lunes, 2 de febrero de 2015

Su escudo

Mira cada baldosa como si fuera una trampa. Avanza despacio y con miedo, creyendo que con suerte y astucia se pueden esquivar todos los obstáculos. Fría, calculadora, estratega. Sigue para el este, a encontrarse con el sol y refugiarse en su calor. Seguramente es producto de la luz, que cegada, no ve a su mayor enemigo parado enfrente. Necia, ilusa, confiada. Piensa que con el escudo y una mente digna de un corazón de piedra puede ganarle. Lo enfrenta con alma y vida y pierde ambas en sus manos. Él sabía su nombre. Ella vuelve sobre sus pasos, al oeste donde muere el sol, derrotada. Y esta vez es su propia sombra la que ocultó a quien dice viene a acompañarla en el camino. Débil, insegura, rota. Lo deja sostener su mano, y sin aviso y con traición, saquea lo poco que le queda.

Orgullosa, hipócrita, rencorosa. Aviva el fuego que crece desde su pecho, creyendo que es un arma para ganar un lugar, y se da cuenta, muy a su pesar que es el arma que la va a matar. ¿Cómo se protege de lo que está adentro suyo?
No  se dio cuenta de que la libertad estaba en su boca, al alcance de su mano, y el precio en su corazón.

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