lunes, 2 de abril de 2012

Firmaron su derrota a destiempo


La costumbre de la rutina nos llenó de mentiras. Podríamos salirnos del libreto, dejar de lado el discurso fácil, ese que los estereotipos de arriba nos mandan, pero elegimos quedarnos. Si querés saber el motivo… bueno, es bastante simple: hay que respetar el contrato, y en letra chica al final entre su firma y la mía estaban estos roles. Entonces todos los días es lo mismo, tácitamente yo sé lo que no quiere que se sepa, y lo sabe pero fingimos ingenuidad. Con el sol pegando de costado sé que viene caminando despacio, en silencio escondiéndose entre la multitud, y yo de vez en cuando disminuyo el paso para asegurarme de que me alcance.
Supongo que debe ser tentador poder sentirte importante de nuevo. Será que si pienso más de cinco minutos encuentre un espantoso porqué que hoy para mí no existe. Es una pulseada, una carrera, es…el que pestañea pierde. Sí, estás a un segundo de ganar, miré al piso varias veces, y mis ojos abiertos no duran más, me arden. Voy a cerrarlos y vos mientras te reís un poco con pena. Esa horrible risa sobradora. Y entonces, en un minuto de lucidez me doy cuenta de que no querés que nadie cierre los ojos, ni vos ni yo. Si alguien los cierra se acabó el juego. Si yo dejo de hacer fuerza vos vas a sostener mi mano solamente para que no toque la mesa, para que no dejemos de jugar. No querés aceptar que no hay poder. Que simplemente no se puede. Que lo que hoy decís es un “no” entre palabras un poco confusas, es un “sí”, y lamentablemente, uno inútil. Más de uno. Y con el peso de ninguno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todo por la mentira y sus derivados. Contraindicación.