Quizás no debería ser tan extremista, pero tengo ganas de
dejarme llevar un poco por la ira. Es mejor que recuerden que esto no es nada más
que ficción y un paseo por los sinuosos caminos de mi mente.
Me enojé de verdad cuando me di cuenta que me habías robado,
y no, no voy a caer en el cliché de decir que me robaste el corazón porque
puedo todavía decir que es mío con orgullo (¿o por él?). Pero cuando me di
cuenta lo que me faltaba fue peor. Dudo que haya algo más cruel que robarle a
una mujer su única herramienta, y digo eso para no decir arma. Me temblaron las
piernas cuando caí en la cuenta de que te habías llevado las palabras. Un
ultraje.
Fue como si me convirtieras en un tosco, viejo y seco árbol
parado al lado de una selva. Ya no podía convencer a nadie, no podía mentirte,
ni siquiera hablarte: sólo escuchaba, porque no tuviste la decencia de llevarte
también mi oído.
Y todavía, después de horas de mirar la tormenta mientras
algunas gotas golpeaban mis mejillas, mi cabeza no para de decirme en silencio
todo lo que mi boca ya no puede. Mis labios te odian.
Supongo que a pesar de ser cruel, es en cierta forma justo y
hasta irónico que a una persona egoísta le roben lo único que está dispuesta a
compartir.
Las ganas que tengo de ser The Woman para vos, pero no, me
tengo que conformar con ser Molly.
No hay comentarios:
Publicar un comentario