Sentado contra la pared, con los brazos abrazando a tus
piernas que parecería es lo único que tenías. Visto desde afuera como el ser más
vulnerable que pisó la tierra, frágil y perdido. Impensable para alguien como
vos, siempre fuerte y seguro, como alguien que no conoce qué es el miedo. Tu
mente te grita desesperada: ¿Cuánto tengo que esperar para volverte a ver, para
escuchar esa voz cantante que me conduce junto con tus ojos al más profundo
ahogo? Me siento a esperar, entre paciente y resignado, hasta reencontrarte o
perderme en el mundo que me inventé. Vos la ignoraste.
Pero te dejaste llevar hasta que una lágrima paseó por tu
mejilla haciéndote cosquillas, recordándote que sentir todavía es sinónimo de
vivir. Te cubriste la cara con las manos, hasta que las inundaste de pasión
muerta. Y después de unos segundos, que fueron eternos, te llenaste del vacío
más frío, el del olvido o la demencia.
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