domingo, 11 de mayo de 2014

La literatura es una cuestión de vida o muerte

“A veces los cuentos son invisibles [...]. Salen de la boca de las personas y, agarrados del hilo de la voz, se le van metiendo dentro a uno por el oído. Y, poco a poco, van construyendo algo. Después se apaga la voz y se termina el cuento. Quedan algunas cosas: a veces imágenes fuertes, otras veces apenas hebras, o el sonido de alguna palabra que vuelve una y otra vez, que se mezcla con otras, que arde.[...] Otras veces es evidente que están guardados adentro de un libro[...]. Se puede ver que el cuento está porque hay señales: las letras. Y los dibujos. También en los dibujos está el cuento. Se apaga la voz, se cierra el libro. Quedan las ganas de volver a abrirlo, de tocarlo, de mirar los dibujos y quedarse detenido, en suspenso, sobre el misterio de las letras.”

“Silencio, está por comenzar la ceremonia. Pendemos de la voz o de la letra. ‘Había una vez…’, y se abre la casa imaginaria, nos deja que la habitemos. Al principio es extraña y tal vez nos sorprenda que haya cosas que nos recuerden tanto el mundo, aunque todo el ritual- la voz, la modulación de esa voz, el libro- nos señale constantemente que lo que ahí sucede ‘es’ y ‘no es’ al mismo tiempo. Poco a poco nos vamos familiarizando. Le descubrimos trucos a esa casa imaginaria, notamos que suelen estar dispuestas de cierta manera las habitaciones. A esa palabra que viene ahí ya la estábamos esperando, y a esa repetición también. Nos gusta anticiparnos y corearla junto con el que cuenta el cuento.
El cuento sigue, es un hilo que no se corta. De pronto al doblar un recodo, nos acompaña hasta la puerta. Colorín colorado: por aquí se sale; este cuento se ha acabado: ya estamos afuera. Otra vez en el mundo. Exiliados, hasta la próxima ilusión.”


Graciela Montes, La frontera indómita.

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