Siento que mi corazón va a explotar. Late cada vez más
fuerte, lo puedo sentir retumbar en cada centímetro de mi cuerpo. Y justo
cuando pienso que calmarme es lo que necesito, me estremezco. Me cuesta
respirar, no tengo voz y quiero gritar. Pero no hay que gritar, tengo que
disfrazar tu nombre para que no se note. Mis labios, rojos por mis propios
mordiscos, y ya un poco secos buscan los tuyos con poco disimulo. Y quizás entonces
veas que mis ojos siguen cerrados. No hay que mirarte, hay que ser casuales.
Mientras que en mi mente habla mi corazón, mi cuerpo no resiste el roce de tu
piel. Bailar es tan fácil que ya no hay más límites. Ya es más que rutina.
Creo que no es mi imaginación, porque tus brazos abrazando mi cintura demuestran más
que mis labios rotos. Labios. Piel. Mareo. Más labios, pero esta vez son los
tuyos que marcan mis hombros.
Mis manos divertidas dibujan sobre tu abdomen, y con suaves
cosquillas siento espasmos que hablan más que tu boca. Pero sé que tus ojos no
me miran, tus labios no están rojos. Mis ojos, ahora abiertos, empañados
impiden que te busque. ¿Cómo se disimula el amor? Explicame, mi amor. Y lo que
es aún peor ¿cómo se disimula el dolor?
Te solté, ya no te abracé. Immerso en tu calma simplemente
no te diste cuenta. Mis manos, que se resbalan de tu piel, siguen temblando,
pero ahora por tu indiferencia.
Y justo cuando me desperté sobresaltada, aterrada por la idea de que fuera nada más un sueño, giré y te vi acostado al lado mío. Me dejé pensar entonces por un solo segundo que quizá, y solo quizá, no fue tal la indiferencia que imaginé. Por todo eso y más, te propongo: sigamos así, sin decir los nombres, viviendo en un fingido anonimato hasta que el miedo a enloquecer nos gane.
Y justo cuando me desperté sobresaltada, aterrada por la idea de que fuera nada más un sueño, giré y te vi acostado al lado mío. Me dejé pensar entonces por un solo segundo que quizá, y solo quizá, no fue tal la indiferencia que imaginé. Por todo eso y más, te propongo: sigamos así, sin decir los nombres, viviendo en un fingido anonimato hasta que el miedo a enloquecer nos gane.
No hay comentarios:
Publicar un comentario