martes, 10 de abril de 2012

Ensoñación enloquecida


Siento que mi corazón va a explotar. Late cada vez más fuerte, lo puedo sentir retumbar en cada centímetro de mi cuerpo. Y justo cuando pienso que calmarme es lo que necesito, me estremezco. Me cuesta respirar, no tengo voz y quiero gritar. Pero no hay que gritar, tengo que disfrazar tu nombre para que no se note. Mis labios, rojos por mis propios mordiscos, y ya un poco secos buscan los tuyos con poco disimulo. Y quizás entonces veas que mis ojos siguen cerrados. No hay que mirarte, hay que ser casuales. Mientras que en mi mente habla mi corazón, mi cuerpo no resiste el roce de tu piel. Bailar es tan fácil que ya no hay más límites. Ya es más que rutina. Creo que no es mi imaginación, porque tus brazos abrazando mi cintura demuestran más que mis labios rotos. Labios. Piel. Mareo. Más labios, pero esta vez son los tuyos que marcan mis hombros.
Mis manos divertidas dibujan sobre tu abdomen, y con suaves cosquillas siento espasmos que hablan más que tu boca. Pero sé que tus ojos no me miran, tus labios no están rojos. Mis ojos, ahora abiertos, empañados impiden que te busque. ¿Cómo se disimula el amor? Explicame, mi amor. Y lo que es aún peor ¿cómo se disimula el dolor?
Te solté, ya no te abracé. Immerso en tu calma simplemente no te diste cuenta. Mis manos, que se resbalan de tu piel, siguen temblando, pero ahora por tu indiferencia.
Y justo cuando me desperté sobresaltada, aterrada por la idea de que fuera nada más un sueño, giré y te vi acostado al lado mío. Me dejé pensar entonces por un solo segundo que quizá, y solo quizá, no fue tal la indiferencia que imaginé. Por todo eso y más, te propongo: sigamos así, sin decir los nombres, viviendo en un fingido anonimato hasta que el miedo a enloquecer nos gane.

No hay comentarios: