¿El silencio sobre los gritos? ¿Los gritos de gol sobre los gritos y llantos? ¿Los “algo habrán hecho”? ¿Los ojos cerrados? ¿Las tapas de revistas de “estamos ganando” sobre las miles de vidas perdidas?
Yo no estuve ahí, yo no lo viví, es por eso que no soy nadie para hablar. Y es importante que, aún no habiéndolo vivido, esté hablando hoy de esto porque quiere decir que la memoria sigue, perdura.
Miles de palabras se dijeron, y miles de palabras más se van a decir. Que se hable, que se sepa, que se busque, que no se olvide.
No dejemos que se olviden las miles de voces apagadas, las miles de palabras que quedaron sin decir.
Que las imágenes, diarios, testimonios y palabras queden en nuestra historia. Que el ayer de hace ya 35 años viva hoy en la memoria de cada uno de nosotros, y que viva también en el futuro. Que se grabe un "nunca más" en nuestra mente, hoy y siempre. Y que, sobre todo, ese famoso nunca más no sea sólo una frase vacía, sino que tenga peso, significado para nosotros y para los que van a venir.
Yo elijo decir nunca más.
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