, sin embargo dejó de lado sus pensamientos y esperó la señal indicada. Los primeros días pasaron casi sin que se diera cuenta, mientras que se autoconvencía de que esa decisión era la correcta. La segunda fase fue imaginar, no una sino miles de posibilidades de lo que podría pasar. ¿Qué palabras se dirían? ¿Habría que mentir? ¿Habría que creer? ¿Sería una pérdida de tiempo o, en su lugar, no perdería el tiempo? Siempre, o mejor dicho, cada tanto temía equivocarse y por un segundo se retractaba, pero algo la hacía seguir para adelante. Había tantos errores, tanto que debía hacer, tanto que podía salir mal… pero ya había escuchado más de una opinión y todas eran iguales. Todas eran lo que ella quería oír. Había leído, la habían convencido. Siempre fue lo que ella quiso. Entre tantas habladurías ni se percató de que los días seguían pasando y ella solo seguía esperando.
Fue entonces y solo entonces que se dio cuenta que las opiniones no eran iguales. Se dio cuenta que no habían escrito lo que creía, sino que era ella la que había leído lo que quería. Interpretar quizá sea más acorde. Leyó y comprendió que no esta vez no era diferente, esta vez era solo una más donde la broma había llegado un poco más lejos. De a poco las imágenes fueron reemplazadas por otras, mientras que mil y una influencias, ahora diferentes, le llenaban la cabeza. Era una mala idea, siempre lo había sido.
Sí, lo mejor era volver a un enero suelto en el que, de un día para el otro, todo fue casi fácil. “Un día a la vez” se dijo. Y esta vez ningún septiembre, por más altanero o sorpresivo que parezca la haría cambiar de opinión.
Ahora solo faltaba convencerse de que esta sí era una buena idea, y pensar cuánto tardaría esta vez en decir "sí".

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