Lunes. 16 hs. Leyendo un apunte que parece de un curso de
espionaje me di cuenta de la hora, no me pude concentrar más. Voy o no voy o
voy o no voy (“si no quiero no voy, ahora no voy nada” Les Luthiers, grandeza
pura). “A la mierda todo y todos, yo voy”. Viajé en el bondi como el orto, como
de costumbre (Nota aparte: Necesito el acuerdo tácito de todos de que: si hay
alguien alto va a la mitad del bondi que llega a agarrarse del palo alto, y los
que están a mi altura son para los corchitos de estatura no-privilegiada, como
yo. Fin de la nota). 17:15, llegué. Empecé a caminar siguiendo la gente y… ¡Upa! Seis cuadras de cola. Paciencia, y a caminar. 18:06, aaaaadeentro (no, mucho Perros de la calle, un poquito de partidos de rugby). Busqué la sala y… ¡cola
de nuevo, la puta madre! 19:00, entré. Enjoy. Risas y risas, compré. 20:30 salí
y corrí a comprarlo. Por supuesto, chicos, más cola. Listo. Corrí de nuevo,
nada más ni nada menos que a otra cola. Y el tiempo pasaba y la fila avanzaba
despaciiiito. 22:00, ¡llegué! Le entregué el libro para que lo firmara Eduardo Sacheri:
-Uh, ¡otra más!
- Sí, otra más- mi sonrisa era enorme, quiero que lo sepan.
-¿Qué es de tu vida?
-Dejé Letras
-¿Por qué?
-Porque no me convencía. Y me anoté en el profesorado.
-Está bien, carrera corta y te permite ver qué querés hacer
después.
-Sí, estoy re enganchada.
-Me parece muy bien, pero igual vamos a hablar de Letras. En
algún momento nos vemos y hablamos de Letras. Quizás no por ese lado, pero…
-…Sí.. ¡Sí, obvio, cuando quieras!- Imaginate mi cara; en mi
voz se notaban mis ganas de gritar. Qué felicidad la mía.
Y si no leíste a Sacheri, ¿qué esperás, perejil?
No hay comentarios:
Publicar un comentario