El silencio te aterra, porque es la energía que tu mente
necesita para desencadenar lo que tu corazón atesora. Agradecé que no tenés la
oportunidad de tentarte, dejar todo y correr por una última locura.
Hoy volviste, decidiste echar tu vida a la suerte cual dado
de azar y dejaste de abrazar la amnesia por un rato. Sólo para saber cómo era,
qué se sentía. Tenés miedo de hacerte cargo, por eso hoy la excusa es el “aburrimiento”.
Te olvidás de que la censura la tenés en tu piel, suave y clara pero mentirosa.
“No lo toques porque te quemás” te decís, como si eso fuera a arreglarlo todo.
Sentirlo hace que se desplome en un segundo esa coraza que
tanto te esforzaste en construir. Ya está, ya temblaste, soñaste y dormiste. ¿Y
ahora qué? A empezar de nuevo.
Ahora cállense que necesito volver a caer, aunque sea por
seis minutos.
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