martes, 22 de noviembre de 2011

Mi punto débil


Soy tan débil. Siento que tendría que estar haciendo más para conseguir lo que quiero. O dejarlo ir por completo y olvidarme de todo lo que me hace mal. Siento que soy una estúpida por sentir lo que siento. Hay mil personas a mi alrededor que sirven de ejemplo, y yo acá sigo caminando en la cuerda que sé que se va a cortar, o que ya sé cortó. Y quiero ser esas personas con fuerza. Quiero entender que lo que pasa es nada más que una estupidez. Lo único realmente escalofriante es ser pasajero.
Pienso en ella y se me llena el pecho de orgullo. La persona más risueña y más fuerte que conocí. Una persona muy parecida a mí y que me encantaría llegar a ser. No la veo mucho, pero de las veces que lo hago no hay una vez que no me saque una sonrisa, incluso una carcajada. Se ríe y hace reír. Tiene casi ochenta años y puede hablarte de los wachiturros o joderte con algún chongo. Puedo jurarte que la ves y nunca te darías cuenta lo que sufrió. Perdió a su hijo, y perdió a su marido. Y cuando pienso en ella me doy cuenta de lo estúpida que soy, y de lo que muchos llegamos a ser. Tengo que poder evitar que tantas tonterías (y no tanto) me tiren abajo. Y tengo que aprovechar cada segundo para decir y hacer lo que sienta, ¿por qué? Porque cuando te das cuenta un segundo tarde todo, pero todo, se ve afectado. Y repito, sé que son estupideces, pero si las podemos evitar… ¿no deberíamos hacerlo? Basta de lógica, basta de buscar lo racional. Basta de mentirme/te.

(100 entradas. Nada, eso)