La costumbre de la rutina nos llenó de mentiras. Podríamos
salirnos del libreto, dejar de lado el discurso fácil, ese que los estereotipos
de arriba nos mandan, pero elegimos quedarnos. Si querés saber el motivo…
bueno, es bastante simple: hay que respetar el contrato, y en letra chica al
final entre su firma y la mía estaban estos roles. Entonces todos los días es
lo mismo, tácitamente yo sé lo que no quiere que se sepa, y lo sabe pero
fingimos ingenuidad. Con el sol pegando de costado sé que viene caminando
despacio, en silencio escondiéndose entre la multitud, y yo de vez en cuando
disminuyo el paso para asegurarme de que me alcance.
Supongo que debe ser tentador poder sentirte importante de
nuevo. Será que si pienso más de cinco minutos encuentre un espantoso porqué
que hoy para mí no existe. Es una pulseada, una carrera, es…el que pestañea pierde.
Sí, estás a un segundo de ganar, miré al piso varias veces, y mis ojos abiertos
no duran más, me arden. Voy a cerrarlos y vos mientras te reís un poco con
pena. Esa horrible risa sobradora. Y entonces, en un minuto de lucidez me doy
cuenta de que no querés que nadie cierre los ojos, ni vos ni yo. Si alguien los
cierra se acabó el juego. Si yo dejo de hacer fuerza vos vas a sostener mi mano
solamente para que no toque la mesa, para que no dejemos de jugar. No querés
aceptar que no hay poder. Que simplemente no se puede. Que lo que hoy decís es
un “no” entre palabras un poco confusas, es un “sí”, y lamentablemente, uno
inútil. Más de uno. Y con el peso de ninguno.
1 comentario:
Todo por la mentira y sus derivados. Contraindicación.
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