No me dejás abrir los ojos, los cubrís con delicadeza y sin duda; me da miedo tanta determinación. Desde el primer segundo y sin mi permiso, sos
custodio de mi piel. Qué valor. ¿Quién te dijo que esconderte era una opción? Tus roces me
marcan, y tus besos se hunden con dolor en mí. Un día menos para curarme, para
poder ver.
Te dejo sólo un desafío para ceder a tus deseos: que
sobrevivas un día en mi mente, con un intruso que ocupa lugar. Si ganás, las
esposas están a tu disposición, mi amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario