Las pesadillas no me dejan dormir, tanto me asustan que ya
no quiero soñar. La ironía de que el sueño me asuste más que la realidad, aun
sabiendo que son lo mismo. Soñé mi realidad, y le di rienda suelta a lo que
debería sentir. Despertarme no fue mejor, porque soñar lo que pasa, lo que vivís,
hace que “despertar” no exista, hace que no sientas ese alivio que te dice que
fue un sueño. El mareo no me dejaba respirar. Sigo mareada, no entiendo nada.
No dejo de dar vueltas, girando sobre mí misma en un punto fijo. Miro todo y no
veo nada. Tengo miedo de caer, pero creo que si eso me hace entender vale la
pena el golpe, ¿no te parece? ¿Hay algo alrededor? Será porque sigo girando, y
a la velocidad que lo hago las cosas se distorsionan y los sonidos se disipan
con el viento. Ojalá exista algo que me haga frenar, que me roce los labios y
me electrifique, que me sostenga fuerte y haga que el tiempo se detenga. Parezco
tan libre, pero estoy presa de mis miedos. No hay más locura. Llueve indiferencia
en las calles, nadie se inmuta y yo sigo girando. Parezco libre en mi mundo para los otros, pero estoy presa de mis miedos, de mis sentimientos. Tocame. Hablame. Hoy no
alcanza sólo con mi mirada, está perdida, y es un sucio nido de mentiras.
“Escape is
in my blood
Fear is in
my bones
But I don’t
wanna walk that road
Please help
me
Hold my
hand
I can hear
the ghosts calling
Help me
stand
Even if the
sky is falling
And I want
you to know I can’t do it alone
Hold my
hand, my hand, my hand.”
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