Me encantaría decir que nadie se dio cuenta. Bueno, no, en
realidad me gustaría que todos se hubiesen dado cuenta, pero solo algunos con
disimulo y entre líneas me preguntaron si sabía dónde estaba. Yo, como no podía
ser de otra manera, fingí indiferencia, sin embargo no les podía mentir: no tenía
ni idea de dónde había ido. Tengo miedo.. No, terror. Si no vuelve no sé bien
qué voy a hacer. Pero sí sé que hasta no descubrir por qué no está no va a
volver. Como siempre estoy rodeada de preguntas que no puedo responder y frente
a tal torbellino enmudezco.
No esperen mucho, no va a volver. Es egoísta, de la peor
clase.
A lo mejor perdí la voz alguna noche susurrándole al cielo
lo que realmente quiero. Y si así fuera, no me esperen ni un segundo más,
porque la Luna
me robó lo más lindo de mí.
Es casi seguro que mi compañero es el silencio porque para
qué hablar de nuevo, para qué mirar, elegir, cruzar, arriesgar si al final me
voy yo. Pánico.
Quizás pasé mucho tiempo en el mundo de los sueños y ahí,
algún alma solitaria me invitó a quedarme tentándome con ojos risueños y
comentarios sucios y encantadores. Lo seguí, porque a esos ojos me fue
imposible decirles que no. Sustituí un “no” por un “te quiero” y me dormí,
feliz, para vivir con vos y no parar de reír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario